El Real Madrid, campeón de invierno con solvencia
El Lagun Aro dio una triste imagen en Vistalegre

El Real Madrid ya tiene el título de campeón de invierno en el bolsillo. No tiene mayor significación, pero es un dato. En Vistalegre casi nadie recuerda cuándo fue la última vez (el año que Scariolo quedó segundo) llevaba una marcha tan brillante en la Liga y por eso se agradece cualquier cosa. Y más cuando se consigue como ayer, con una solvencia tremenda, minimizando al rival, ridiculizándole, hundiéndole como en aquellos buenos tiempos en los que los blancos eran los dominadores de la Liga.
La verdad es que uno esperaba más del Lagun Aro Bilbao, de ese equipo que llevaba cuatro victorias acumuladas en el último mes y que rozaba el sueño de jugar la Copa del Rey. Sí, uno había oído excelencias de su base Javier Salgado, de un extraordinario Germán Gabriel que está entre los pívots nacionales más valorados de la Liga. Pero, ¡que decepción! Salgado no pasó de botón y Germán estuvo a la deriva ante los pívots del Madrid. Un mal día general del equipo vasco, ni tiro, ni velocidad, ni paciencia, ni defensa. Nada.
Coser y cantar.
Para el Real Madrid, todo bien. Se impuso desde el salto inicial. Sacó del partido al Bilbao, con una defensa fuerte, con velocidad para salir al contragolpe. Buenos tiros, mucho acierto, gustándose por momentos, con una intensidad tremenda durante los 40 minutos.
Presión al saque de fondo, dos contra uno en muchas ocasiones, ayudas. Generoso en el esfuerzo y en el reparto de canastas. No, no hubo ni un jugador blanco que fuese egoista: Bullock, para los puristas demasiado individualista, repartió ocho asistencias; Fotsis, a veces introvertido en el juego, fue el mejor con sus 20 puntos casi sin fallo; y Gelabale, y Felipe Reyes (parece entonado, superando un par de meses discretos). En realidad todos los jugadores blancos estuvieron a una gran altura. Volvió Bennett y jugó como si no hubiese faltado nunca, como si estuviese en el ritmo de juego diario con sus compañeros.
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El resumen, más de 40 puntos de diferencia, un marcador insultante para cualquier rival en la ACB. Porque ayer el Bilbao se llevó un correctivo de aupa, de los que no se olvidan, de los que rebajan el orgullo a un equipo que estaba crecido pero que necesita ser más humilde y no puede jugar de tú a tú a un conjunto superior.
Y el Madrid... campeón de invierno. No deja de ser un título honorífico, pero ilusiona a sus seguidores tras vivir épocas de penurias.




