Hace tiempo que el Madrid no es la coherente suma de sus partes. Es un conjunto disjunto que no destaca en ningún capítulo. Su defensa es nerviosa y vulnerable... y el medio, un cubo de Rubik
En cuatro días ha devorado el crédito que ganó contra el Villarreal. El partido confirmó que los problemas estructurales de un equipo no se solucionan en dos semanas.
El turco, que fue importante en los primeros partidos de la temporada por su eficaz conexión con Mbappé, salió del partido como el socio de todos.
La hinchada del Real Madrid reaccionó en el duelo ante el Mónaco como siempre en el fútbol. Se enfada cuando las cosas van mal y se adhiere al equipo cuando detecta la respuesta adecuada.
La protesta del Bernabéu sonó fuerte, pero no hubo saña. Fue una expresión de disgusto y un toque de atención.
La derrota apenas mancha a Arbeloa, como tampoco debió manchar a Alonso el Mundial de Clubes.
Para octubre, Xabi ya estaba más fuera que dentro... Los jugadores vieron ese momento de debilidad y el caso Vinicius fue el detonante.
En un partido con mayoría de malas o regulares actuaciones, el Madrid no dio señales de armonía.
En una época en la que el fútbol regresa a las tradicionales fórmulas en el centro de la delantera (Haaland, Gyökeres, Woltemade, Sesko…), la importancia de Gonzalo cobra mayor interés.
El partido del equipo ante el Sevilla dejó patente que no hay modo de desbrozar la selva de pesimismo y encontrar una salida. Se escuchan voces que alimentan la idea de un despido en Navidad.
Se percibe a la legua el aislamiento del técnico madridista, cuyo laconismo en las conferencias de prensa revela el daño que sufre
La derrota contra el City mantiene al Madrid en la niebla. El equipo jugó con entereza, pero nervioso. La hinchada no sabe qué pensar.
El equipo blanco entró mal a jugar y salió peor en un ejercicio de autodestrucción.
La energía fue altísima y el juego, también. El Madrid se quitó el agarrotamiento de encima y Xabi Alonso por fin puede presumir de una gran actuación. La manguera de rumores se cierra temporalmente, hasta nueva orden.
El equipo blanco no juega en el Santiago Bernabéu desde el 1 de noviembre. Allí se se sentía fuerte y protegido. No hay mejor refugio en el fútbol.
No se explica el desplome en el segundo tiempo. Cerró tan mal el partido que opacó su espectacular rato de fútbol en la primera parte.
Algo se ha roto en el Madrid desde la victoria contra el Barça, entre malas caras, desplantes y silencios significativos. Se detecta una caída evidente en el rendimiento del equipo dirigido por Xabi Alonso.
El estadio ofreció un aspecto desolador. No jugó Zubimendi y Yeremy y Olmo ocuparon los extremos. Samu disfrutó de minutos, pero no del partido. Se le vio incómodo.
Nada indica que Sevilla sea Belo Horizonte, escenario del resultado más sorprendente en la historia de los Mundiales, el 7-1...
Ha entrado un ruido contaminante en el club del que nunca es sencillo desprenderse y que afecta a Xabi Alonso.
El Madrid pasó por Anfield, saludó y se fue. No dejó la menor huella en el famoso estadio, mitificado como pocos en el planeta fútbol.
No hubo sabotajes, aunque el suceso de marras permanecerá en el ambiente.
El Real Madrid no ha reprochado al brasileño su impresentable conducta.
El técnico del Real Madrid ha visto todo, ha pasado por todo y a todo se ha sobrepuesto en sus casi 25 años de trayectoria como profesional.
Tras la derrota en el derbi, al Real Madrid se le nota menos suelto, como si el puzzle no acabase de encajar: le sobra por aquí, le falta por allá.
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