Super Bowl LX

Kenneth Walker III, el MVP del Super Bowl LX que estuvo a punto de no llegar a la NFL

Diagnosticado con coágulos en ambos pulmones y advertido sobre el riesgo de volver a jugar, el corredor de los Seahawks superó un problema médico que amenazó su vida, para convertirse en el Jugador Más Valioso del Super Bowl LX tras una actuación dominante por tierra y aire.

KEVIN C. COX
Redactor Fútbol Nacional y Mexicanos por el Mundo
Egresado de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, labora en la redacción de AS México, con cobertura de Fútbol Nacional, así como principal atención a los atletas mexicanos que se desarrollan en el resto del mundo bajo cualquier disciplina. Es un amante del deporte en general principalmente del Baloncesto, Fútbol Americano y Béisbol.
Estados Unidos Actualizado a

La noche más grande del fútbol americano tuvo un protagonista inesperado y profundamente simbólico. Kenneth Walker III, corredor de los Seattle Seahawks, levantó el trofeo de Jugador Más Valioso del Super Bowl LX después de una actuación que quedará grabada en la memoria colectiva. Detrás de las 135 yardas por tierra en 27 acarreos y las 26 yardas por aire en dos recepciones existe una historia que trasciende lo deportivo y roza lo milagroso.

Mucho antes de pisar un emparrillado de la NFL, Walker peleó una batalla que era de vida o muerte. Durante el verano previo a su último año de preparatoria, el entonces adolescente se despertó en plena madrugada con una sensación asfixiante. La urgencia médica fue inmediata y el diagnóstico estremecedor. Coágulos de sangre en ambos pulmones que desembocaban en una casi segura embolia pulmonar. Los médicos fueron claros y contundentes: Volver a jugar fútbol americano podía costarle la vida.

Para muchos, ese aviso habría marcado el final del camino; sin embargo, para Walker fue el inicio de uno mucho más complejo. Tratamientos, controles constantes y una incertidumbre permanente acompañaron su proceso. Cada paso estuvo rodeado de dudas, cada avance exigió una fe inquebrantable y al final, contra todo pronóstico, su cuerpo respondió. El fútbol no desapareció de su horizonte y la NFL dejó de parecer un sueño imposible.

Años después, el destino le reservó su escenario más imponente para él. En el Super Bowl LX, Walker no solo jugó, sino que dominó a una defensa Patriota que jamás tuvo respuesta alguna a sus embates. Castigó a la línea y secundaria rivales con potencia, visión y paciencia. Cada acarreo fue una declaración de resistencia. Cada yarda conquistada recordó aquel diagnóstico que casi lo aleja de este deporte. Seattle encontró en su corredor el motor perfecto para conquistar el partido más importante del año.

El premio al MVP fue el reconocimiento visible. El verdadero triunfo se escribió mucho antes, en una habitación de hospital y en noches de incertidumbre absoluta. Walker no desafió a la medicina, la enfrentó con disciplina y esperanza. Hoy su nombre figura entre los grandes, no solo por lo que logró en el campo, sino por el camino que recorrió para llegar hasta ahí. Kenneth Walker III no solo ganó un Super Bowl; ganó una vida que estuvo al borde de apagarse y la convirtió en una historia de inspiración eterna.

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