Los acontecimientos de los últimos siete días han puesto en entredicho la organización de la Copa del Mundo de la FIFA en México y Estados Unidos.
El Mundial pende de un hilo
Se le acumulan los incendios a FIFA. La Copa del Mundo de 2026 ha superado su semana más crítica. Pero los fuegos no se han apagado. La Federación Internacional ha optado por mantener la sensación de calma y normalidad pese a los acontecimientos de la última semana: la violencia en México y los ataques aéreos de Estados Unidos e Israel sobre Irán. Inevitablemente, ambos tocan colateralmente a un torneo que no ha estado exento de sospechas desde su mismo nacimiento.
La semana infausta del Mundial 2026 comenzó el 22 de febrero de 2026, con el operativo militar mexicano para capturar a Nemesio Oseguera Cervantes, ‘El Mencho’, el líder del Cártel Jalisco Nueva Generación. La beligerante reacción de la organización criminal al despliegue federal causó narcobloqueos, incendios, saqueos y asesinatos a lo largo de 20 estados de la República Mexicana, incluido Jalisco, centro neurálgico de la violencia, entidad que recibirá cuatro partidos de la Copa del Mundo y a un estimado de un millón de visitantes en junio próximo. No obstante, Gianni Infantino, presidente de la FIFA, manifestó su confianza en la capacidad organizativa de México y descartó cualquier cambio de sede. Pese a que las autoridades del país se sincronizaron con el mensaje de Infantino, el daño estaba hecho: medios de comunicación de todo el mundo, como The Daily Mail, L’Equipe, Reuters, CNN y la BBC hicieron eco de la ola de violencia y pusieron en duda la viabilidad del Mundial. “FIFA no tiene opción más que quitarle la Copa del Mundo a México”, incluso tituló The Daily Mail inglés.
Las aguas no se calmaron. El sábado 28 de febrero, una serie de bombardeos conjuntos entre Israel y Estados Unidos impactaron en Teherán, capital de Irán. Resultado de los ataques, fallecieron en territorio iraní 201 personas, de acuerdo a la Media Luna Roja local, incluido el líder supremo del país, el Ayatolá Alí Jamenei. En represalia, el régimen envió misiles a bases militares estadounideneses en Kuwait, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Irak, Jordania y Omán. El golpe, inédito en el Medio Oriente, también atraviesa al Mundial, además de las múltiples consecuencias en materia económica, geopolítica y de seguridad en una región históricamente inestable. Irán disputará sus tres partidos de la fase de grupos del Mundial en Estados Unidos (dos en Los Ángeles y uno en Seattle), a los que sus aficionados aún no saben si podrán acudir, debido al veto viajero que impera sobre los ciudadanos iraníes desde junio de 2025. “Es improbable que podamos mirar con esperanza al Mundial”, dijo Mehdi Taj, presidente de la Federación, en declaraciones recogidas por la televisión pública iraní, con lo que deja en el aire la participación pérsica en la máxima cita.
FIFA intenta maniobrar
La Federación se ha movilizado para apagar el incendio. “Tuvimos una reunión hoy y es prematuro hacer comentarios en detalle, pero seguiremos de cerca los acontecimientos en torno a todos los temas en todo el mundo”, aseguró preliminarmente Mattias Grafstrom, secretario general de la FIFA, en el marco de la Asamblea General Anual de la International Football Association Board (IFAB) en Cardiff. Pero los focos rojos se acumulan. AS se ha puesto en contacto con dos fuentes de FIFA tras conocer los ataques en Irán: la respuesta es esperar a la evolución de los acontecimientos y canalizar las solicitudes a través de los canales oficiales. Más tiempo de respuesta. La Federación emitirá una postura más desarrollada durante la próxima semana, a partir del lunes 2 de marzo. En todo caso, el mensaje no variará respecto al tono de los últimos días: el Mundial sigue. La sensación general, en la calle, en la opinión pública, es que también pende de un hilo.
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