Un búnker “ultrasecreto” y una reconstrucción: los planos para maximizar la seguridad de La Casa Blanca
Debajo del brillo de la diplomacia, Estados Unidos esconde un laberinto de acero y secreto para proteger a su líder.
En Washington DC, lo que parecía ser otra renovación arquitectónica más en la Casa Blanca, se ha transformado en un misterio de seguridad nacional que devuelve al presente los temores de un conflicto global. Bajo el histórico Ala Este del complejo presidencial, fuentes cercanas al proyecto aseguran que se está reconstruyendo un búnker ultrasecreto que alguna vez fue el corazón de la defensa en situaciones extremas.
Con un pasado que se remonta a 1941, cuando Franklin D. Roosevelt ordenó excavar espacios seguros bajo el césped ante el espectro de la Segunda Guerra Mundial, el denominado Centro Presidencial de Operaciones de Emergencia (PEOC) fue durante décadas la guarida impenetrable de sucesos como 9/11 o evacuaciones de emergencia. Ese complejo subterráneo, descrito por expertos como una “unidad autónoma” con sistemas independientes de energía, aire y agua; un submarino bajo tierra, en palabras de quienes lo conocieron, fue prácticamente demolido en el marco de las obras actuales, según reportes.
Los planos para maximizar la seguridad en la Casa Blanca
Sin embargo, el grueso del proyecto no es visible desde la superficie. Mientras se construye un salón de baile presidencial de dimensiones inéditas, la Casa Blanca ha declarado que trabajos “top secret” avanzan bajo tierra, lejos del escrutinio público, justificando el sigilo con razones de seguridad nacional. Autoridades rechazan revelar especificaciones, pero se sabe que los planos contemplan reforzar la resistencia ante amenazas modernas, desde ataques convencionales hasta escenarios cibernéticos o electromagnéticos que podrían incapacitar sistemas críticos.
Contrario a lo que muchos imaginarían, la existencia de este refugio no está concebida para el miedo sin fundamento, sino como un seguro ante eventualidades extremas que la Casa Blanca, por mandato constitucional, debe prever. La reconstrucción del búnker, incluyendo accesos, sistemas autónomos y rutas de fuga, busca integrar lecciones del pasado con tecnología del siglo XXI, aunque el costo y los detalles técnicos permanecerán clasificados bajo sellos de seguridad.
Así, bajo el tránsito cotidiano de diplomáticos, turistas y periodistas, un laberinto silencioso sigue tomando forma, recordando que incluso el epicentro del poder estadounidense se prepara, siempre en secreto, para el impredecible futuro.
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