Ni ñ, ni tildes: EE. UU. bloquea estos apellidos y nombres comunes al registrar bebés
Cuando elegir un nombre ya no es libre; ahora, el sorprendente giro legal que altera cómo se nombra a los bebés.
En un giro que ha prendido alarma y debates en redes sociales y comunidades migrantes, autoridades en Estados Unidos están rechazando automáticamente ciertos nombres y apellidos al momento de registrar a recién nacidos, sobre todo en jurisdicciones con normas administrativas estrictas. La medida, aunque técnica, tiene implicaciones directas para padres que pensaban tener total libertad al bautizar a sus hijos.
El Código Administrativo de estados como Nueva Jersey o Alabama no solo regula aspectos formales del registro de nacimientos, sino que también autoriza a los funcionarios a rechazar nombres y apellidos que no cumplan con criterios lingüísticos o formales aceptados por la ley, como evitar símbolos, números o combinaciones consideradas ilegibles u obscenas.
USA bloquea estos apellidos y nombres comunes
Aunque para muchos familias el acto de nombrar a un hijo es un momento íntimo, incluso simbólico, las autoridades justifican estas restricciones apelando a la necesidad de mantener claridad y legibilidad en los documentos oficiales, un principio con décadas de vigencia dentro de la regulación administrativa.
Por ejemplo, en Alabama, la regla 420-7-1-.04 del código estatal especifica que ningún recién nacido puede ser registrado con un apellido que contenga caracteres inexistentes en el idioma inglés, puntos, símbolos o números; de lo contrario, el pedido será rechazado por el registrador.
En Nueva Jersey, los criterios son similares, va que los funcionarios pueden vetar nombres que incluyan obscenidades, caracteres no alfabéticos o combinaciones de letras y símbolos consideradas ilegibles o contrarias al orden público.
Este tipo de regulaciones, que a simple vista pueden parecer técnicas o menores, han puesto sobre la mesa una pregunta candente sobre dónde queda el equilibrio entre la libertad de los padres para escoger un nombre y la función del Estado como garante de estándares administrativos y de identidad. Algunos defensores de derechos civiles advierten que tales normas pueden segregar o estigmatizar identidades culturales o lingüísticas diferentes al inglés, aunque los estados argumentan que solo buscan uniformidad legal.
Para las familias afectadas, la experiencia puede ser frustrante, ya que, elegir un nombre querido solo para ver el trámite detenido por un criterio técnico puede obligar a volver a pensar combinaciones, modificar apellidos o ajustar grafías, todo ello bajo presión de plazos legales para el registro.
Este debate cobra especial interés en un país donde la diversidad cultural y lingüística es amplia, y donde comunidades inmigrantes a menudo intentan preservar nombres con raíces en otras lenguas o tradiciones, algo que ahora choca con normativas locales que priorizan la “legibilidad” en inglés.
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