Ni Moore, ni Polis: los motivos por los que Trump ha excluido a estos gobernadores del encuentro en la Casa Blanca
Donald Trump deja fuera a los gobernadores Moore y Polis de una reunión en la Casa Blanca, criticado por romper costumbres bipartidistas y avivar tensiones políticas.
En un giro que ha encendido alarmas en los pasillos de Washington, el presidente Donald Trump ha optado por excluir a dos destacados gobernadores demócratas, Wes Moore de Maryland y Jared Polis de Colorado, de un encuentro oficial en la Casa Blanca con líderes estatales, interrumpiendo una tradición de diálogo bipartidista que se extendía por décadas.
La decisión, que emergió días antes de la reunión anual de la National Governors Association (NGA), ha sido justificada por el propio Trump en términos tan personales como polémicos, en publicaciones en su plataforma social, describió a Moore y Polis como “no dignos” de asistir, argumentando críticas dirigidas tanto al desempeño gubernamental de Moore como a la negativa de Polis de otorgar clemencia a una figura asociada a teorías conspirativas electorales.
Ni Moore, ni Polis; Trump los ha excluido de la Casa Blanca
Moore, que además de gobernador es vicepresidente de la NGA y el único gobernador afroamericano del país, calificó el desaire como un gesto “de profundo desdén” que va más allá de disputas políticas comunes, mientras que Polis, con un tono más pragmático, afirmó que su enfoque sigue siendo trabajar con colegas de ambos partidos, independientemente de invitaciones o desaires personales.
La repercusión ha sido inmediata, pues, al menos 18 gobernadores demócratas anunciaron que boicotearán la cena tradicional en la Casa Blanca en solidaridad con Moore y Polis, argumentando que el rechazo de Trump rompe con el espíritu de cooperación que históricamente ha ilustrado la reunión.
Por su parte, la Casa Blanca ha defendido la decisión, subrayando que la selección de invitados en eventos presidenciales es prerrogativa del mandatario y que otros gobernadores demócratas sí han recibido invitaciones.
Este episodio se suma a una serie de tensiones entre la administración Trump y líderes estatales de ambos partidos, reavivando el debate sobre hasta qué punto el federalismo puede funcionar cuando las líneas partidistas priman sobre las necesidades compartidas de los estados. La ruptura de una costumbre establecida, un encuentro que simbolizaba unidad entre ejecutivos estatales, no solo resuena a nivel político, sino que marca un capítulo más en una era de crecientes divisiones en la política estadounidense.
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