El efecto ICE sigue azotando a todo Estados Unidos: los inmigrantes que quedaron señalados
Interior de Estados Unidos se tiñe de miedo y controversia con arrestos del ICE que no paran, atrapando a miles de inmigrantes sin antecedentes y tensando comunidades.
Desde las calles de ciudades tan diversas como Nueva York, Chicago y Minneapolis hasta los barrios latinos de California, la sombra del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) se extiende con fuerza renovada. Según análisis recientes, los arrestos en el interior del país han crecido de forma explosiva, impulsados por un cambio de estrategia que prioriza cantidad sobre perfiles criminales y que ha convertido a comunidades enteras en escenarios de temor y desconcierto.
Expertos en datos de inmigración advierten que este auge de detenciones no solo es numérico, sino estructural, ya que, en el último año, las detenciones realizadas fuera de centros penitenciarios aumentaron más de once veces respecto a periodos anteriores y, el número total de deportaciones internas se cuadruplicó. Despliegues de agentes en operaciones en calles, parques y entornos cotidianos han dejado un rastro palpable de miedo entre quienes no cuentan con documentos regulares.
El efecto ICE sigue azotando a todo Estados Unidos
El detonador de la polémica ha sido la composición de estas detenciones. Contrario al discurso oficial que promete priorizar la expulsión de “delincuentes peligrosos”, los datos más actuales revelan que una proporción significativa de los detenidos no tienen condenas ni cargos criminales previos en Estados Unidos. Algunas análisis sugieren que casi la mitad de las personas arrestadas corresponden a migrantes cuya única falta es una violación administrativa de inmigración.
Organizaciones de derechos civiles han denunciado que este patrón está dejando una huella social preocupante, pues familias separadas, trabajadores que desaparecen de sus puestos sin aviso y comunidades que han restringido sus movimientos por miedo a ser detenidas aun cuando cumplen con sus obligaciones cotidianas. En varios vecindarios, la presencia policial ha alterado rutinas básicas como ir al supermercado o llevar a los hijos a la escuela, según testimonios recogidos por medios internacionales.
La administración ha defendido que el objetivo es fortalecer la seguridad nacional y cumplir con las leyes vigentes, pero críticos señalan que la estrategia ha generado una criminalización masiva de inmigrantes no violentos, erosionando la confianza y la cohesión social en lugares donde históricamente han convivido múltiples culturas.
Mientras tanto, legisladores de varios estados y defensores de derechos humanos exigen transparencia en las cifras y reclaman un debate urgente sobre el alcance de estas medidas, que no solo redefinen la política migratoria estadounidense, sino que también reconfiguran la vida diaria de miles de familias que, hasta hace poco, vivían con relativa normalidad en el corazón de Estados Unidos.
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