Salud

Zichen Ji, neumólogo: “Contribuye a un mayor riesgo cardiovascular”

El humo pasivo no solo afecta al sistema respiratorio, también puede provocar inflamación de encías, alteraciones en la mucosa oral y riesgo dental.

Zichen Ji, neumólogo: “Contribuye a un mayor riesgo cardiovascular”
Marta Rodríguez Peleteiro
Su trayectoria en Prisa comenzó en AS, en 2006, en la sección de Cierre. Posteriormente asumió la coordinación de la revista AS Color y la redacción de los blogs Match Point y Erratas de Campo. En 2017 pasó a formar parte de PrisaNoticias, en el control de producción de El País y AS, y volvió a AS a finales de 2022, como redactora de Tikitakas.
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La exposición al humo del tabaco no afecta únicamente a quienes fuman de manera activa. El llamado humo pasivo, inhalado de forma involuntaria por las personas que conviven o trabajan en entornos con fumadores, puede tener consecuencias que empiezan en la boca. Los especialistas advierten que, incluso sin encender un cigarrillo, esta exposición representa un riesgo para la salud oral y requiere una detección temprana para evitar complicaciones a largo plazo.

“El humo del tabaco ambiental está formado por miles de sustancias químicas, muchas de ellas irritantes y perjudiciales para la salud. Aunque una persona no fume, puede inhalarlas al estar cerca de fumadores, y estas partículas entran en contacto directo con la boca y las encías”, explica la dentista de Sanitas María Latorre. “Por ello, es fundamental que quienes se ven expuestos al humo pasivo conozcan sus riesgos y acudan a revisiones odontológicas periódicas para prevenir posibles alteraciones.”

No obstante, los efectos del humo pasivo en la boca suelen presentarse de forma sutil y pasar desapercibidos en la rutina diaria. Por ello, los especialistas sugieren estar atentos a signos como sequedad bucal persistente. La exposición a sustancias tóxicas del tabaco reduce la producción y calidad de la saliva, un elemento clave en la defensa natural de la boca. La sequedad oral no solo genera incomodidad, sino que también crea un entorno propicio para la proliferación de bacterias y hongos, aumentando el riesgo de caries e infecciones.

Otros efectos

Asimismo, también conviene prestar atención a lesiones y alteraciones en la mucosa oral, ya que el tabaquismo pasivo puede provocar melanosis gingival, una pigmentación oscura (marrón o negra) en las encías. Este cambio de coloración afecta la estética de la sonrisa y puede observarse incluso en personas no fumadoras, especialmente en niños o adolescentes que conviven con fumadores.

Por otro lado, hay un riesgo aumentado de caries, y es que el humo del tabaco que respiran las personas no fumadoras también puede dañar los dientes, especialmente en los niños. La exposición al humo aumenta el riesgo de caries en los primeros dientes, ya que la nicotina favorece el crecimiento de bacterias que atacan el esmalte. Además, reduce la cantidad y calidad de la saliva y debilita las defensas naturales de la boca. Si se suma una higiene deficiente o una dieta con mucho azúcar, el riesgo de caries aumenta aún más.

Y, consecuentemente, enfermedad periodontal y pérdida de dientes. La exposición al humo del tabaco también puede afectar a las encías y a los tejidos que sostienen los dientes. En las personas que respiran humo de manera habitual, aunque no fumen, las encías pueden inflamarse, sangrar con facilidad y debilitarse con el tiempo. Esta alteración favorece la pérdida del soporte del diente y, en los casos más avanzados, puede llegar a provocar su caída.

Aparato respiratorio

Pero los efectos no se limitan a la cavidad oral. El humo pasivo viaja a través de la vía respiratoria y alcanza los pulmones, donde puede provocar irritación bronquial, tos crónica y reducción de la capacidad respiratoria. A largo plazo, la exposición incrementa el riesgo de infecciones respiratorias y puede empeorar enfermedades como el asma y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) en personas vulnerables.

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“Además de la inflamación respiratoria, el humo pasivo puede inducir una respuesta inflamatoria a nivel sistémico, que contribuye a un mayor riesgo cardiovascular. Esto significa que el humo pasivo daña los pulmones al mismo tiempo que impacta en la salud general, aumentando la probabilidad de infartos, ictus y otras complicaciones en personas con enfermedades crónicas. Por eso, la prevención y la reducción de la exposición son fundamentales”, añade Zichen Ji, neumólogo del Hospital Universitario Virgen del Mar.

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