Salud

Valentín Fuster, cardiólogo: “Nadie alcanza la felicidad sin las cuatro ‘tés’: tiempo, talento, tutoría y transmitir positividad”

El experto apunta la importancia de trabajar el bienestar desde el interior para, después, exteriorizarlo y ponerlo al servicio de los demás.

Valentín Fuster, cardiólogo: “Nadie alcanza la felicidad sin las cuatro ‘tés’: tiempo, talento, tutoría y transmitir positividad”
Sergio Murillo
Nació en Santa Marta de Tormes en 2001 y creció entre Guadalajara y Badajoz. Amante de la literatura, estudió Periodismo en la URJC. Se estrenó como jefe de Cultura en El Generacional. Ha sido corresponsal para El Estilo Libre y conductor de informativos en Cadena COPE. Entró en Diario AS en 2023 como redactor en Actualidad.
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En un presente que parece girar más rápido que el propio planeta, cargado de estímulos y carente de instantes para uno mismo, se torna imprescindible la búsqueda de la felicidad. Ha sido el eudemonismo una postura extendida desde el principio de los tiempos, pero, quizá, es ahora uno de los puntos en los que más cuesta llevarlo a cabo por la imposibilidad de desconexión total. Si uno quiere hallar la felicidad debe, en primer lugar, y según Valentín Fuster, dedicar tiempo a la reflexión.

No palabras baladí. El cardiólogo de 82 años, que goza de prestigio internacional y que se desempeña como director del CNIC y del Mount Sinai, insiste en que el bienestar no se alcanza por métodos divinos, sino que responde a trabajar una estructura interna estable que es capaz de sostener a uno cuando todo lo demás se cae. Y para construir semejante muro no hace falta sino abrazar una regla: “Nadie alcanza la felicidad sin las cuatro ‘tés’: tiempo, talento, tutoría y transmitir positividad”.

“Si uno no lo tiene claro, se mueve como una bandereta”

Desde el punto de vista de Fuster, la madurez de uno brota de una base interna innegociable que define su actitud ante cualquier estímulo y que funciona a través de los cuatro puntos citados. “Si uno no tiene claras estas cuatro ideas, se mueve como una bandereta”, dice. Esta filosofía se conecta con su especialidad médica a través de la prevención: la psicología positiva previene problemas cardíacos; en otras palabras: un cuerpo sano precisa de una mente despejada y enfocada, que priorice lo positivo a lo negativo.

Para alcanzar ese estado esencial acude a las mentadas cuatro ‘tés’. El ‘tiempo’ alude al que cada uno emplea para reflexionar. “15 minutos al día, pienso que es lo prioritario”, expone. La segunda, el ‘talento’, apunta a la forma en la que uno dirige su vida hacia aquello que se le da mejor. “No hay nada más importante”, comenta al respecto. Acerca de ‘transmitir positividad’ explica que mejora las relaciones sociales y que, en consecuencia, refuerza el equilibrio emocional; y de la ‘tutoría’ destaca, uniéndolo al anterior punto, que es vital para que funcionen las demás: se trata del apoyo que ciertas personas que ejercen como ‘tutoras’ dan y que rearman de confianza a quien tiene que llevar a cabo una acción.

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De su planteamiento se deduce la importancia de ser todo el rato consciente de la conducta que uno emplea y, sobre todo, mantener dicha actitud enfocada a lo positivo para, precisamente, atraer lo óptimo. Esto es, construir dentro el bienestar para exteriorizarlo y ponerlo al servicio de otras personas que, en teoría, deberían hacer lo mismo. Y así el presente se dejaría querer más.

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