Salud

Sonia Lucena, psiconutricionista: “Para cuidar nuestro cuerpo tenemos que ser capaces de comprender nuestra mente”

Esta experta en nutrición y creadora del Método Five habla en AS sobre hábitos saludables tras los excesos navideños.

Sonia Lucena, psiconutricionista: “Para cuidar nuestro cuerpo tenemos que ser capaces de comprender nuestra mente”
Débora Paz
Natural de O Porriño, Pontevedra. Graduada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid. Comenzó su aventura en As en 2017 en el departamento de redes sociales. Tanto te habla del salseo del momento como de fútbol sala.
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Todos los años ocurre lo mismo y, aun así, volvemos a caer. Enero llega con fuerza, con promesas grandes y con una presión silenciosa que muchos sienten sin verbalizar: ahora toca ponerse serio. Se acabaron los excesos, se acabó la relajación. Gimnasio casi a diario, dieta estricta desde el día 2 o 7 y una idea rondando la cabeza: cuanto más duro, mejor. Pero la realidad es otra. Enero no construye tantos cuerpos como parece. Enero, muchas veces, los destroza.

Como psiconutricionista especializada en conducta alimentaria y ejercicio, Sonia Lucena ve cada inicio de año el mismo patrón: hombres motivados, disciplinados, con historial deportivo o amantes del rendimiento… que en pocas semanas pasan de la euforia al agotamiento. No por falta de gana o fuerza de voluntad, sino por un enfoque radical que no se sostiene.

Sonia Lucena, psiconutricionista: “Para cuidar nuestro cuerpo tenemos que ser capaces de comprender nuestra mente”
La psiconutricionista Sonia Lucena.

El pico de enero: cifras que se repiten. Los datos son contundentes. Entre el 30% y el 40% de las inscripciones anuales en gimnasios se concentran en enero. Las salas se llenan, las clases colectivas se saturan y las rutinas “definitivas” circulan por redes sociales como si fueran la solución universal. Pero ese entusiasmo dura poco. Aproximadamente la mitad de los nuevos inscritos abandona antes de cumplir tres meses, y cerca del 70% no llega a la primavera. Con las dietas ocurre algo muy similar: más del 60% de las personas que inician una dieta restrictiva en enero la dejan antes de las 8–10 semanas. “El problema no es empezar. El problema es cómo se empieza, el método que se utiliza y el lugar en el que se coloca el foco”, insiste Lucena.

El castigo no es la solución

En enero no solo se entrena más: se descansa menos, se come peor, porque generalmente se restringe demasiado la ingesta y se vive con más culpa. Aparece el pensamiento de “todo o nada”: o cumples el plan al 100% o sientes que has fallado. En hombres, especialmente en los que consumen deporte a diario, este patrón se intensifica. Se normaliza entrenar lesionado, reducir drásticamente la comida “para definir” o eliminar alimentos básicos sin criterio. El cuerpo pasa a ser un proyecto urgente que hay que corregir cuanto antes y es aquí donde enero empieza a romper cosas:

• Lesiones por sobreentrenamiento

• Fatiga crónica

• Ansiedad con la comida

• Relación rígida con el gimnasio

• Machaque psicológico

“Todo en nombre de la disciplina, sin embargo, para cuidar nuestro cuerpo tenemos que ser capaces de comprender nuestra mente”, comenta esta experta en nutrición.

El error de empezar demasiado fuerte

“El cuerpo no entiende de calendarios, sin embargo huye de la presión y enero viene cargado de expectativas irreales: idea de resultados rápidos, cambios visibles en pocas semanas y una presión social constante por ‘aprovechar el momento’”, explica Lucena, creadora del Método Five.

Entrenar seis días cuando antes ibas dos no es progreso, es un shock. Comer la mitad de lo que comías no es educación nutricional, es restricción. Y ninguna de las dos cosas suele acabar bien y desde luego, no construye músculo ni contribuye a la continuidad. La paradoja es clara: los cambios más agresivos son los que menos duran. Y cuando se abandonan, dejan una sensación de fracaso que hace aún más difícil volver a empezar además del temido “efecto rebote”

Qué hacen diferente quienes SÍ lo consiguen

Para Sonia Lucena, las personas que mantienen cambios reales no son las más extremas en enero, son las más inteligentes:

1.- Entrenan menos de lo que creen que “deberían”. Tres o cuatro sesiones bien hechas, con descanso, superan a cualquier plan heroico de un mes.

2.- Comen mejor, no menos. No eliminan grupos de alimentos ni viven contando calorías. Ajustan cantidades, mejoran calidad manteniendo el foco en el cuidado en lugar de la pérdida de peso.

3.- No convierten el gimnasio en una deuda. Entrenar no es pagar por lo que comiste en Navidad. Es invertir en cómo quieres sentirte a largo plazo.

4.- Entienden que el descanso también suma. Dormir poco y entrenar mucho es una receta segura para estancarse, lesionarse y abandonar.

5.- No dramatizan los fallos. Un día sin entrenar o una comida fuera del plan no arruina nada. La rigidez, sí. El cuerpo no necesita un castigo, necesita tiempo.

“Enero no debería ser una prueba de resistencia mental ni una penitencia física. El cuerpo no se transforma a base de urgencia o exigencia, sino de coherencia y cuidado y la salud no se demuestra yendo de extremo a extremo, sino sosteniendo hábitos cuando la motivación baja”, afirma sin titubeos.

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Antes de subir una marcha más este enero, merece la pena hacerse una pregunta incómoda pero honesta: ¿Estoy construyendo algo que pueda mantener… o solo estoy sobreviviendo a enero? Porque los cuerpos fuertes no se hacen a base de romperlos. Se hacen a base de cuidarlos con foco y coherencia.

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