Psicología

Sonia Díaz Rois, experta en gestión del enfado: “Limita nuestra capacidad para aprender y cambiar”

La experta en gestión del enfado y comunicación consciente analiza por qué nos cuesta tanto cambiar de opinión.

Sonia Díaz Rois, experta en gestión del enfado: “Limita nuestra capacidad para aprender y cambiar”
fernando diaz
Marta Rodríguez Peleteiro
Su trayectoria en Prisa comenzó en AS, en 2006, en la sección de Cierre. Posteriormente asumió la coordinación de la revista AS Color y la redacción de los blogs Match Point y Erratas de Campo. En 2017 pasó a formar parte de PrisaNoticias, en el control de producción de El País y AS, y volvió a AS a finales de 2022, como redactora de Tikitakas.
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Cuando alguien nos lleva la contraria, rara vez se queda en un simple intercambio de ideas. El cuerpo se tensa, se pierde la capacidad de escucha, la curiosidad se desactiva y aparece una necesidad casi automática de defender la propia postura. No porque sea mejor, sino porque se vive como algo personal.

Para Sonia Díaz Rois, mentora especializada en gestión del enfado y comunicación consciente, y autora del libro Y si me enfado, ¿qué? (VR Europa, 2024), este reflejo defensivo no habla de rigidez mental ni de falta de apertura, sino de identidad. “Cuando se cuestionan nuestras ideas, creencias o valores, no solo se cuestiona una opinión: se activa una alerta interna, la sensación de que algo de lo que soy puede tambalearse”, explica.

Desde el punto de vista emocional, el cerebro no vive ese cuestionamiento como un debate, sino como una amenaza. No distingue si lo que está en juego es una idea puntual o una parte de la historia personal que hemos ido construyendo con los años.

“Por eso muchas reacciones no tienen que ver con el argumento del otro, sino con una pregunta silenciosa que aflora sin que nos demos cuenta: ‘Si esto no es verdad, entonces, ¿qué soy yo?’”, señala Díaz Rois. En ese punto, muchas personas confunden identidad con rigidez, cuando, en realidad, a veces no defendemos una idea: nos defendemos a nosotros mismos.

Cambiar de opinión

Cambiar de opinión suele vivirse como un error, una incoherencia o incluso una traición personal. Sin embargo, en la práctica, muchas veces es justo lo contrario: una señal de aprendizaje, de experiencia y de mayor conciencia. “Hay ideas que en un momento nos sostuvieron y que dejan de hacerlo”, apunta la experta. “Aferrarnos a ellas solo por miedo a soltarlas genera mucha tensión interna, además de que limita nuestra capacidad para aprender y cambiar”.

No hace falta una discusión intensa para que este mecanismo se ponga en marcha. Basta una frase aparentemente inocente en una comida o conversación informal: “Yo eso no lo veo así” o “Creo que te estás equivocando”. De repente, el cuerpo se tensa y la escucha cambia. Empezamos a preparar mentalmente la respuesta antes de que la otra persona termine de hablar. Según Díaz Rois, en ese momento no se intenta imponer una opinión, sino proteger una sensación de coherencia interna: “Esto que pienso dice algo de quién soy”.

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“No cuesta cambiar de opinión. Cuesta soltar lo que creemos que dice de nosotros. Actualizar tu pensamiento no te hace menos tú; te permite vivir con más coherencia interna y menos tensión con la persona que eres hoy”, concluye Díaz Rois.

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