Soledad Scarcella, psicóloga: “El estrés persistente se asocia con mayor probabilidad de ansiedad y síntomas depresivos”
El 41% de las mujeres cuida a otras personas a diario frente al 33% de los hombres, y el 64% realiza tareas domésticas cada día, según datos oficiales.


La gestión del hogar, la atención a los hijos y el cuidado de familiares forman parte de la vida diaria y, cuando no se distribuyen de forma equilibrada, pueden generar una sobrecarga continuada que afecta al equilibrio físico y emocional. Los datos oficiales confirman que esta distribución sigue siendo desigual. Según cifras del Ministerio de Igualdad, el 41% de las mujeres cuida a otras personas a diario frente al 33% de los hombres. Además, el 64% realiza tareas domésticas cada día frente al 44% de los hombres.
Esta brecha ayuda a explicar por qué determinadas mujeres presentan mayor riesgo de desgaste prolongado. Así lo explica la psicóloga Soledad Scarcella, del equipo de Blua de Sanitas: “La presión no suele aparecer de manera abrupta. Se instala progresivamente cuando la persona percibe que la responsabilidad final depende siempre de ella. Esa sensación de disponibilidad constante mantiene elevados los niveles de activación y dificulta el descanso real”.
Más allá de las tareas visibles, la planificación continua del día a día exige anticipar necesidades, coordinar horarios y resolver imprevistos. Esta actividad mental constante puede interferir en la calidad del sueño y en la regulación emocional. Con el tiempo pueden aparecer síntomas como irritabilidad, fatiga cognitiva y dificultad para concentrarse. “Cuando la situación se prolonga, el impacto psicológico se hace más evidente. El estrés persistente se asocia con mayor probabilidad de ansiedad y síntomas depresivos. También puede manifestarse mediante cefaleas tensionales, molestias musculares o alteraciones digestivas. La falta de reconocimiento o de apoyo percibido incrementa el desgaste emocional y puede afectar a la autoestima”, añade la experta.
La reducción del tiempo personal constituye otro elemento relevante. Disponer de espacios propios para actividades gratificantes, relaciones sociales o intereses individuales contribuye a regular el estrés. Cuando el cuidado y la organización doméstica absorben la mayor parte del tiempo disponible, se limita el desarrollo de otras áreas de la identidad personal.
La corresponsabilidad
Ante esta situación, promover la corresponsabilidad en el hogar constituye un factor protector frente al desgaste emocional. La corresponsabilidad implica compartir no solo la ejecución de tareas, sino también la planificación y la toma de decisiones sobre qué debe hacerse y cómo organizarlo. Cuando una sola persona centraliza la gestión, la carga mental permanece concentrada, aunque exista colaboración puntual.
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“La diferencia no está solo en quién realiza una tarea concreta, sino en quién mantiene la responsabilidad organizativa constante. Si una persona asume la coordinación permanente y el resto actúa bajo indicaciones, la carga no se redistribuye de forma real. Compartir la gestión favorece una mayor sensación de equilibrio”, señala Soledad Scarcella.
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