Silvio Garattini, médico y científico de 96 años: “No hay otra receta para vivir más: he mantenido estos buenos hábitos toda mi vida”
Lejos de dietas milagro y planes imposibles de ejercicio, levar un estilo de vida saludable es fundamental para alcanzar la ansiada longevidad.


La longevidad no depende únicamente de la genética. Aunque los genes influyen en la esperanza de vida, la psicología y las ciencias de la salud coinciden en que los hábitos cotidianos desempeñan un papel decisivo en cómo envejecemos y en la calidad de vida que mantenemos a lo largo del tiempo. Vivir más años no es solo una cuestión de cantidad, sino también de bienestar físico, mental y emocional.
Un enfoque que confirma el prestigioso médico italiano Silvio Garattini, quien acaba de cumplir 96 años: “No hay otra receta: he mantenido estos buenos hábitos de vida. Camino 5 kilómetros al día, me salto el almuerzo y por la noche tomo un entrante, primer plato y postre, e intento levantarme de la mesa con apetito. Lo que cuenta es lo que comes a lo largo del día”, apunta en una entrevista con el Corriere della Sera.
“Para la mente, es importante mantener las relaciones sociales. No hacemos prevención. En Italia, tenemos 4,5 millones de pacientes con diabetes de tipo 2, que es evitable y tiene complicaciones visuales, cardiovasculares y renales. Igual que el 40% de los cánceres son evitables: hay 12 millones de fumadores en Italia, y el tabaco es un factor de riesgo de 27 enfermedades, y el alcohol también es cancerígeno. Hay que reflexionar sobre el hecho de que la gente no presta atención a los principios fundamentales”, agrega el galeno.
La importancia de los hábitos
Los hábitos son conductas que repetimos casi de forma automática. Precisamente por eso tienen un impacto tan grande en la salud a largo plazo. Pequeñas acciones diarias, mantenidas durante años, pueden marcar una diferencia significativa.
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“Gastamos demasiado dinero en medicamentos. Podríamos ser mucho más racionales. Solo la prevención puede controlarlo”, explica. “En la escuela no se enseña nada desde un punto de vista científico. No se habla del concepto de ciencia como fuente de conocimiento ni del desarrollo de metodologías. Bastaría con tener una hora a la semana en clase dedicada a la salud, impartida por gente preparada, y la situación cambiaría mucho”, zanja.
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