Robert Waldinger, experto en felicidad: “No digas ‘todo va a ir bien’ en momentos de incertidumbre; mejor ‘tal vez, ya veremos’”
El psiquiatra norteamericano desvela con una parábola china del siglo IX la actitud que todos los seres humanos deben tener en la vida.


Pocas personas conocen mejor la curvatura de una sonrisa que Robert Waldinger. El profesor de Psiquiatría de la Universidad de Harvard, que también se desempeña como autor e investigador, así como en la dirección del Centro de Terapia Psicodinámica e Investigación del Hospital General de Massachusetts, es una auténtica eminencia en lo que al estudio de la felicidad respecta.
Y, como tantos genios —todavía más en asuntos tan poco tangibles como este—, rehúye los métodos clásicos de divulgación. De ahí que para explicar uno de los pilares de este estado de satisfacción se retrotraiga a una parábola china.
La fábula del Maestro Zhaozhou
El experto replicó recientemente una narración que recogía la conversación que mantuvieron el Maestro Zhaozhou y su alumno a principios del siglo IX en China. “En el siglo VIII, China florecía en las artes, las ciencias y la filosofía. Era una época dorada, pero todo cambió de repente. La rebelión de An Lushan marcó el comienzo de una década de guerra civil, hambruna, y enfermedades tan terribles que dos de cada tres personas en China murieron durante esa década”, dice, resumiendo que aquello que “una época de horror y colapso total” y que, justo después de eso, tuvo lugar el encuentro entre Zhaozhou y su alumno.
Lo que sucedió fue que el monje le preguntó al maestro una duda razonable. “¿Cuando nos visitan tiempos de gran dificultad, ¿cómo debemos recibirlos?“, quiso saber, a lo que Zhaozhou respondió que simplemente había que decir ”bienvenido". El propio Waldinger traduce la moraleja de esta fábula: “Significaba lo mismo que significa hoy: lo único que podemos hacer es dar la bienvenida a los acontecimientos. En el nivel más profundo, esta afirmación significa que todas las cosas cambian, no hay nada permanente y lo único que podemos hacer es, o fingir que el mundo no cambia, o mirar de frente al cambio y aceptarlo”.
Cómo llevar a cabo esta enseñanza
El experto recalca que no se puede estar seguro de que todo transcurrirá como uno espera, de manera que, ante todo, lo que sana el alma de uno es aceptar la realidad. “Lo que estoy diciendo es que lo contrario es caer en lo que los antiguos maestros Zen llamaban certeza ilusoria, en la que estamos demasiado seguros de lo que está por venir", cuenta, invitando a que cada uno deje de lado estas ‘certezas’ para lanzarse a surcar con valentía las aguas reales —plagadas de cambios— y con la tranquilidad de que todos y cada uno de los seres humanos deben enfrentarse a ello.
“No tenemos que averiguar todo de antemano. No tenemos que saber lo que va a pasar, ni siquiera lo que vamos a hacer a medida que se desarrollan las cosas”, trata de enfrascar tan compleja idea, a lo que añade, risueño, la síntesis: “Simplemente tenemos que mantenernos despiertos y conscientes. Y no rendirnos“.
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