Miriam Piqueras, médica: “Las señales iniciales pueden ser poco específicas y confundirse con el cansancio”
La menor percepción del frío y determinadas circunstancias del entorno pueden favorecer una pérdida progresiva de temperatura corporal en invierno.


Durante los meses de invierno, el frío no supone un riesgo únicamente cuando se permanece al aire libre o en situaciones de exposición evidente. Las condiciones ambientales propias de esta época, junto con determinadas características del entorno doméstico y cambios fisiológicos asociados al envejecimiento, pueden favorecer una pérdida progresiva de calor corporal incluso dentro del hogar, sin que resulte fácilmente perceptible.
En este contexto, algunas personas mayores pueden experimentar un descenso gradual de la temperatura corporal en su propio domicilio, una situación conocida como hipotermia inadvertida, que suele pasar desapercibida en sus fases iniciales. La hipotermia se define como la disminución de la temperatura corporal por debajo de los valores normales y, aunque habitualmente se asocia a exposiciones prolongadas al frío intenso, también puede desarrollarse en espacios interiores cuando confluyen factores como una climatización insuficiente, una actividad física reducida o una menor capacidad para percibir el frío.
Influencia del envejecimiento
Con el envejecimiento, el organismo presenta menor capacidad para regular la temperatura corporal y conservar el calor. Estos cambios fisiológicos influyen tanto en la percepción del frío como en la respuesta ante temperaturas bajas, lo que puede dificultar la identificación de situaciones en las que sería necesario abrigarse más o ajustar la temperatura del hogar, incluso sin sensación clara de malestar.
Así lo explica Miriam Piqueras, directora médica de Sanitas Mayores: “En muchas personas mayores, el frío no se percibe como una molestia inmediata. Las señales iniciales pueden ser poco específicas y confundirse con el cansancio propio del invierno, lo que retrasa la identificación del problema. Esta falta de detección temprana puede favorecer que la exposición al frío se mantenga durante periodos prolongados”.
El entorno doméstico desempeña un papel clave en este proceso. Viviendas con temperaturas bajas mantenidas en el tiempo, estancias poco utilizadas o una ventilación inadecuada pueden favorecer una exposición continuada al frío. A ello se suma que muchas personas mayores pasan largos periodos sentadas o con un nivel de actividad física limitado, lo que reduce la producción de calor corporal. “La prevención pasa por prestar atención a aspectos cotidianos como la temperatura real del hogar o la necesidad de abrigarse dentro de casa, aunque no se perciba frío intenso”, añade Miriam Piqueras.
Consejos para reducir el riesgo de hipotermia
Para reducir el riesgo de hipotermia inadvertida en personas mayores durante el invierno, los expertos de Sanitas Mayores recomiendan mantener una temperatura adecuada y estable en la vivienda, especialmente en las estancias de mayor uso, así como utilizar ropa de abrigo dentro del hogar cuando sea necesario, sin esperar a sentir frío intenso.
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Además, es importante procurar una alimentación regular que contribuya al equilibrio energético diario y favorecer movimientos frecuentes o actividad física adaptada a las capacidades individuales.
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