Miguel Toribio-Mateas, neurocientífico, redefine el TDAH: “No es un defecto que haya que corregir”
En su libro ‘Cuerpo y mente TDAH’, este investigador en nutrición y salud mental promueve su visión sobre este trastorno a partir de su propia vivencia.


El doctor Miguel Toribio-Mateas es un neurocientífico y nutricionista con más de dos décadas de trayectoria en investigación, docencia y práctica clínica. Especializado en el abordaje del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) y en el estudio del eje intestino-cerebro, lanza su libro ‘Cuerpo y mente TDAH’ -con prólogo de Antonio Valenzuela-, un enfoque que combina la evidencia científica que existe sobre este trastorno con su propia vivencia con la neurodivergencia.
Y es que Toribio-Mateas promueve una visión del TDAH centrada en la empatía, la autocomprensión y la ciencia aplicada al bienestar. Su trabajo lo ha convertido en una voz destacada en el ámbito de la salud mental y la neurodiversidad, reconocido por su capacidad por traducir la complejidad científica en herramientas prácticas que ayudan a las personas a vivir con más claridad y autenticidad.
Redefinir el TDAH: de trastorno a neurotipo
En ‘Cuerpo y mente TDAH’, redefine este concepto dejando claro que “no es un defecto que haya que corregir”: “Es una variación cognitiva, un neurotipo, que trae consigo retos y fortalezas”. “En lugar de sentirte un bicho raro, puedes elegir ver la riqueza de tu mente como parte del amplio espectro de la cognición humada, esos procesos mentales a través de los cuales aprendes y comprendes el mundo que te rodea”, comenta entre las páginas de su obra.
“Las definiciones clínicas se centran en la discapacidad: inatención persistente, hiperactividad, impulsividad y la alteración que estos rasgos causan en la vida diaria. Estas descripciones resultan útiles en entornos médicos, pero rara vez capturan la realidad vivida del TDAH”, añade Toribio-Mateas.
Este doctor insiste en que las mentes con TDAH “están hechas para el pensamiento divergente”, es decir, conectar ideas inesperadas y generar soluciones originales. “Esta capacidad brilla especialmente en el arte, la ciencia o la tecnología, y muchas veces es ahí donde encontramos nuestro lugar natural. En mi caso, fue precisamente mi creatividad la que me salvó cuando decidí ‘reinventarme’ y entrar en el mundo de la neurociencia”, dice.
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“Cuando por fin recibí mi diagnóstico, estaba agotado tanto física como emocionalmente. Ya no tenía energía para seguir castigándome. Había tocado fondo, pero también había llegado a un punto de inflexión. En vez de seguir empujando, decidí empezar a moverme con ternura, con curiosidad, con la compasión como guía”, continúa relatando en su libro sobre su vivencia personal.
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