Marta Panizo, psicóloga: “Si sientes frustración por no cumplir tus objetivos de 2025, aceptar la decepción es el primer paso”
Cuando los propósitos de Año Nuevo no se cumplen, llegan la culpa, la frustración y la sensación de haber fallado otra vez.


Cada enero llega con la misma escena: listas de propósitos, promesas personales y una sensación colectiva de “este año sí”. Hacer ejercicio, estudiar más, comer mejor, ahorrar dinero, cambiar hábitos. El Año Nuevo parece ofrecernos un botón de reinicio, una oportunidad para convertirnos en una versión mejorada de nosotros mismos.
Sin embargo, conforme avanzan las semanas, a veces incluso los días, muchos de esos propósitos empiezan a quedarse en el camino. Y con ello llega la culpa, la frustración y la sensación de haber fallado otra vez. “Diciembre puede ser un mes agridulce. Mientras que el ambiente se viste de fiesta y celebración, muchos comienzan a sentir el peso del ‘fracaso’ por no haber cumplido las resoluciones hechas el enero pasado”, comienza explicando la psicóloga Marta Panizo en una publicación en Instagram.
“Si eres una de estas personas, tal vez la historia que te cuentas es que fallaste. Y la explicación más común que encuentra la mente ante esta situación es decirte que no fuiste capaz. Este pensamiento desata emociones como vergüenza, frustración y decepción. Si o tienes estrategias saludables para procesarlas, puedes caer en un pozo sin fondo de autocrítica y devaluación”, agrega.
Por ello, propone: “Aceptar la vergüenza, la decepción, la frustración o lo que sea que sientas es el primer caso. Y sí, es incómodo. Pero estos sentimientos no durarán para siempre. La vida está llena de imprevistos. Y seguro que en estos meses te topaste con más de uno. No se trata de excusarte, sino de reconocer que a veces el camino te llevará a desviarte o a poner tu atención en cosas diferentes a las que tenías en mente”.
Cómo plantear el camino
Uno de los principales motivos por los que los propósitos no se cumplen es que suelen ser demasiado ambiciosos o poco realistas. Queremos cambiar muchas cosas al mismo tiempo, de forma rápida y sin margen para el error. Además, solemos plantearlos como obligaciones estrictas, no como procesos. Cambiar hábitos lleva tiempo, requiere constancia y, sobre todo, comprensión hacia uno mismo. Esperar resultados inmediatos solo aumenta la presión y reduce la motivación.
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Otro aspecto importante es que la vida real no se ajusta a fechas simbólicas. Los cambios personales no empiezan mágicamente el 1 de enero ni terminan el 31 de diciembre. A lo largo del año surgen imprevistos, cansancio, problemas y prioridades que pueden desplazar aquello que nos propusimos. No cumplir un propósito no significa falta de voluntad; muchas veces significa que estamos respondiendo a lo que la vida nos exige en ese momento.
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