Mara Sánchez, psicóloga: “Nos mantiene atrapados en el pasado, impidiéndonos sanar y avanzar”
La experta explica que no todas las preguntas tienen respuesta, y que se ha de aprender a soltar el ‘por qué’ para que no se convierta en una trampa.


Una de las ideas más difíciles de aceptar, y al mismo tiempo más liberadoras, es que no todas las preguntas tienen una respuesta clara, lógica o satisfactoria. Aun así, la mente humana insiste. Quiere entender, cerrar, explicar. Quiere un por qué que calme el dolor. El problema no es preguntar. El problema aparece cuando la búsqueda incesante de respuestas se convierte en una trampa.
Cuando atravesamos una pérdida, una ruptura, una traición o una experiencia dolorosa, el cerebro entra en modo supervivencia. Preguntarnos “¿por qué pasó?” es, en el fondo, un intento de recuperar control sobre algo que nos desbordó. Si lo entiendo, pienso, quizá no vuelva a doler igual. Pero muchas veces no hay una respuesta completa. O no una que nos dé paz.
Así lo explica la psicóloga Mara Sánchez a través de una de sus populares publicaciones en Instagram: “No todas las preguntas van a tener una respuesta”. Sin embargo, desde la psicología cognitiva, sabemos que la rumiación (darle vueltas una y otra vez a las mismas preguntas) mantiene activas las emociones negativas. El pasado se repite mentalmente, aunque ya no exista en la realidad. El cuerpo reacciona como si aún estuviéramos ahí.
“A veces, la búsqueda incesante de un ‘por qué’ nos mantiene atrapados en el pasado, impidiéndonos sanar y avanzar”, añade. Y para evitarlo, la experta propone lo siguiente: “En lugar de obsesionarnos con encontrar respuestas a preguntas como: ‘¿Por qué me fue infiel?’, ‘¿Por qué me abandonó?’, ‘¿Por qué no me eligió a mí?’, ‘¿Por qué me pasó esto a mí?’, o ‘¿Por qué no soy feliz?’, podemos enfocar nuestra energía en aceptar lo sucedido (reconocer que algunas cosas simplemente suceden y que no siempre hay una explicación lógica o justa), aprender de la experiencia (aunque no encontremos todas las respuestas, podemos extraer valiosas lecciones de lo vivido), y concentrarnos en el presente (en lugar de quedarnos en el pasado, podemos enfocarnos en el aquí y ahora, en lo que podemos controlar y en construir un futuro mejor)”.
Cuando el pasado se convierte en una prisión
Buscar explicaciones puede ser útil al inicio: ayuda a ordenar lo vivido. Sin embargo, cuando el por qué se vuelve obsesivo, nos ancla al pasado. La herida no cicatriza porque la estamos tocando todo el tiempo para ver si ya dejó de doler. “Soltar la necesidad de tener todas las respuestas puede ser liberador. Permítete sentir, permítete sanar y permítete avanzar”, explica Mara Sánchez.
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Aceptar no significa justificar lo que pasó ni minimizar el dolor. Significa reconocer una verdad incómoda: puedo no entenderlo todo y aun así seguir adelante. Desde enfoques como la terapia de aceptación y compromiso (ACT), se trabaja la idea de que el bienestar no depende de resolver todas las dudas, sino de elegir cómo vivir con las que no se resuelven. Renunciar a ciertas respuestas puede sentirse como una derrota del ego, pero en realidad es un acto de cuidado personal. Soltar el “por qué” no borra el pasado, pero sí abre espacio para el presente.
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