Mara Sánchez, psicóloga: “Es uno de los principales factores que pueden alterar la función digestiva”
El estrés crónico aumenta la producción del ácido estomacal, altera la motilidad intestinal y aumenta la permeabilidad intestinal.


El estrés crónico es una realidad cada vez más presente en la vida cotidiana y tiene efectos significativos sobre la salud. Cuando una persona se mantiene durante mucho tiempo en un estado de tensión constante, el organismo deja de responder de forma adaptativa y comienza a resentirse. Una de las primeras áreas afectadas es el sistema intestinal, ya que el estrés altera el funcionamiento normal del aparato digestivo y puede provocar molestias persistentes que interfieren con la vida diaria.
Así lo explica la psicóloga Mara Sánchez en una de sus publicaciones de Instagram: “El estrés crónico es uno de los principales factores que pueden alterar la función digestiva. Cuando experimentamos estrés, nuestro cuerpo libera hormonas como el cortisol”.
Según la experta, este aumentar la producción de ácido estomacal, lo que puede llevar a acidez, indigestión y hasta úlceras, así como altera la motilidad intestinal, causando estreñimiento o diarrea, y, además, aumenta la permeabilidad intestinal, lo que permite que sustancias no deseadas pasen al torrente sanguíneo, y esto puede desencadenar reacciones inflamatorias. Estas manifestaciones no solo generan malestar físico, sino que también aumentan la preocupación y la ansiedad, creando un círculo difícil de romper entre la mente y el cuerpo.
Otras consecuencias
Además, el estrés sostenido también tiene consecuencias sobre el sistema cardiovascular. La activación continua de los mecanismos de alerta eleva la presión arterial y mantiene el corazón trabajando en exceso, lo que a largo plazo incrementa el riesgo de desarrollar enfermedades cardíacas y otros problemas circulatorios.
También se ven afectados el sistema inmunológico y el estado general de energía. El organismo, sometido a una carga constante, reduce su capacidad para defenderse de infecciones y se vuelve más propenso al cansancio y a la fatiga persistente. Esto hace que las tareas cotidianas resulten más difíciles y que la recuperación física sea más lenta.
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Por último, el estrés crónico tiene un impacto notable en la salud mental y emocional. Puede favorecer la aparición de ansiedad, cambios de humor, dificultades para concentrarse y trastornos del sueño, afectando de manera directa la calidad de vida. Por todo ello, comprender sus consecuencias y aprender a gestionarlo adecuadamente es fundamental para preservar el bienestar físico y psicológico a largo plazo.
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