Luis Fernando Díaz, neumólogo: “Es aconsejable hacerlo sin demora ante confusión, dolor torácico o cansancio intenso”
Gripe, COVID, VRS o resfriado: más allá del malestar inicial, la evolución de los síntomas orienta el seguimiento y ayuda a detectar señales de alarma.


Con la llegada del invierno y el aumento del tiempo en estancias cerradas, incrementa la circulación de virus respiratorios. En este contexto coinciden la gripe, la COVID, el virus respiratorio sincitial (VRS) y el resfriado común, todos ellos con síntomas que pueden solaparse en las fases iniciales. Aunque no siempre resulta sencillo identificar el origen del cuadro al comienzo, en la mayoría de los casos el abordaje inicial es similar y se centra en aliviar los síntomas. Por eso, desde un punto de vista de educación sanitaria, cobra especial relevancia reconocer qué perfiles presentan más riesgo y qué signos indican que conviene consultar con un profesional sanitario.
“Al inicio es frecuente la aparición de malestar general y congestión. La clave está en observar cómo evolucionan los síntomas y cómo progresa el cuadro con el paso de los días. Esa evolución, junto con la edad y los antecedentes de cada persona, ayuda a valorar el nivel de riesgo y a decidir cuándo conviene consultar”, explica Alfonso Marco, jefe de servicio de Urgencias del Hospital Universitario Sanitas La Moraleja.
En términos generales, la gripe suele comenzar de forma brusca, con fiebre alta, dolor muscular intenso y un cansancio acusado que limita la actividad diaria. Aunque aparecen tos o dolor de garganta en algunos casos, destaca el impacto general sobre el organismo, más que los síntomas localizados en nariz o garganta.
En el caso de la COVID, el inicio puede ser gradual o repentino y la sintomatología resulta más variable. Se manifiesta con fiebre, tos, dolor de garganta, cefalea o fatiga y, en determinadas personas, con alteraciones del gusto u olfato, aunque estas no siempre están presentes. Esta diversidad de manifestaciones explica que, en los primeros días, resulte difícil diferenciarla de otros procesos respiratorios.
Por otro lado, el virus respiratorio sincitial presenta un comportamiento distinto según la edad. En bebés y niños pequeños suele manifestarse con tos persistente, dificultad para alimentarse y signos de esfuerzo respiratorio. En adultos jóvenes cursa habitualmente como un cuadro leve, similar a un catarro, mientras que en personas de edad avanzada, durante el embarazo o cuando existen patologías crónicas o situaciones de inmunodepresión, aumenta el riesgo de complicaciones y puede requerirse una valoración clínica más temprana.
“En edades avanzadas, una infección respiratoria que parece leve puede descompensar enfermedades previas. Por eso conviene consultar antes ante falta de aire, debilidad marcada, somnolencia o un empeoramiento progresivo del estado general”, añade Miryam Piqueras, Directora de Gobierno Clínico de Sanitas Mayores.
Por su parte, el resfriado común aparece habitualmente con congestión nasal, estornudos, mucosidad y molestias de garganta. La fiebre, cuando surge, suele ser baja y permite mantener una actividad relativamente normal, aunque con incomodidad.
“No es solo relevante el síntoma inicial, sino cómo progresa el cuadro con el paso de los días. Si la fiebre no remite, el estado general empeora o aparece dificultad respiratoria, conviene consultar con un profesional sanitario. También es aconsejable hacerlo sin demora ante señales como confusión, dolor torácico, cansancio intenso que no mejora o dificultades para mantener una hidratación adecuada”, señala Luis Fernando Diaz, neumólogo del Hospital Universitario Sanitas La Moraleja.
Recomendaciones para esta época del año
Ante esta situación, conviene consultar con el médico de Atención Primaria si existen factores de riesgo (edad, embarazo, inmunodepresión o enfermedades crónicas) o si el cuadro no sigue una evolución esperable. Además, debe acudirse a un servicio de urgencias ante señales de alarma, como dificultad respiratoria, dolor torácico, confusión, empeoramiento marcado del estado general o imposibilidad de mantener una hidratación adecuada.
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Mientras persistan las molestias, se recomienda reducir el contacto estrecho con otras personas y reforzar la ventilación de los espacios interiores. Asimismo, la higiene de manos debe mantenerse de forma frecuente. Y, por supuesto, el descanso y una hidratación adecuada favorecen una mejor evolución. En caso de falta de apetito, conviene priorizar comidas ligeras y fraccionadas, según tolerancia.
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