Psicología

Laura Polo, psicóloga: “Influye directamente en cómo nos relacionamos con los demás”

La experta en psicología acaba de publica ‘Lo que se permite se repite’, un libro en el que enseña a entender nuestro pasado para cambiar nuestro presente.

Laura Polo, psicóloga: “Influye directamente en cómo nos relacionamos con los demás”
Marta Rodríguez Peleteiro
Su trayectoria en Prisa comenzó en AS, en 2006, en la sección de Cierre. Posteriormente asumió la coordinación de la revista AS Color y la redacción de los blogs Match Point y Erratas de Campo. En 2017 pasó a formar parte de PrisaNoticias, en el control de producción de El País y AS, y volvió a AS a finales de 2022, como redactora de Tikitakas.
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Desde pequeños, se nos dice que repetir las cosas es importante: para aprender en la escuela, para fijar hábitos en casa… Sin embargo, la repetición es un arma de doble filo porque, del mismo modo que puede darnos alas, puede arrastrarnos a una espiral de la que es difícil salir. Nos desgasta y nos duele, pero solo si se lo permitimos. Por ello es tan importante disponer de herramientas para romper con los ciclos tóxicos o para tratarlos incluso antes de que sucedan.

Preciosamente de esto va Lo que se permite se repite, el libro de la psicóloga Laura Polo, quien ofrece en él claves para aprender a trabajar nuestro diálogo interno, a cultivar el amor propio y a cuidar de nuestras relaciones con los demás sin caer en dinámicas dañinas. “Muchas veces repetimos dinámicas que nos hacen daño porque nos resultan familiares. Nuestro cuerpo y nuestras emociones las reconocen como’“seguras’, aunque no lo sean. Lo familiar genera previsibilidad: sabemos qué esperar y qué papel ocupar, incluso si duele. Nuestro cuerpo prefiere lo familiar a lo incierto, aunque lo primero nos haga daño. Romper un patrón no es solo una decisión racional; implica enseñarle al cuerpo que lo nuevo también puede ser seguro, tolerar la incomodidad y sostener límites diferentes. Por eso, entender el patrón es solo el primer paso; cambiarlo requiere tiempo y práctica”, explica la experta en una charla con AS.

Sin embargo, con el título del libro pareciera que se no repetir es una cuestión de responsabilidad personal: “Para trabajar esta idea sin caer en la culpa o la autoexigencia, la clave es cambiar el enfoque de juicio a observación consciente. No se trata de castigarnos por lo que hemos permitido antes, sino de identificar patrones, límites y necesidades de manera neutral. Se puede empezar por preguntarse qué está bajo nuestro control y qué no, reconociendo que no podemos cambiar a los demás, solo la manera en que nos posicionamos frente a ellos. Poner límites claros y sostenerlos poco a poco permite ejercer responsabilidad personal de forma sana, sin presionarnos a hacerlo todo perfecto ni a cambiar de golpe”.

Origen en la infancia

Para Polo, el origen de cómo establecemos vínculos y límites se encuentra en la infancia: “El apego, que es el tipo de vínculo que tuvimos con nuestros cuidadores en la infancia, juega un papel clave en los ciclos tóxicos que a veces repetimos en la vida adulta. Durante los primeros años, aprendemos sobre seguridad, límites y relaciones a través de esas primeras conexiones, pero también a través de nuestras experiencias tempranas con iguales o pares, como hermanos, amigos o compañeros de juego. Si el apego fue inseguro o si las interacciones con los pares reforzaron dinámicas de tensión o rechazo, aprendemos patrones que luego se repiten: tolerar conductas dañinas, priorizar a los demás sobre uno mismo o anticipar rechazo. Estos patrones se sienten familiares y ‘seguros’ para el cuerpo, aunque nos lastimen. Comprender cómo se formaron nuestro apego y nuestras primeras experiencias sociales permite interrumpir esos ciclos, poner límites más sanos y elegir relaciones que respeten nuestras necesidades, en lugar de repetir lo que ya nos hizo daño”, explica la psicóloga.

Y hace hincapié en hablarnos con respeto para mejorar estas dinámicas: “El diálogo interno influye directamente en cómo nos relacionamos con los demás porque lo que nos decimos a nosotros mismos modula lo que estamos dispuestos a tolerar y cómo reaccionamos ante los límites. Si nuestro interno está lleno de culpa o autoexigencia, podemos postergar poner límites o aceptar conductas que nos dañan, porque sentimos que no tenemos derecho a cuidar de nosotros mismos. En cambio, un diálogo interno consciente y compasivo nos permite reconocer lo que nos duele, validar nuestras emociones y actuar según nuestras necesidades, incluso cuando eso implica decir ‘no’ o alejarnos de situaciones que nos afectan. Aprender a escucharnos y hablarnos con respeto es fundamental para establecer relaciones más sanas, con límites claros y respeto mutuo”.

Por qué no sostenemos los límites

Sin embargo, muchas veces, pese a entender la teoría, no sostenemos los límites en la práctica: “Estos límites se llaman difusos o ausentes. En estos casos, la persona cede rápidamente si se le presiona, incluso aunque la situación le resulte incómoda o dañina. Esto suele ocurrir por miedo al rechazo, al conflicto o a sentirse culpable, pero también por otros factores: inseguridad sobre lo que realmente necesita o quiere, baja autoestima, patrones aprendidos en la infancia donde expresar necesidades no estaba permitido, o la creencia de que cuidar de los demás siempre es más importante que cuidarse a sí mismo. Sostener límites requiere conocer y validar las propias necesidades, aceptar que decir’“no’ no es egoísmo y practicar la firmeza de manera gradual. No se trata de ser inflexible, sino de respetarse a uno mismo mientras se interactúa con los demás, incluso frente a la presión social o emocional”.

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El cambio es posible porque los patrones que repetimos no son fijos, sino aprendizajes que nuestro cuerpo y nuestra mente reconocen como familiares. Al tomar conciencia de ellos, comprender qué emociones y necesidades los sostienen y practicar nuevas formas de actuar, podemos ir transformando esos hábitos. Con tiempo y constancia, podemos crear nuevas maneras de vivir y relacionarnos con los demás”, concluye.

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