Salud

Byung-Chul Han, filósofo: “Quedarse en casa es la manera más lúcida de resistencia; es un bastión de libertad”

El pensador surcoreano recomienda huir de los estímulos constantes y aprender a hallar la felicidad y la libertad lejos del ruido de la sociedad actual.

Europa Press
Sergio Murillo
Nació en Santa Marta de Tormes en 2001 y creció entre Guadalajara y Badajoz. Amante de la literatura, estudió Periodismo en la URJC. Se estrenó como jefe de Cultura en El Generacional. Ha sido corresponsal para El Estilo Libre y conductor de informativos en Cadena COPE. Entró en Diario AS en 2023 como redactor en Actualidad.
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Hay mil y una formas de acercarse al concepto de felicidad y, probablemente, todas sean tan acertadas como erróneas. De navegar este complejo mar de suposiciones y teorizaciones poco tangibles se encarga la filosofía y profesionales de esta materia, como Byung-Chul Han. Este pensador y filósofo surcoreano hace años que vive en Alemania y ha sido ampliamente conocido en España tras ganar el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2025; de un tiempo a esta parte, sus tesis han estado encaminadas a la crítica de la sociedad actual y cómo esta pervierte y corrompe el cerebro humano.

En pocas palabras, opina que las personas del siglo XXI viven en un cansancio constante debido a la productividad que el propio ser humano del presente se autoexige. Y esto da pie a los grandes males de hoy, que, para él, son los trastornos mentales. Diríase que opina que la sociedad ‘mata’ al humano desde dentro.

La democracia, en peligro

Fue en Oviedo y hace unos meses cuando, al recibir el galardón, ahondó en ello. “Moramos en un orden horizontal de consumo; la comunicación y la información constante convierten la sociedad en una cápsula vacía de contenido, sin aspiraciones elevadas ni orientación”, trataba de resumir. Dicho escenario daría pie a una confrontación peligrosa: “Sin respeto, la democracia está en peligro”.

Para evitar esto, Chul Han propone alejarse del ruido. Y, en ocasiones, para llevar esto a cabo no hace falta más que, simplemente, no salir a la calle. “Quedarse en casa es la manera más lúcida de resistencia”, aconsejó, añadiendo que el capitalismo actual “odia el vacío y el silencio” y que eso es justo lo que uno encuentra en su hogar, que se convierte así en un “bastión de libertad”. No significa esto que deba uno quedarse en casa, sino que le conviene aprender a hallar en la ausencia de estímulos un auténtico manantial de reflexión.

Abrazar el dolor

Si esto es logrado, entonces, hallará la verdadera libertad. “Pensamos que somos libres, pero pasamos de una adicción a otra”, agregaba el pensador, que tachaba de trampa “el énfasis en los nuevo y en el hacer constante”, que han convertido a la felicidad en “una especie de capital emocional” con consecuencias terribles en la mente de cada uno: “La obligación de ser feliz genera una presión devastadora”.

De ahí que Han concluya su tesis afirmando que la propia obligación que la sociedad impone de ser feliz se haya convertido en “la nueva forma de dominación”. Lamenta que también se imponga huir del dolor, cuando la felicidad, de ser posible, solo lo es “en fragmentos”; y el dolor, precisamente, “trae la felicidad y la sostiene”. Es parte inseparable. Quizá por ello haya mil y una formas de acercarse a la felicidad. Todas rematadamente certeras e imprecisas.

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