Becky Kennedy, psicóloga experta en relaciones padres-hijos, revela la estrategia de ‘relación definitiva’: “Todos los padres hacen eso”
Esta terapeuta infantil desgrana las lecciones que pueden ayudar a los más pequeños a mantener relaciones saludables y felices en el futuro.

Durante décadas, la crianza estuvo asociada a la idea de autoridad incuestionable y control emocional constante. Sin embargo, una mirada más actual (y más humana) propone algo distinto: aceptar que ningún padre es perfecto no solo es inevitable, sino profundamente beneficioso para el desarrollo de los hijos. Así lo sostiene la psicóloga infantil Becky Kennedy, quien defiende que los errores parentales, cuando se reconocen y se reparan, se convierten en poderosas herramientas educativas.
Kennedy, psicóloga formada en la Universidad de Columbia, autora y presentadora del popular pódcast sobre crianza ‘Good Inside’, abordó este tema recientemente en el programa ‘What Now?’, conducido por el comediante Trevor Noah. Allí explicó que las relaciones —incluida la que se construye entre padres e hijos— se fortalecen no por la ausencia de conflictos, sino por la capacidad de repararlos.
“Aprendemos más en nuestras relaciones cuando las personas asumen la responsabilidad de su comportamiento y se reconcilian”, afirmó. Para ella, privar a los niños de esa experiencia sería negarles una lección clave para su vida adulta: cómo construir vínculos sanos y duraderos.
El valor de la reparación emocional
Según Kennedy, reparar un error es “la estrategia de relación definitiva”. En el contexto familiar, esto implica que los padres sean capaces de reconocer cuando se equivocan —por ejemplo, al perder la paciencia o reaccionar con gritos— y vuelvan sobre ese momento para restablecer el vínculo. No se trata solo de decir “perdón”, sino de mostrar con hechos que los errores no definen a una persona y que siempre es posible recomponer.
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Este enfoque transmite a los niños un mensaje fundamental: equivocarse es parte natural de la experiencia humana, y lo importante no es la falla en sí, sino la forma en que se responde a ella. De acuerdo con especialistas en desarrollo infantil, este aprendizaje ayuda a prevenir el perfeccionismo extremo, un rasgo cada vez más común que puede derivar en ansiedad, culpa crónica y baja autoestima.
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