Salud

Anna Lembke, psiquiatra: “Las drogas se están volviendo aún más potentes con el tiempo y conducen a la anhedonia”

La experta ha revelado cómo las particularidades de la coyuntura actual hacen a las personas más vulnerables a las adicciones.

Anna Lembke, psiquiatra: “Las drogas se están volviendo aún más potentes con el tiempo y conducen a la anhedonia”
Sergio Murillo
Redactor de Tikitakas
Nació en Santa Marta de Tormes en 2001 y creció entre Guadalajara y Badajoz. Amante de la literatura, estudió Periodismo en la URJC. Se estrenó como jefe de Cultura en El Generacional. Ha sido corresponsal para El Estilo Libre y conductor de informativos en Cadena COPE. Entró en Diario AS en 2023 como redactor en Actualidad.
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Sobre las adicciones hay mucho escrito y, pese a ello, poco interiorizado. Se normalizan los consumos de ciertas sustancias y, con ello, la reconfiguración de nuestro cerebro y la pérdida de la realidad. Se entiende que es real lo que no, y viceversa. Quien se encarga de impulsar la motivación y el placer en el cuerpo es la dopamina, cuyo balance se ve completamente desestabilizado con el consumo de este tipo de sustancias.

Sabe de ello la psiquiatra Anna Lembke, profesora y directora de Medicina de las Adicciones en la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford (Estados Unidos). En una reciente entrevista en The Diary of a CEO ha hecho hincapié en las particularidades de la coyuntura actual y cómo esta influye tremendamente en la creación de adicciones.

La influencia del presente

“Vivimos en una época y un lugar en los que tenemos más acceso a los artículos de lujo, más ingresos disponibles, más tiempo libre, incluso para los más pobres de entre los pobres, que nunca antes en la historia. Y resulta que eso es estresante para nuestro cerebro”, ha explicado, remarcando que resulta “estresante de una forma totalmente nueva a la que realmente no nos hemos enfrentado antes, lo que nos hace a todos más vulnerables al problema del consumo compulsivo y la adicción”.

Mirando al futuro, la experta vaticina que “vamos a tener que lidiar con el problema del consumo compulsivo en un mundo de abundancia en el futuro previsible. Y nuestra supervivencia dependerá de que descubramos cómo vivir en un mundo de abundancia, a pesar de que nuestros cerebros hayan evolucionado para un mundo de escasez”; este torbellino no termina nunca porque “el acceso en sí mismo es uno de los mayores factores de riesgo para la adicción”.

La actuación del cuerpo

Y todo va al mismo sitio. “¿Y qué le hacen las sustancias y los comportamientos adictivos a nuestro cerebro? Liberan mucha dopamina de golpe en una parte específica del cerebro llamada vía de recompensa. Y el hecho de que liberen tanta dopamina de golpe significa que son experiencias muy destacadas y memorables”, cuenta, pasando directamente a explicar qué es lo que el órgano realiza: “Así que nuestro cerebro codifica profundamente esa experiencia. Esa experiencia de placer intenso que me autoadministré y que podría volver a repetir”.

Esto es así porque “en un mundo de escasez y peligro constante, que es el mundo para el que hemos evolucionado, nos acercamos de forma natural y reflexiva al placer y evitamos el dolor”. Y aquí entran las drogas y el alcohol, que “imitan esas recompensas naturales, amplificando esa experiencia, haciéndola aún más memorable, aún más destacada, y también haciendo que nuestro cerebro piense que es importante para su supervivencia”.

¿Cómo se combate?

Si uno es avispado observará una consecuencia terrible en todo esto. “Dicho de forma más sencilla, las drogas se están volviendo aún más potentes con el tiempo”, resume, a lo que añade que “por lo tanto, esta vulnerabilidad al cerebro secuestrado es aún más común, incluyendo el consumo de cosas que ni siquiera considerábamos drogas y que se han convertido en drogas”. Esta espiral, que no es sino una búsqueda incesante de placer, “conduce a la anhedonia, que es la incapacidad de disfrutar de nada en absoluto”.

Con todo, dice, se puede salir del círculo vicioso. “Lo que debes hacer es abstenerte de consumir tu droga preferida durante el tiempo suficiente para restablecer las vías de recompensa. Y tienes que hacerlo al menos durante cuatro semanas”, resuelve, invitando al organismo a que conozca “otras recompensas más modestas sin estar en un estado constante de ansia”. Y ahí podrá uno empezar a ver la luz.

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