Ángela Esteban, psicóloga, detalla la ‘técnica sándwich’ para lidiar con los compañeros de trabajo insoportables: “Nuestros mayores aliados”
Conocida en redes como @gamanpsicologia, acaba de publicar ‘No vas a heredar la empresa’, donde aporta soluciones para quienes se sienten quemados en su empleo.


Ángela Esteban, más conocida en redes como @gamanpsicologia, acaba de publicar en Bruguera No vas a heredar la empresa, un libro donde da las claves para acabar con el estrés en el trabajo antes de que este acabe con los empleados. Se trata de un libro para todos aquellos que empiezan a contar las horas que faltan para el fin de semana el lunes por la mañana, nada más llegar al trabajo.
Y estos no son pocos: más de la mitad de las personas se sienten quemadas con su empleo. “Por un lado, esa infelicidad se puede explicar por las condiciones del contexto laboral actual. Sabemos que este gira en torno a la productividad, pero también se ha vuelto más exigente: jornadas más largas, elevada carga de tareas, falta de reconocimiento (porque ‘es lo que debes hacer’ o, si no, lo que se halaga es ‘el sacrificio’), intromisiones fuera del horario laboral, menos estabilidad, objetivos pocos realistas, sueldos que apenas llegan para cubrir los gatos, etc. Además, el coste de la vida también se ha disparado (la vivienda, la comida, los servicios…), lo que nos genera una sensación constante de supervivencia que, por lo general, suele dejar en un segundo plano el cuidado de nuestra salud mental”, explica Ángela Esteban en una charla con AS.

“Por otro lado, también están los factores individuales. Si hemos crecido creyendo que nuestro valor depende de cuánto hagamos o de lo bien que trabajemos, es muy probable que, de mayores, nos sigamos exigiendo, nos culpemos por descansar o sintamos ansiedad si no cumplimos con todo”, añade. “De esta manera, el burnout o la insatisfacción laboral es el resultado de una suma: el coste elevado de la vida, el halago social del ‘sacrificio’, un entorno laboral que a veces pide demasiado y unas personas que, por cómo han sido educadas, se sienten obligadas a responder a ese ‘demasiado’ sin poder frenar o cuestionarlo (o, si lo hacen, no suelen encontrar comprensión y validación en su entorno)”.
Qué hacer ante el ‘burnout’
Para todas aquellas personas que se sienten identificadas con ese síndrome del trabajador quemado, Esteban recomienda, en primer lugar, que escuchen, comprendan y validen lo que estén sintiendo. “Aunque parezca algo básico, es un paso muy importante y necesario cuando lo que sueles recibir, por lo general, es todo lo contrario. Porque no son menos válidos por no llegar a todo, ni tampoco están exagerando por sentirse infelices o agotados. Y aunque comprender esto es el primer paso, también es normal que se despierten emociones incómodas y contradictorias. Porque cuando empiezas a escucharte y te das cuenta de que tu malestar se debe principalmente al trabajo, y siempre te han dicho que deberías ‘sentirte agradecido’ por tener uno, te puede invadir la culpa por ‘no saber valorarlo’. Pero esa culpa no viene de ti, sino de haber interiorizado el mensaje de que ‘el trabajo lo justifica todo’, incluso el agotamiento”.
“Por eso, cuando no podemos cambiar el entorno, lo que podemos hacer es buscar el sentido vital fuera del trabajo. Puedes empezar preguntándote lo siguiente: ¿qué cosas pequeñas me ayudan a sentirme vivo aunque esté cansado?, ¿qué personas pueden ser un refugio para parar, hablar y dejarme sostener?, ¿en qué áreas puedo encontrar algo de calma o de sentido fuera del trabajo?, ¿qué cosas puedo hacer, que me ayuden a regularme emocionalmente?, ¿qué me puedo empezar a decirme, para validar mi experiencia y mis emociones?”, añade.
Tal como explica la psicóloga, por mucho estrés que genere un trabajo, no siempre será posible dejarlo cuando este es el que paga las facturas, o no se dispone de una ayuda social o económica para hacerlo. “En este caso, reflexionar sobre los pequeños cambios que podemos hacer para que nos ayuden a sobrellevar el trabajo y estar mejor en él es la mejor opción. A nivel individual podemos fijarnos, por ejemplo, en lo siguiente: si nuestra autoexigencia es demasiado elevada, si nuestro autodiálogo es demasiado crítico y castigador, si estamos permitiéndonos descansar cuando lo necesitamos, si estamos escuchando y regulando nuestras emociones, si le estamos dando tiempo y atención al resto de áreas de nuestra vida y las cosas que nos hacen bien, etc.”, comenta.
“A nivel laboral, también podríamos valorar lo siguiente: si estoy poniendo límites con las personas de mi entorno (y también conmigo mismo), si estoy poniendo el foco en separar lo laboral de lo personal, si me estoy comprometiendo a no responder mensajes fuera del horario laboral, si nuestras expectativas laborales son inflexibles o difíciles de alcanzar, si necesito organizarme mejor, etc.”, agrega. “Aun así, reducir el estrés laboral no es solo una responsabilidad individual. Por mucho que aprendamos, por ejemplo, a practicar la autocompasión, organicemos mejor el tiempo y las tareas o empecemos a decir ‘no’, el entorno laboral tiene un papel fundamental e indiscutible en que, estos cambios o mejorías, se produzcan y el problema deje de persistir”.
Compañeros insoportables
Otro de los elementos estresantes en el trabajo son aquellos compañeros con los que no tenemos afinidad y de los que no nos podemos alejar porque estamos obligados a trabajar juntos durante horas al día. ¿Qué recomienda la psicóloga en este caso? “Cuando sucede esto, los límites son nuestros mayores aliados. Solemos creer que poner límites significa confrontar, pero realmente es lo que nos permite trasladar las necesidades, emociones y/o peticiones de ambas partes, para que las relaciones sean más sanas y recíprocas (o para protegernos de estas cuando no lo son)”.
“Una manera de hacerlo es usando la ‘técnica sándwich’, que consiste en empezar usando un mensaje empático, continuar con el ‘no’ o el límite que se quiere poner y terminar proponiendo una alternativa o solución (esto último es opcional). Por ejemplo, si hay un compañero que siempre se queja o descarga su frustración en ti, podrías decirle: ‘Entiendo que estés pasando por un mal momento y necesites hablar, pero ahora mismo estoy ocupado con esta tarea y no puedo atenderte’”, comienza explicando.
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“Aun así, no siempre van a aceptar o respetar nuestros límites. En ese caso es mejor dejar nuestra asertividad para quien la entienda y la merezca. Porque protegerse también es no ‘entrar’ en conversaciones negativas y discusiones repetitivas, ni intentar razonar con alguien que no quiere hacerlo. En estas situaciones, la mejor estrategia suele ser mantener una distancia emocional y práctica: hacer tu trabajo y no involucrarte más de lo indispensable y profesional. Y, por supuesto, si la situación se vuelve realmente incómoda y hay faltas de respeto, hablar con un superior o con recursos humanos”, zanja.
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