Psicología

Alfonsy Díaz, psicóloga: “Se asocia a un mayor riesgo de síntomas ansiosos y depresivos”

Tras el pico de actividad social de las fiestas, el inicio del año puede intensificar la sensación de soledad en personas mayores.

Mucha gente asegura que los tics faciales, morderse los labios o bajar la mirada son señales inequívocas de una mentira. Sin embargo, la ciencia ha demostrado que esta no es la manera de coger a un mentiroso.
Alex Green (pexels
Marta Rodríguez Peleteiro
Su trayectoria en Prisa comenzó en AS, en 2006, en la sección de Cierre. Posteriormente asumió la coordinación de la revista AS Color y la redacción de los blogs Match Point y Erratas de Campo. En 2017 pasó a formar parte de PrisaNoticias, en el control de producción de El País y AS, y volvió a AS a finales de 2022, como redactora de Tikitakas.
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El mes de enero suele marcar un punto de inflexión emocional para las personas mayores. Tras semanas de encuentros familiares, celebraciones y una agenda social más intensa, la vuelta a la rutina puede ir acompañada de una mayor sensación de vacío y aislamiento. Este contraste favorece la aparición o intensificación de la soledad no deseada, un fenómeno que tiene consecuencias relevantes sobre la salud mental y emocional en la población mayor.

Así lo corrobora Alfonsy Díaz, psicóloga de Sanitas Mayores: “El paso de un entorno socialmente activo a otro más silencioso puede generar tristeza, desánimo y una vivencia de desconexión, especialmente en personas mayores que viven solas o que cuentan con poco acompañamiento diario. Cuando a esta situación se suman circunstancias como la pérdida de seres queridos, la jubilación o una red social más limitada, el impacto emocional tiende a intensificarse”.

Sin embargo, este impacto emocional no suele manifestarse de forma inmediata. A lo largo de las primeras semanas del año, la disminución de planes sociales, el frío y la menor actividad fuera del hogar acentúan el aislamiento. De manera progresiva, la rutina diaria puede poner de manifiesto la falta de estímulos sociales y emocionales, lo que incrementa la sensación de soledad.

“La soledad mantenida en el tiempo se asocia a un mayor riesgo de síntomas ansiosos y depresivos, alteraciones del sueño y un empeoramiento de la percepción de la propia salud. Además, cuando esta situación se prolonga, suele disminuir la iniciativa para relacionarse, lo que refuerza el aislamiento y dificulta recuperar el equilibrio emocional”, añade Alfonsy Díaz.

Qué hacer

En este contexto, los expertos en psicología de Sanitas Mayores recomiendan reforzar rutinas y apoyos que contribuyan a contrarrestar la soledad no deseada durante los primeros meses del año. Para ello, conviene asignar pequeños objetivos semanales. Tener metas sencillas, como escribir un relato breve, preparar una receta concreta o aprender algo nuevo, sirve para dar estructura a la semana y conservar una sensación de progreso. No obstante, estos objetivos conviene que no sean exigentes, sino realistas, para ajustarlos al nivel de energía de cada día.

Asimismo, se ha de hacer hincapié en mantener el cuidado personal como prioridad diaria. Vestirse, arreglarse y cuidar la higiene personal, aunque no haya planes sociales, se relaciona con el estado de ánimo. Por ello, conservar estas rutinas puede reforzar la autoestima y limitar la apatía cuando disminuye el contacto social. Además, es fundamental incorporar movimiento físico adaptado: caminar a diario y realizar estiramientos suaves mejora el bienestar físico y mental. La actividad física regular contribuye a mejorar el estado de ánimo, reduce la sensación de cansancio y facilita afrontar el día con más energía.

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Por otro lado, se ha de estimular la mente con actividades que exijan atención, como realizar pasatiempos como sudokus, juegos de memoria, lectura o aprender nuevas habilidades, lo que estimula la mente y permite sostener la atención en tareas concretas, de modo que los pensamientos negativos no ocupen más espacio del deseable. Asimismo, se han de cuidar los horarios de sueño y descanso. Dormir y despertarse a horas similares cada día permite regular el ritmo diario y favorecer una mayor estabilidad emocional. Un descanso adecuado también influye en el ánimo y facilita afrontar el día con más energía y claridad mental.

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