Salud

Albert Szent-Györgyi, Nobel de Medicina: “Cada mañana, sin falta, me levanto antes del amanecer y corro tres kilómetros, sin importar mi humor o el clima”

El médico, nacido en Budapest a finales del siglo XIX, fue herido en la Gran Guerra y objetivo de Hitler en la Segunda Guerra Mundial.

Nobel Prize-winning biochemist Dr. Albert Szent-Gyorgyi is famous for discovering vitamin C. His work with plant bioflavinoids may prove valuable to a wide variety of ailments, from the common cold to heart disease. Bioflavinoids improve uptake and utilization of vitamin C.
Bettmann
Daniel Pérez G.
Redactor Tikitakas
Nació en Madrid en 1998. Licenciado en Periodismo y Comunicación Audiovisual por la UC3M. Entró en Diario AS como becario de Actualidad en 2020, aunque también ha pasado por las secciones de Directos y Más Deporte cubriendo algún evento de ajedrez. Desde agosto de 2022 escribe en Tikitakas.
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Albert Szent-Györgyi, galardonado con el Premio Nobel de Medicina en 1937 por su descubrimiento de la vitamina C, fue mucho más que un médico y científico. Nacido en la Budapest de finales del siglo XIX, vivió en sus carnes los estragos de la Primera y la Segunda Guerra Mundial. En la Gran Guerra fue herido disparándose a sí mismo para huir del frente, mientras que en la Segunda Hitler ordenó su arresto al saber que estaba negociando clandestinamente con los Aliados.

Mientras se jugaba el tipo por conseguir una tregua que terminara con los millones de personas que estaban muriendo en Europa, Szent-Györgyi no renunciaba a su faceta como médico. Justo antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial, allá por 1928, el científico intentaba entender la oxidación celular en la Universidad de Cambridge. Él pensaba que el ácido hexurónico prevenía el escorbuto, pero no tenía suficiente cantidad como para empezar las pruebas en animales.

No fue hasta cuatro años más tarde, ya de vuelta en Hungría, cuando con el investigador J.L. Svirbely planteó los estudios con cobayas. A unas no se les administró este ácido y desarrollaron escorbuto, mientras que al otro sí se le dio y se mantuvieron sanos concluyendo, de esa manera, que la vitamina C y al ácido hexurónico eran lo mismo.

En extender sus teorías y desarrollarlas todavía más a fondo jugó un papel fundamental una de las joyas de la corona de la gastronomía magiar: el pimentón. Una noche, su mujer le hizo pimientos para cenar, pero él se los llevó al laboratorio. Allí, trabajando con ellos, consiguió aislar un kilogramo de cristales de vitamina C pura y determinar, por tanto, la estructura química de la misma, a la que renombró como ‘ácido ascórbico’.

A diferencia de las proteínas o las grasas, las vitaminas son catalizadores, es decir, aceleran las reacciones químicas metabólicas en el organismo sin consumirse en el proceso. “Una vitamina es una sustancia que te hace enfermar si no la comes”, defendió el médico. Y es que su ausencia paraliza la maquinaria celular, tal y como se demuestra en las dietas repletas de ultraprocesados que no tienen micronutrientes esenciales. “La salud no es no tener hambre, sino que cada enzima tenga su vitamina para funcionar”.

Szent-Györgyi murió a los 93 años en 1986. Hasta sus últimos días mantuvo una lucidez asombrosa y no fue gracias a la vitamina C, como él dijo, sino a su actividad física constante. En Estados Unidos, donde se exilió tras huir de la ocupación soviética de Hungría, practicaba todo tipo de deportes tanto por tierra como por mar.

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De hecho, otra de sus célebres frases fue “cada mañana, sin falta, me levanto antes del amanecer y corro tres kilómetros, sin importar mi humor o el clima”. El húngaro entendió que el ejercicio regulaba el estado de ánimo y no se tenía que hacer solo cuando se estaba bien. Además, tenía ventaja porque era consciente de que corriendo activaba las proteínas igual que una bici eléctrica va más rápido cuantos más pedales se den.

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