La leyenda de Aczino
El mexicano se corona campeón de FMS Internacional en Ciudad Juárez y suma tres magnos eventos de Urban Roosters y otros tres de Red Bull Batalla.


En la Plaza de la Mexicanidad de Ciudad Juárez se mandó construir un monumento a la tradición nacional allá por 2013. Fue una ‘X’ roja de 64 metros muy próxima al Río Bravo que casi tiene lo mismo de alto que de distancia a la mentada línea de agua que separa México de los Estados Unidos. Hoy es todo un símbolo de la urbe fronteriza. Sus aspas fueron testigo de FMS Internacional este pasado fin de semana y, como recordatorio inmóvil, reflejaron la enseñanza de la jornada desde mucho antes de su comienzo: cuando se construyó, Aczino ya había ganado su primera Nacional de Red Bull Batalla. Y lo que este sábado ocurrió fue que el magno evento de Urban Roosters vino a elevar la leyenda mexicana, la contribución de este país al ecosistema del freestyle y, en definitiva, la figura inmortal de aquel que hizo el pacto con el innombrable. Aczino. Tricampeón de Red Bull Batalla Internacional y tricampeón de FMS Internacional.
Tampoco era casualidad el templo escogido. Se puso el broche de oro a una temporada histórica —y, en términos de audiencia, sorprendentemente resucitadora— en el país que más empujón ha tenido en la comunidad. El elenco hacía presagiar un evento de altos vuelos y la coincidencia temporal, a tan solo dos semanas de distancia de la Final Internacional de Red Bull Batalla en Chile, permitió la reutilización de diversas líneas argumentales. Y delante 50.000 personas, lo que supone un récord de asistencia para la disciplina. No se puede decir que el día no cumpliera las expectativas. Fue histórico. Si hubo alguna sombra derivada del espectáculo de luces que debió manifestar el atardecer en Juárez quizá se halló, precisamente, en eso. En el peso de la historia. La victoria de Mau, que fue campeón legítimo, justo y matemático, evidenció una realidad algo tabú en el freestyle: cuesta votar en contra de Aczino.
El mosaico de los octavos
Arrancó soleada la tarde con un enfrentamiento entre el propio Aczino y KG que nadie vio venir: el peruano mordió y hasta inició mejor el duelo, pero terminó imponiéndose la inteligencia de un Mau que parece haber vivido más de una vida dedicado al freestyle. Ya sabe el lector que no existe mayor sabiduría que la que otorga la experiencia, y el propio Aczino, a medio gas, hace bueno su gen de perro viejo. Sabe cuándo y cómo soltar qué punchline. No hace falta más. Esta tónica marcaría el devenir del evento y decantaría la balanza a su favor. Distinta sería la suerte de la participación española: Chuty cayó en semifinales contra Aczino y tras vencer a Arkano en cuartos; y Gazir también quedó a las puertas de la final, a la que accedió un enérgico y convencido Éxodo Lirical.

Por partes. Tras la apertura se enzarzaron Kodigo y Valles-T —curiosamente, el colombiano fue superado por Mau en aquella Nacional de 2012— en una espiral de melodía y cambios de flow en la que terminó imponiéndose —no de forma meridiana— el argentino. Luego saltaron a la tarima Chuty y Stuart para revivir un duelo que ya tuvo lugar en FMS España hace algunas semanas en el que el madrileño, que inició algo trabado, enterró al de Rosario en unos minutos libres que bien pudieran ganarse el sobrenombre de ‘funerarios’. En otro orden de cosas, Arkano y Marithea dieron un show de coherencia y exploración de narrativas y flancos argumentales que terminó llevándose el alicantino — réplica mediante— y Éxodo Lirical ganó a Acertijo sin hacer mucho ruido. Mal asunto el del chileno: aprueba bien en todas las ramas del freestyle, pero no destaca en ninguna. Y eso no suele cuajar ni en público ni en jurado.
Se puso el punto y final a los octavos con Larrix, Teorema y su particular forma de escenificar la colisión de dos corrientes artísticas distintas: la profundidad del chileno naufragó en el acting del argentino, cuyo delivery —la eficacia con la que ‘vende’ el punch; cómo lanza su golpe verbal— es más potable. “No quieren falso chamanismo, quieren sangre”, dijo acertadamente Larrix, a lo que Teorema, justo y sabio, se negó a poner puertas al campo: “Hago lo que el escenario me pida”. Y es legítimo. Se bajó el telón con Gazir y Ghetto, donde el segundo brilló en escena y el primero ganó justa y sobradamente por su constancia, y El Menor contra Azuky, que fue, probablemente la mejor batalla del evento y en la que venció el de Coquimbo, probablemente, por el puntaje que proporcionan sus métricas en cada ronda. Ahora bien, caso aparte lo de la mexicana: falla poco, es inteligente y adorada por un público que se deja contagiar de los nervios en los que se baña su alma cuando se transforma sobre el escenario.
Cuartos de amistades, cuartos de personales
Pareciera que los cuadros de enfrentamientos son caprichosos por la cantidad de ocasiones que resucitan rivalidades, cruzan amigos o recuperan rencillas. Quiso el destino que el primer duelo de los cuartos de final fuera la final de la pasada FMS Internacional: Aczino y Kodigo dieron a un público ya definitivamente bañado por la noche un show de respeto y disfrute en el que brilló más la euforia comedida de quien vive un enfrentamiento singular que un despliegue real de calidad y golpes liricales. Fue la excepción que confirmó la ronda porque, en pocas palabras, después vendría todo lo contrario: Chuty y Arkano empezaron muy parejos, pero pronto el de Entrevías dio un giro de tuerca a sus dobles sentidos y priorizó su agresividad para acabar con las oportunidades de Guille, cuyo papel en la Internacional fue de menos a más. Se fue el alicantino aplaudido por la plaza. La recuperación de su figura en el último año ha sido una de las noticias más positivas del free de los últimos tiempos.

Una de cal y otra de arena. Éxodo y Larrix tuvieron más ganas que efectividad, aunque el dominicano, que parecía estar dispuesto a no fallar una y restar puntos a base de low kicks, despejó cualquier atisbo de duda al reacondicionar una de las rimas más virales de la Internacional de Red Bull Batalla: si en chile invitó al argentino a ‘desconchumarizarse’, ahora, en México, le pidió que se ‘desapendejara’. Y paró la batalla. Quien subió al escenario en el siguiente enfrentamiento fue, precisamente, El Menor. Y hasta ahí duró la participación del vigente campeón de la disciplina, a quien se le hizo imposible escalar el muro que Gazir plantó delante de él. Muy polémica estrategia la del asturiano: compaginaba sus golpes agresivos con dagas personales hasta que la sangre sucia ahogó al chileno.
El naufragio español
El primer hueco de la final se definió a través de un clásico verdaderamente atemporal. No importa cuándo tenga lugar y hasta el nivel con el que cada uno llegue: Chuty y Aczino siempre ofrecen al público lo que quiere. Los dos mejores de la historia dieron una batalla para el recuerdo plagada de momentos mágicos y punchlines que terminó llevándose el mexicano. El español fue superior al principio, turnándose durante los minutos el protagonismo: Mau conectó más con un público ciertamente predispuesto a ello, pero el de Entrevías respondió más. Las voces más críticas con el mexicano apuntaron de manera correcta que, en efecto, abusó del recurso familiar en la escenificación de varios punchlines que fueron lo mismo con distintas palabras. Sea como fuere, ganó Aczino.
En el otro lado del cuadrante, un Gazir enrabietado vio consumirse sus ideas frente a Éxodo Lirical: no logró hallar ningún punto donde conectar rimas más allá del pulido físico del dominicano. Y esto no lo desaprovechó Éxodo, cuyo planteamiento de la batalla fue más conservador: no quiso hacer nada complejo y optó por no fallar. Si Gazir iba a enrocarse, era mejor dejar que él mismo se estampara. Y así sucedió.
La leyenda de Mau
Se vieron las caras Aczino y Éxodo. En medio, la copa. Ambos encararon la batalla de la misma forma que las anteriores, pero el mexicano levantó el pie del acelerador y se tambaleó con más de una trabada. El dominicano no dejó de picar piedra. Y sucedió lo de siempre. Que Mau solo haya perdido una batalla oficial en terreno mexicano durante los últimos 13 años habla muy bien de él, pero también levanta la sospecha acerca de una mala costumbre en el circuito: el apoyo excesivo a Mau por delante de otros competidores, amén de su indiscutible leyenda, le convierte en un rival casi invencible. No importan los tropiezos. Hasta se perdona en nombre del freestyle el relleno de sus patrones, algo habitual en él desde hace no pocos años.

Que Aczino mantiene intacta su espectacularidad competitiva y su magia instantánea es cierto, pero es de justicia reconocer que también gana por la admiración que genera su leyenda, aunque se presente a medio gas. Y esto deja en hándicap negativo a otros muchos competidores. No fue distinto en FMS Internacional y hasta lo avisó la gigante ‘X’ roja de la Plaza de la Mexicanidad, en Ciudad Juárez.
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