Relaciones pareja

Sonia Díaz Rois, mentora: “Tienes más capacidad de elegir si te quedas”

La experta explica que la paciencia en pareja no se agota porque el otro no cambie, sino porque esperamos demasiado tiempo a que lo haga.

Sonia Díaz Rois, mentora: “Tienes más capacidad de elegir si te quedas”
fernando diaz
Marta Rodríguez Peleteiro
Su trayectoria en Prisa comenzó en AS, en 2006, en la sección de Cierre. Posteriormente asumió la coordinación de la revista AS Color y la redacción de los blogs Match Point y Erratas de Campo. En 2017 pasó a formar parte de PrisaNoticias, en el control de producción de El País y AS, y volvió a AS a finales de 2022, como redactora de Tikitakas.
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En muchas relaciones de pareja, el enfado no llega con un portazo ni con una gran discusión. Se va colando poco a poco, en silencio, mientras una de las dos personas espera que la otra “se dé cuenta”, cambie, reaccione o haga algo distinto. Y cuando eso no ocurre, la relación se resiente.

Según la mentora especializada en gestión del enfado y comunicación consciente Sonia Díaz Rois, este agotamiento emocional no tiene tanto que ver con lo que hace o deja de hacer la pareja como con la expectativa que se mantiene en el tiempo. “Muchas veces lo que hacemos es aguantar mientras esperamos que el otro sea distinto. Y esa espera acaba pasando factura”, explica.

El desgaste invisible

Este tipo de malestar suele minimizarse con frases como “siempre ha sido así”, “no es para tanto” o “ya debería haberme acostumbrado”. Sin embargo, por dentro la historia es diferente. Esperar que la pareja cambie implica estar pendiente de algo que todavía no está pasando: que entienda, que reaccione, que actúe de otra manera. Cuando ese cambio no llega, la frustración afecta al otro y también a uno mismo.

En muchos casos, esta expectativa no aparece de repente. Se apoya en los inicios de la relación, cuando ambos se muestran más disponibles, más atentos, más volcados. No siempre es que el otro haya cambiado, sino que deja de sostener una forma de estar que solo era posible al principio.

En otras relaciones, como explica la experta, la espera está presente desde el primer día. No porque algo concreto cambie, sino porque la relación arranca con la confianza de que el otro cambiará con el tiempo: que madurará, que se implicará más, que aprenderá a comunicarse mejor. Y esa confianza inicial, con los años, se convierte en una espera que desgasta.

“El enfado aparece cuando la relación real no encaja con la relación que esperábamos tener”, señala Díaz Rois. “No porque el otro lo haga mejor o peor, sino porque la esperanza de que cambie se mantiene viva demasiado tiempo”.

Cuando una persona sigue en la relación a pesar del malestar suelen darse dos posiciones. Por un lado, la resignación —no se va, no dice nada—. Se conforma con lo que hay para evitar conflictos. Por otro, la espera: mantenerse enganchado a la idea de que, en algún momento, el otro cambiará, y entonces, todo encajará.

Cuando el enfado no es el problema

Tanto seguir aguantando como mantener esas expectativas de cambio suele manifestarse como cansancio, irritabilidad o esa sensación de estar siempre al límite. Por eso, muchas personas sienten que reaccionan de forma desproporcionada ante conflictos que describen como “sin importancia” o “tonterías”. “No es por esa discusión concreta”, apunta Díaz Rois. “Es por todo lo que se ha ido acumulando sin resolverse”.

A menudo la paciencia se confunde con resignación. Se calla, se cede, se aguanta. No para estar mejor, sino para no complicar las cosas. También pesa mantener una expectativa que no depende de uno mismo. Esperar que el otro cambie mantiene a la persona pendiente de lo que debería pasar, en lugar de atender a lo que está pasando. Se vive más en la idealización de una relación futura que en la realidad.

Y, muchas veces, todo se sostiene porque hay una decisión incómoda que se va aplazando. “Muchas personas están posponiendo una decisión que les resulta difícil”, explica.

Aceptar que la pareja no va a cambiar no implica resignarse. Implica dejar de luchar contra la realidad. Y, a partir de ahí, recuperar la capacidad de decidir. “Cuando asumes cómo es el otro y lo aceptas tal y como está siendo, dejas de esperar y empiezas a elegir”, señala Díaz Rois. “Tienes más capacidad de elegir si te quedas, si propones algún ajuste para equilibrar tus necesidades, si pones límites más claros o si te alejas”. A veces elegir es simplemente dejar de intentar que el otro sea alguien que no es.

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No se trata necesariamente de tomar decisiones drásticas, sino de bajar expectativas, cambiar la forma de relacionarse o dejar de explicar una y otra vez lo mismo esperando un resultado distinto.

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