El dueño del Mónaco vende un Da Vinci y paga el divorcio

LA HISTORIA

El dueño del Mónaco vende un Da Vinci y paga el divorcio

El dueño del Mónaco, Dimitri Rybolovlev, vende el Da Vinci Salvator Mundi para pagar su divorcio

Salvator Mundi, que se ha convertido en el cuadro más caro de la historia con sus  450 millones, era de Dimitri Rybolovlev

Dmitri Rybolóvlev es un empresario, inversionista y filántropo ruso de 51 años que aparece en el número 156 de la lista Forbes de los más ricos del mundo, y que es propietario y presidente del Mónaco.

Esta semana, una de sus ventas ha dado la vuelta al mundo, ya que se ha desprendido del único cuadro de Da Vinci que permanecía en manos privadas, llamado Salvator Mundi.

La subasta de la obra se celebró este jueves en Christie´s, en Nueva York, y el cuadro se convirtió en el más caro de la historia al adjudicarse por 450,3 millones de dólares (unos 382 millones de euros), duplicando el récord que hasta ahora tenía Mujeres de Argel, de Pablo Picasso, con 160,9 millones de euros.

Salvator Mundi, el cuadro más caro del mundo

Aunque su labor filantrópica y su gusto por el arte ha hecho que muchos se sorprendan de que Rybolóvlev se haya decidido a vender esta obra, lo cierto es que la razón es más que conocida.

El empresario llevaba 21 años de feliz matrimonio hasta que en 2015, cansada de las infidelidades, Elena le pidió el divorcio. La justicia suiza evaluó los bienes del matrimonio y dictaminó que Rybolóvlev debía pagarle alrededor de 4.500 millones a su ya exmujer.

La desorbitada cifra fue recurrida por el multimillonario ruso, mientras su nombre apareció en los Panamá Papers. Al final, la justicia sentenció que debía pagarle 500 millones de dólares a Elena.

Dmitri Rybolóvlev, con bufanda del Mónaco y junto al Príncipe Alberto

Un divorcio de 500 millones de dólares

Para costear este divorcio valorado en 500 millones de dólares, Dmitri Rybolóvlev ha preferido vender Salvator Mundi y así tener la liquidez suficiente que le permita afrontar el pago.

Mientras tanto, mantiene su labor filantrópica, apoya múltiples actividades culturales y está haciendo un centro de ciencias y artes en Gstaad (Suiza), país al que se mudó tras heredar una exitosa empresa farmacéutica de su padre e incrementar el negocio de tal forma que le ha convertido en una de las personas más ricas del mundo.

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