“Se dijo que no era profesional, pero para ser número uno se necesita trabajo y disciplina”
El español atiende a AS después de proclamarse por primera vez campeón en Australia. Y aunque no puede estar más orgulloso, no saca pecho, solo se defiende.


Con un atuendo retro, elegante a la par que chulo, setentero, de color negro, Carlos Alcaraz camina por los jardines anexos al Royal Exhibition Building, junto al Museo de Melbourne, muy cerca del centro de la ciudad. Con pocas horas de sueño, lógico después de haber ganado el único Grand Slam que no figuraba en su palmarés, el Open de Australia, el murciano de 22 lleva en brazos el trofeo, la Norman Brookes Challenge Cup y le sigue una multitud de fotógrafos, cámaras de televisión y aficionados. Después de contestar a unas pocas preguntas, se monta en un coche del torneo con destino al Crown Hotel, donde ha estado alojado, para atender allí, uno a uno, en exclusiva, a los medios desplazados en las antípodas, entre ellos AS. En el mismo establecimiento ha dormido los últimos días Rafa Nadal (el balear saludó más tarde en uno de los vestíbulos a los periodistas) y, por casualidad, la conversación comienza hablando de él. “Tenemos el éxito por castigo, Carlos”. “Sí. Cuando veo tuits de… ¡Hostia! ¡Buah! ¡Gente! Nadal se retira y de repente sale este… Y que damos mucho asco. Nos tienen que odiar (a los españoles), eh", bromea. Y comienza la entrevista.
Para usted, lo que ha empezado ahora con este título, ¿es una nueva etapa o simplemente una continuación?
Yo siento que es una continuación. Me alegra muchísimo este título, obviamente, por todo lo que he conseguido: completar los cuatro, ser el más joven… pero sobre todo por verme cómo he mejorado a lo largo de las semanas y también viniendo de la temporada pasada. Creo que he dado un salto de calidad mental y de fuerza mental, y eso es lo que realmente me gusta: verme en esta posición. Por eso digo que es continuidad, porque creo que a partir de aquí voy a seguir hacia delante.

¿A quiénes supera Alcaraz?
“Me alegré un montón porque sé que Samuel ha estado trabajando para este momento durante toda su vida”
Trofeo para el entrenador campeón
La imagen de Samuel López con su trofeo particular fue muy bonita. Daba gusto verlo. ¿Usted qué sintió cuando lo vio salir, coger su bandeja y levantarla?
El torneo lo hace muy bien en ese sentido. Yo no lo sabía, era mi primera vez en una ceremonia de trofeo en Australia y no sabía que eso se hacía. Me parece una gran iniciativa, porque le da reconocimiento al entrenador del campeón; no es un trabajo solo del jugador. Es muy bonito, y cuando lo vi ahí me alegré un montón porque sé que Samuel ha estado trabajando para este momento durante toda su vida. Para mí es uno de los mejores entrenadores —si no el mejor— que se puede tener hoy en una pista de tenis. Para mí fue un momento mágico y superespecial: abrazarlo después del último punto y también verlo ahí, con toda la gente reconociendo lo que se merece.
Al hilo de esto, Carlos, ¿le resulta un poco cansino tener que estar siempre demostrando que las decisiones que toma son las buenas? Por todo lo que ha ido pasando: el documental, los cambios, etc. ¿Cómo lo lleva?
Yo no pienso que tenga que demostrar nada a nadie, ni siquiera cuando hago cosas con las que la gente quizás no está de acuerdo. Por ejemplo, con el tema del documental: se habló mucho de que no era profesional, de que me gusta disfrutar, salir de fiesta y demás. Pero una cosa no quita la otra. Al final, no hay que mostrar lo obvio. Lo obvio es que, para estar número uno del mundo, para ganar siete Grand Slams, para estar donde estoy, se necesita trabajo, disciplina, estar ahí día a día. Yo creo que eso es lo que la gente debería darse cuenta y lo que yo no debería tener que demostrar, porque se tendría que dar por hecho: yo trabajo durísimo cada día para estar aquí. Intento no pensar en lo que opina la gente. Juego para mí, para mi familia, para mi equipo. Lo que me apasiona es estar en una pista de tenis, hacer disfrutar a la gente y disfrutar yo mismo. Eso es lo principal.

Después de aquel traspié el año pasado en Miami (perdió a las primeras de cambio contra David Goffin), su trayectoria ha sido impresionante: solo ha perdido cinco partidos (63-5), casi todo finales, ocho títulos. ¿Qué importante fue aquel ‘break’ (se fue de vacaciones a México con su familia), esa decisión de parar y airearse? Supongo que ese es un poco tu camino.
Sí. Cada persona es diferente, cada jugador es diferente; cada uno sabe lo que necesita, lo que hace bien y lo que hace mal. Conforme pasa el tiempo me voy conociendo más: lo que necesito y lo que no. En ese momento necesitaba parar. Una vez más, después de decir que iba a parar una semana sin coger la raqueta, la gente se me echó encima: “¿Cómo no vas a volver a los entrenamientos?”. Pero para mí, mentalmente, es muchísimo más importante estar fresco y bien para luego rendir mejor en pista. Con lo dicho, y como en el documental A mi manera, quiero hacer las cosas a mi manera, aunque la gente no esté de acuerdo. Y ahora con el tema del pingüino, de ser el pingüino y ver las montañas, aunque nadie más te entienda… creo que es una metáfora muy bonita.

Carlos Alcaraz ya posa con el trofeo del Abierto de Australia
“Conforme pasa el tiempo me voy conociendo más: lo que necesito y lo que no”
Decisiones
Igual que toma decisiones buenas fuera de la pista, también las toma dentro. ¿Cómo gestiona esos cambios? Por ejemplo, en la final, cuando le pasa lo del primer set, con Djokovic imperial… ¿De dónde sale la reacción? ¿Cómo da ese clic?
Al final, yo también tengo un repertorio bastante amplio de cosas que puedo hacer. Y eso es bueno y malo. Es bueno porque, cuando el plan A no funciona y me están pasando por encima, tengo la capacidad de hacer otras cosas y cambiar la dinámica. Es malo porque a veces mi cabeza piensa siete cosas distintas en menos de un segundo y tengo que elegir una, y muchas veces elijo la incorrecta. Pero bueno, es un bendito problema. Ahí está mi equipo, que desde fuera me tranquiliza: que ese nivel no lo va a mantener todo el rato, que yo tengo que seguir fuerte mentalmente y cambiar un par de cosas que desde fuera se ven mejor… En esa situación me di cuenta de cuánto he mejorado mentalmente.
Ayer estaba Rafa (Nadal) en la grada. Al principio de su carrera le comparaban mucho con él, pero usted siempre decía “yo soy Carlos”. Para que eso ya está conseguido: ya tienes su nombre y la gente le reconoce como Carlos Alcaraz…
Sí, yo creo que sí. Ahora no veo tantas comparaciones como antes. Pero, con lo que vamos consiguiendo, me comparan —ya no solo con Rafa— sino con el Big Three, que no sé qué es peor (se ríe). Las comparaciones de joven siempre van a estar ahí; hasta los 26 o 27 estarán. Pero supongo que ya se ha conseguido que yo sea yo mismo, que vaya por mi camino, escribiendo mi propia historia. Eso es muy bonito, que se centren ya en mi propio camino.
“Ser el pingüino y ver las montañas, aunque nadie más te entienda… creo que es una metáfora muy bonita”
A su manera
Aun así, no deja de impresionar alcanzar en números a nombres históricos como John McEnroe, ¿no?
Totalmente. En el mundo del tenis es muy difícil parar y darse cuenta de lo que uno va consiguiendo. Pero anoche, mirando mensajes y redes, vi que había empatado el número de Grand Slams de John McEnroe. Y fue como… vale, esto es algo muy grande. Empatar a alguien como McEnroe son palabras mayores. Es una locura y una maravilla estar ahí, con mi nombre al lado del suyo, al cual admiro y respeto muchísimo.
Ayer tachó el Open de Australia. Si tuviera que elegir un objetivo exacto ahora mismo, ¿cuál sería?
¿Solo uno?
Bueno… o varios.
Los Grand Slams siempre están ahí. Las ATP Finals y la Copa Davis son los principales.
¿Y los Juegos Olímpicos?
Pero hablamos de este año, ¿no? Bueno, pues también los Juegos, Copa Davis, Finals y poco más.
Y ahora una curiosidad: ¿cuál ha sido su banda sonora del torneo? Antes de la final se le vio bailando… ¿Qué ha escuchado?
Depende del mood (saca el móvil para mirar sus listas). Antes de los partidos me ponía un poco de Bad Bunny o Don Omar. También empezaba con un poco de techno house, de buena vibra. Por ejemplo, It goes like na-na-na, de Peggy, me la ponía mucho: me daba buena vibra y me mantenía activo. Luego ya ponía en Spotify la radio y las que fueran similares.
“Me comparan ya no solo con Rafa, sino con el Big Three, que no sé qué es peor”
Comparaciones
Y la última: las palabras de Djokovic ayer fueron de una clase tremenda hacia usted. Dijo que es un gran jugador, que tiene el paquete completo, pero recalcó mucho que es muy buena persona y que su familia es estupenda. ¿Eso qué le dice?
Eso es lo que realmente me pone contento y me llena de orgullo. Que alguien como Novak —no solo el deportista que es, también una maravillosa persona— diga eso… Él ha tratado con millones de personas y sabe lidiar con todo tipo de gente. Tiene un gran ojo. Que él diga eso sobre ti y tu familia es lo que me llevo, lo que realmente importa. Es el estilo de mi familia, los valores que me han inculcado a mí y a mis hermanos. Siempre digo que, al final del día, eres persona: el deportista queda a un lado. Y la gente se queda con cómo la tratas. Eso es lo importante.
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