Sinner y una tierra maldita... relativamente
El italiano, que en Montecarlo puede ser número uno del mundo, tiene como cuenta pendiente ganar un gran título en tierra batida, su ‘peor’ superficie.


Con tan solo 24 años, Jannik Sinner (San Cándido, Italia) presenta un monstruoso palmarés: 26 títulos en total, cuatro de Grand Slam, siete Masters 1.000, dos ATP Finals, otro par de Copa Davis... Sin embargo, en su extensa lista de honores, se echan en falta más éxitos en tierra batida, la superficie que, por el momento, más se le atraganta a un Sinner que solo tiene un título sobre arcilla, el de Umag en 2022, un ATP 250. Experto como pocos en pista rápida y vigente campeón de Wimbledon, en hierba, el transalpino tiene como cuenta pendiente el polvo de ladrillo, cuya gira comienza hoy con un Masters 1.000 de Montecarlo en el que Sinner tendrá la primera oportunidad de obtener un doble premio: conquistar un gran título sobre tierra por primera vez en su vida y recuperar el número uno del mundo. “No es mi superficie favorita, pero creo que puedo jugar un buen tenis en ella”, decía ayer ante los medios.
“Es la superficie en la que más me cuesta, la que menos me gusta”, reconoció el propio Jannik el año pasado después de caer en la final de Roma frente a Carlos Alcaraz, que en el cara a cara entre ambos en tierra batida domina por 3-1. Salta a la vista, y para ello basta con mirar su sequía de títulos en esta superficie, que la arcilla no es la especialidad de Sinner, por supuesto, pero ni mucho menos se puede afirmar que el italiano sea ‘malo’ en estos lares. Sería una temeridad afirmar eso de alguien que, recuerden, el año pasado estuvo a un único punto de proclamarse campeón en Roland Garros, algo que solo pudo evitar una remontada para la historia de Alcaraz. De hecho, Jannik lleva dos ediciones seguidas del Grand Slam parisino llevando al español, su gran rival y el mayor dominador en los últimos años en tierra batida, al quinto set.
Son muchos los números que avalan que a Sinner, que ha ganado 23 de sus 26 títulos en pista dura, le cuesta algo más en tierra batida. Su balance ATP en superficie rápida es de 246-54 (82%), mientras que en arcilla es de 65-24 (73%) (en hierba es de 29-10 (74,3%)). Si se considera como su momento de explosión la Davis de 2023, en la que lideró a Italia hacia el título ganando a Novak Djokovic, en pista dura acumula un estratosférico 114-8 (93,4%), y en polvo de ladrillo baja hasta el 22-4 (84%). También se le atragantan más las finales: balance de 24-7 (77,4%) en cemento, y de 1-2 (33,3%) en tierra, curiosamente todas ellas contra Alcaraz. “Eres el más fuerte en tierra”, le aseguró el italiano al español después de sucumbir en Roma. “Mi juego se adapta mejor a la pista dura. Soy más fuerte ahí”, dijo en el pasado.
Por eso mismo, para este 2026, el pelirrojo ha querido preparar a conciencia la tierra batida, en la que espera dar un salto de calidad. Después de caer eliminado en Doha hace un par de meses, afirmó que Roland Garros era su “mayor objetivo” de la temporada, también porque es el único Grand Slam que le falta por ganar. “La tierra siempre es diferente. Creo que es importante empezar bien. Es una superficie muy física y mental, por lo que necesitamos ir en la dirección correcta si queremos tener éxito ahí. Sin embargo, ahora quiero descansar y disfrutar. Espero llegar bien para Mónaco, porque vivo allí y siempre es diferente poder dormir en casa”, comentó el pasado domingo después de conquistar el Masters 1.000 de Miami y convertirse en el primer hombre desde Roger Federer en 2017 que se hace con el Sunshine Double, el doblete de títulos en Indian Wells y el evento de Florida.
¿Y por qué le cuesta más a Sinner en tierra batida? La respuesta rápida es porque su juego no se adapta tan bien a las particulares condiciones de esta superficie, muy distinta a las demás principalmente por el recorte de la velocidad. El problema nace de base, en sus orígenes, en los que no jugó tanto en tierra batida, algo muy diferente a lo que sucede, por ejemplo, en España, o incluso en la propia Italia, donde el polvo de ladrillo está muy presente en la formación de las jóvenes promesas. Y en su propia carrera, se puede observar que se ha prodigado mucho más en torneos de cemento que en los de tierra. “No es la superficie donde me siento más cómodo. Me siento más cómodo en pista dura. No significa que no sea un buen jugador en tierra. Lleva tiempo. Practicaba en tierra de los 14 a los 20 años, pero después la mayoría de torneos van a pista dura, y juegas un poco menos”, justificó en 2024.
Yendo a las características del tenis de Sinner, en su juego destacan los golpes planos y veloces, con mucho ritmo de una bola que pega botes bajos y rápidos, una virtud que en la tierra se diluye porque el bote es más alto, la pelota pierde velocidad y, por tanto, sus tiros no hacen tanto daño inmediato en una superficie que premia el topspin intenso. El saque, una de las grandes armas de Jannik, que en los dos últimos años tiene un 91% de efectividad a la hora de conservar sus turnos de servicio, pierde también importancia sobre arcilla por estos mismos motivos, por lo que no se encuentra con tantos puntos ‘gratis’. En su carrera, el 8,9% de sus saques en cemento acaban en ace, y gana el 76,6% de sus primeros, mientras que en tierra los datos se diluyen hasta el 4,6% y 71,2%, respectivamente. Tampoco es que sean alarmantes estos datos, porque le sucede a la gran mayoría de jugadores, pero al tratarse de un tenista cuyas mayores fortalezas están en esa faceta, se ve resentido.
Porque, además de con el saque, también domina Jannik en los puntos cortos, los de cuatro golpes o menos. En su carrera, de hecho, los puntos en los que participa se resuelven en una media de 4,3 golpes, y sin embargo, la lentitud de la tierra batida hace que se vean muchos más intercambios largos (la media de la superficie es de entre ocho y nueve golpes), aunque ni mucho menos se desenvuelve mal Sinner en estos puntos eternos. Lo que sí está probado que se le atragantan son los partidos largos, y es que el balance de Jannik en encuentros de cuatro horas o más de duración es de 0-7, y precisamente la tierra batida es la superficie en la que más partidos así se ven. En 2023, fue eliminado de Roland Garros en segunda ronda por Daniel Altmaier, que le venció en 5h26, tres minutos menos que lo que duró la final del torneo francés del año pasado en la que venció Alcaraz.
En resumen, Sinner no juega peor en tierra por falta de nivel, ni mucho menos, sino porque sus ventajas estadísticas —como el saque dominante, los puntos cortos y el golpeo plano— pierden valor en una superficie que alarga el tiempo y neutraliza la agresión, que requiere de una mayor resistencia, construcción, defensa y variación. También, incluso, se precisa de un desplazamiento muy particular, muy distinto al de la pista dura, deslizando sobre el polvo de ladrillo, algo en lo que Jannik ha estado trabajando últimamente. “La tierra batida es una superficie en la que suelo tener problemas”, afirmó sin reparos hace dos años el pelirrojo sobre una debilidad que es relativa en una tierra que hasta ahora ha estado algo maldita para él, y sobre la que espera cambiar su rumbo desde este mismo Masters 1.000 de Montecarlo.
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