Nadal y sus rutinas: “Al verme por televisión, no me gustaba lo que veía”
El balear, retirado hace un año, protagonista este lunes del ‘Universo Valdano’. “He hecho grandes esfuerzos, pero pocos sacrificios”.


Con motivo del primer aniversario de la retirada de Rafa Nadal, que se produjo en noviembre del año pasado, en la Final a 8 de la Copa Davis, en el Martín Carpena de Málaga, el extenista balear fue este lunes el protagonista del programa Universo Valdano, de Movistar+. Por primera vez, el exfutbolista argentino, ahora comentarista, analista y tertuliano, mantuvo una charla en su espacio no relacionada con el fútbol. Lo hizo dentro de una programación especial de la cadena que incluye el documental Nadal – Federer y el partido del siglo y el reportaje sobre la carrera del ganador de 22 Grand Slams ¡Qué suerte hemos tenido!
Lo bueno y lo malo de retirarse: “Empezaremos por lo bueno. Creo que he ganado tranquilidad, en el sentido de que, de alguna manera, ya no siento esa responsabilidad diaria de tener que rendir. A veces, rendir en condiciones que no son aptas para ello no vale la pena. A nivel humano y personal, eso te desgasta, y terminas siendo, en ocasiones, menos feliz de lo que debería ser alguien como yo. Al final, soy un superafortunado. En cuanto a lo malo, se ha terminado una etapa que ha sido excepcionalmente bonita y emocionante para mí. He perdido algo que realmente me apasionaba: competir y hacerlo al más alto nivel. Esa adrenalina es algo que siempre he dicho que se extraña cuando esto termina. La adrenalina se puede sustituir por muchas otras cosas en la vida que pueden ser mejores en muchos sentidos. Sin embargo, esa sensación que se encuentra en el deporte es difícil de encontrar en otro lugar”.
Sensaciones tras la retirada: “Siendo honesto, yo pasé por el respeto que se debe tener al cambio. Al final, todos los cambios en la vida, creo que, como mínimo, deben generar un respeto, una prueba de cómo vas a reaccionar ante una nueva realidad, ante una vida que será distinta a lo que has estado acostumbrado a hacer. No solo son 20 años de carrera profesional, sino que desde prácticamente siempre he tenido muchas otras cosas fuera del tenis. Sin embargo, el deporte y el tenis han sido mi dedicación plena”.
Preparado para el final: “Yo estaba preparado. Creo que apuré mis opciones hasta el final. Esta es mi realidad. El hecho de haber agotado todas las opciones reales que tenía para seguir compitiendo al nivel que me hubiera gustado me dio la convicción y la tranquilidad de tomar la decisión en paz, convencido de que era lo que debía hacer, porque no había más. El tanque ya estaba vacío. No guardo ningún mal recuerdo sobre esta etapa. Hay gente que, como es lógico, tiene opiniones diversas y piensa que debería haber dejado el tenis antes, que no tenía sentido llegar al final. Pero para mí sí tenía sentido. Uno debe actuar, a mi entender, en consecuencia con lo que es como persona. Yo intenté apurar mis opciones hasta que realmente no pude más, por un motivo muy simple: no quería mentir sobre lo que estaba haciendo ni estar en una situación en la que no tenía la motivación necesaria. Me retiré porque no podía dar más, pero seguía siendo feliz haciendo lo que hacía. Tuve una operación y me dijeron que había opciones de recuperarme completamente, y que debía darme un tiempo prudencial para saberlo. Me di cuenta de que, en realidad, no estaba al nivel que necesitaba para seguir compitiendo. Creo que llevé mi carrera al límite. Más allá de eso, no se sabe, pero creo que llegué lo más lejos posible dadas las circunstancias”.
Cuando se dio cuenta de que sería deportista: “Tenía a mi tío, que evidentemente jugaba en el Mallorca cuando yo era muy pequeño. Recuerdo que con dos o tres años iba cada fin de semana a ver jugar a mi tío Miguel Ángel. En aquella época, no pensaba en ser futbolista; simplemente disfrutaba del momento. Mi familia siempre ha sido apasionada del deporte. Mi tío juega al fútbol, y mi otro tío, Rafa, también, en Segunda B. Además, mi tío Toni, que ha sido mi entrenador a lo largo de toda mi carrera, jugaba al tenis. Crecí en un ambiente deportivo, aunque mi padre, el menos deportista de todos, era sin duda el más apasionado como seguidor. Desde pequeño, he estado rodeado de deporte. Creo que uno se forma con lo que ve en casa”.
Trabajo y talento: “Es evidente que puedes tener el mayor talento del mundo, pero en un deporte como el tenis, que requiere repetición, necesitas una gran capacidad de trabajo, disciplina y concentración. El talento es lo que te permite dar ese extra. Sin embargo, el trabajo es una parte muy importante”.
Cómo se forma un campeón: “Creo que con pasión y la determinación adecuada, todo se vuelve un poco menos complicado. Si no eres apasionado por lo que haces, es muy difícil superar las dificultades que la vida presenta, especialmente en los momentos difíciles. En la Academia, siempre les digo a los niños que se diviertan. Antes de decidir si quieren dedicarse a esto, deben descubrir si realmente tienen la pasión para explorar la oportunidad de convertirse en profesionales”.
Sacrificios: “Para mí, son cosas que uno hace sin querer hacerlas. En mi caso, he hecho grandes esfuerzos, pero pocos sacrificios, porque he disfrutado de lo que he hecho. No siento que me haya perdido nada en la vida. He tenido una vida equilibrada. He sido una persona muy esforzada en la pista, en el gimnasio y en mi día a día, pero también he sabido mantener un equilibrio. Claro que, al volver a casa, pensaba en lo que quería hacer al día siguiente, en lo que me habían dicho los entrenadores y en lo que necesitaba mejorar. Sin embargo, siento que he hecho todo lo que he querido. Un adolescente tiene que hacer ciertas cosas en su día a día para sentir que, al llegar a cierta edad, no ha perdido una parte importante de su infancia por culpa del deporte. No tengo esa sensación porque creo que he hecho todas las cosas que han hecho mis compañeros a lo largo de mi vida. Sin duda, lo he hecho menos veces, pero considero que tengo una vida equilibrada y he tenido tiempo para todo”.
El impacto del éxito: “Me encontré con el éxito relativamente pronto, aunque no diría que muy pronto. El impacto de ese encuentro con el éxito lo viví con normalidad, gracias a una buena base. Mi éxito mediático llegó probablemente a finales de 2004, cuando ganamos la Copa Davis en Sevilla. Al final, puedes tener un gran éxito a nivel mundial o un éxito más local, pero no deja de ser éxito. Durante mi vida, siempre fui campeón: primero en Mallorca, luego en Baleares, después en España, Europa y finalmente en el mundo. Por lo tanto, mi evolución estuvo ligada a tener éxito en distintas etapas de mi vida. Cuando llegó el éxito profesional, a los 17 años, me sentía preparado para asumirlo. Lo viví de una manera intensa y apasionada. Sin embargo, creo que nunca perdí el foco en lo que era como persona”.
Lamine Yamal: “Si tuviera algún consejo que darle, sería que se rodee de personas que realmente le ayuden, que quieran lo mejor para él, y que sea lo suficientemente inteligente para escuchar lo que a veces los personajes de éxito no quieren oír. Es importante que se rodee de personas que realmente deseen su bienestar y que sepa escuchar a quienes quieren lo mejor para él. Esto no es fácil cuando eres una persona de mucho éxito, ya que todos quieren verte y saber de ti. Debe encontrar su punto de conexión con la vida real y no vivir siempre en un mundo irreal. Esto es crucial para alguien tan joven. Debe rodearse de personas que considere que le harán bien en su vida, ya sea familia o creando un equipo a su alrededor. Cada realidad es diferente, y cada persona tiene su propia personalidad y mentalidad. Hay muchas formas de llegar al éxito. Una vez que lo alcanzas, la manera en que lo toleras y cómo lo integras en tu vida a lo largo de los años puede hacerte una persona equilibrada y feliz, o, por el contrario, el éxito puede convertirte en una persona infeliz si el personaje que has creado termina consumiendo a la persona que eres”.
La concentración: “Yo le debo mucho a mi tío, quien me enseñó a ser una persona enfocada. Me obligaba a estar presente con intensidad, disciplina y atención en cada entrenamiento. Si entrenas esto desde pequeño, creo que es más fácil evolucionar de la manera adecuada. Siempre me dejé ayudar por las personas que tenía alrededor. He tenido un equipo de gran calidad humana y profesional, y creo que tenía la capacidad mental para asumir el reto de querer alcanzar mis objetivos y darme opciones reales para luchar por ellos. Siempre he tenido la determinación para seguir mejorando y mantenerme al más alto nivel. Al final, el más autocrítico de todos conmigo mismo he sido yo. Siempre fui quien puso el listón de exigencia más alto, y eso se debe a que me ayudaron a crecer”.
Mentalidad: “Es cierto que a veces se ha centrado mi carrera en que soy un gran luchador con una gran capacidad de concentración. No me molesta, pero la realidad es que puedes tener una gran capacidad de trabajo y concentración, así como un gran físico, pero si el drive no va hacia donde debe y a la velocidad adecuada, desgraciadamente, como hemos hablado antes, todo lo que puedes hacer a la perfección no será suficiente. Estoy convencido de que hay muchísima gente que se esfuerza diariamente igual o más que yo, que intenta con la misma energía. Pero no hay más. Lo que quiero expresar es que, aunque pueda sonar como que me molesta, hay una calidad tenística que necesitas para competir al más alto nivel. Ojalá fuera suficiente con la concentración, el trabajo y la capacidad que cada uno tiene”.
Pensar en la derrota: “Claro que he pensado que iba a perder a veces. La realidad es que sabía que estaba perdiendo, pero eso no me llevaba a rendirme. Intentaba buscar soluciones permanentes. Creo que eso se logra desde un entendimiento profundo del deporte. Al final, el deporte consiste en dar tu máximo, aunque sepas que vas a perder. Lo que más me obsesionaba en mi carrera, si se puede decir así, lo que más me hubiera molestado era volver a casa después de un torneo con la sensación de no haber hecho todo lo posible para que las cosas salieran bien. Durante un partido, aunque las cosas fueran mal, pensaba: ‘Estoy aquí en Australia, ¿qué puedo hacer?’ Me daba opciones hasta el final. Siempre intentaba buscar soluciones en lugar de centrarme en el resultado. Pensaba: ‘¿Qué puedo hacer para cambiar la dinámica del partido?’ La mayoría de las veces, cuando vas perdiendo, es complicado, y puedes intentar muchas cosas que no funcionan. Sin embargo, las pocas que sí funcionan siempre valen la pena. A menudo, esos pequeños momentos de esfuerzo mental son cruciales, ya que te encuentras en situaciones donde no ves una salida. Creo que, al conseguir pequeñas victorias a lo largo del año, se produce un cambio significativo".
Intimidación: “En el circuito, todos nos conocemos y convivimos a diario en el vestuario. Cuando juegas contra alguien que sabes que, si empiezas por delante, le costará seguir, eso añade presión. Por otro lado, si enfrentas a jugadores como Djokovic o Federer, sabes que tendrás que luchar hasta el último punto porque no te regalarán nada. Intento hacer sentir a mis rivales que deben ganarme, que no voy a perder fácilmente”.
Rivalidad en el Big Three: “Cuando eres más joven, vives todo de manera más intensa. Con el tiempo, las cosas se suavizan y todos crecemos. Lo positivo de nuestra época es que hemos terminado nuestras carreras y podemos cenar juntos sin problemas. Esto es algo de lo que sentirnos orgullosos. Hemos competido al más alto nivel por los mayores logros en nuestro deporte, y aunque hemos tenido rivalidades marcadas, no las hemos llevado al extremo. La rivalidad ha quedado en la pista, y las relaciones personales siempre han sido de respeto y admiración. A lo largo de los años, terminas apreciando a las personas con las que has convivido y vivido tanto. Aprecio a mis rivales, incluso aquellos que me hicieron sufrir en la pista, porque valoro lo que he vivido junto a ellos y me siento feliz de haber sido parte de esta historia. Creo que hemos dejado un legado”.
La buena rivalidad de Alcaraz y Sinner: “Sin quitarles mérito, ellos también quieren hacer las cosas bien, y hay que darles todo el crédito. No es fácil, son muy jóvenes y están compitiendo por lo más importante. Creo que hemos contribuido a que las nuevas generaciones piensen que se puede ser un competidor feroz sin necesidad de odiar al rival. Se puede tener una relación, no diría de amistad, pero sí una relación personal óptima, incluso siendo grandes rivales. Este es un buen legado y un buen ejemplo que hemos dejado en una época de máxima competencia”.
Roland Garros: “En pocos sitios siento lo que allí. Desde 2005 se ha ido construyendo una historia que culminó en una despedida final. Sin pensar en el futuro, me enfoqué en el día a día. Para mí, este es sin duda el récord más importante que tengo, y el más difícil de superar. Para ganar 14 títulos, se deben dar muchas circunstancias. Al reflexionar sobre esto, pienso que, aunque podría haber sido mejor que otros en ciertas superficies, al final, se requieren muchas cosas para que esto suceda”.
Rituales: “Yo no soy una persona muy supersticiosa y, fuera del tenis, no tengo rutinas ni rituales. Todo eso se quedaba en la pista y en la competición. Desgraciadamente, dentro necesitaba esos rituales. Ojalá pudiera haber encontrado la capacidad de concentración sin tener que seguir esas rutinas. Al principio de mi carrera no lo hacía tanto, pero el tenis es un deporte que mentalmente exige mucho, que te come por dentro. Compites prácticamente cada día, y sales a la pista sabiendo que por la noche podrías estar volando a casa. Ahora, no necesito encontrar rutinas que me hagan sentir cómodo y seguro, pero en su momento, las necesitaba. Intenté disminuirlas porque, al verme por televisión, no me gustaba lo que veía. Sin embargo, la verdad es que me daban seguridad y me ayudaban a estar 100% enfocado en lo que hacía. Cuando no seguía esas rutinas, perdía la concentración pensando en otras cosas. Al realizarlas, sabía en todo momento lo que tenía que hacer en la pista, lo que me mantenía centrado”.
Fijarse en los demás: “Intentar copiar es lo más fácil, pero no siempre funciona. Uno debe observar a quienes hacen las cosas mejor y tratar de aprender de ellos, sin necesariamente imitarlos. En el tenis, esto es similar. Me fijaba en lo que hacían mis rivales para mejorar en otros aspectos. Tenía rivales muy fuertes que me ayudaban a tener un camino claro. Sabía que debía hacer ciertas cosas al máximo nivel para competir contra ellos. Sin embargo, en mi día a día, no pensaba en ellos mientras entrenaba; me concentraba en mejorar lo que necesitaba. Luego, vería si lo que había mejorado me servía para competir al máximo nivel”.
Cuánto le debe a sus rivales: “En nuestra época, veníamos de un tiempo en el que quien más títulos de Grand Slam tenía era Sampras, con 14, y es humano que alguno de nosotros hubiera parado un poco al superar esa cifra si hubiéramos estado solos. Habríamos llegado a lo máximo. Al ser tres en la competencia, nunca hubo margen para la relajación. Si uno no ganaba, siempre lo hacía el otro. La exigencia era máxima, y la realidad es que nunca dejamos de exigirnos entre nosotros. Si quería seguir en la rueda, no podía abandonarme; no había margen para rendirse. Esta es la grandeza de nuestra época: siempre competimos en las rondas finales por los torneos más importantes”.
Llevar al tenis a otro nivel: “Hasta nuestra época, el récord de Grand Slams era de 14, y nosotros terminamos uno con 24, Djokovic, que sigue compitiendo y veremos hasta cuántos llega, 22 yo y 20 Federer. En la misma época, los tres logramos superar, por un porcentaje alto, el máximo registro que había hasta ese momento. Esto demuestra la exigencia en la que vivimos. No creo que uno solo hubiera sido capaz de lograrlo”.
Cambios en el tenis: “El mundo evoluciona, y es obvio que la forma de jugar ahora es un poco distinta a cuando yo llegué. Se golpea más fuerte y se saca con más potencia. En cuanto a la tecnología, yo no crecí con esas herramientas, y no es que no crea en ellas, porque la información es poder. Me retiré el año pasado, así que ya tenía acceso a todas estas estadísticas. Quería tener información, aunque fuera limitada. Aunque sigo creyendo en la intuición y en las sensaciones personales en cada momento importante. No se trata de jugar como un robot. Por ejemplo, él tiene un 70% de posibilidades de jugar esa bola. Cada uno tiene su forma de enfocarlo, pero yo lo tenía así. Hablé con Federer y también le incomodaba tener un exceso de información; prefería jugar por sensaciones, igual que yo. No creo que utilizáramos esta información de manera sistemática. Teníamos acceso a ella cuando la necesitábamos”.
Intuición: “En el tenis, comenzamos muchas veces con un penalti, que es un servicio. En un servicio, no puedes quedarte en el centro esperando a reaccionar después de que el otro golpee la pelota, porque no te da tiempo. Tienes que tomar una decisión antes de que el rival golpee la pelota y, dependiendo de cómo la tire, intentar adivinar. Es intuición. Normalmente, los mejores son los que adivinan más en ese sentido”.
Aspiraciones a un puesto directivo: “Estoy feliz donde vivo y no sé si mudarme a otro lugar me compensaría. Tengo mi vida y estoy en una nueva etapa, aprendiendo muchas cosas y dedicándome a actividades que antes no podía realizar. Mi equipo y mi familia me prepararon para el futuro porque quería ser una persona que, al terminar mi carrera, no se levantara sin saber qué hacer. Necesito estar ocupado, tener obligaciones e ilusiones. Se me ha ido construyendo un futuro que ahora, por suerte, tengo avanzado. Esto me permite aprender en muchos proyectos que comenzaron hace tiempo y ahora puedo supervisarlos más y aprender en áreas donde antes no tenía la posibilidad, ya que necesitaba estar completamente enfocado en mi carrera deportiva”.
Liderazgo: “Intenté ser yo mismo, sin proyectar una imagen de perfección o de ejemplo. Siempre quise ser una persona natural y hacer las cosas de acuerdo con mi ética. He tenido la suerte de ser bien tratado en general por el público, mis rivales y la prensa. Esto me ha permitido tener una vida deportiva plena y conocer a muchas personas interesantes, no solo por lo que son, sino por lo que han hecho, y aprender de ellas. El tenis me ha dado la oportunidad de viajar por todo el mundo y vivir experiencias que, de otro modo, no habría podido vivir. Estoy muy agradecido al tenis, a la vida y a todas estas experiencias que me han enriquecido como persona”.
Profesor Nadal: “Cada personalidad es distinta. Evidentemente, hay cosas que sirven para todo el mundo, o al menos así lo entiendo yo. La exigencia y la disciplina son importantes. Yo tengo un poco la mentalidad de la escuela más antigua en ese sentido, pero hay muchas cosas que son útiles para todos. Creo que los entrenamientos deben ser personalizados, en el sentido de que cada uno tiene que entrenar de acuerdo a sus capacidades, tanto mentales como físicas y técnicas. A veces, la manera en que uno progresa no es igual para todos. Lo que yo necesito hacer para mejorar no es lo mismo que necesita hacer, por ejemplo, Djokovic. Por lo tanto, los métodos de entrenamiento y la forma en que se quieren mejorar las debilidades o potenciar las virtudes deben ser personalizados. Es importante que los jóvenes y los niños entiendan que tener a alguien como Rafa Nadal en la pista no garantiza que les irá mejor que si tienen un entrenador que está 100% dedicado a ellos en el día a día. Si yo fuera un niño, querría tener a alguien que se preocupara por mí. Creo que figuras como Rafa Nadal, que han tenido mucho éxito, pueden ser buenos mentores y ayudantes, pero los niños necesitan personas que tengan la vocación diaria de dedicarse a ellos, entrenarlos y vivir sus carreras con la intensidad que requieren. Yo creo que no podría vivir la carrera de un niño hoy en día con la intensidad que ellos necesitan, simplemente porque he vivido muchos años con máxima intensidad en mi carrera deportiva”.
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Sobrepresión de los padres: “Tuve la suerte de que mis padres nunca se metieron en mi carrera; dejaron trabajar a mi entrenador y a mi equipo en general. Intenté no preocuparles ni darles exceso de información. Recuerdo que siempre me preguntaban cómo había entrenado, y yo les decía que normal. No sentía la necesidad de contarles si iba muy bien o muy mal, porque no quería preocuparlos. Mantuve un perfil estable a lo largo de mi carrera, y en esa estabilidad intenté mantenerme. Creo que los padres quieren serlo todo; quieren convertirse en entrenadores y lo que deben hacer es ser padres, apoyar a sus hijos, brindándoles las facilidades para que se desarrollen. Al final, esa es la función que tenemos los padres: educarles con valores adecuados, lo que les servirá para asumir lo que les planteen sus entrenadores”.
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