“El tenis es para maratonianos, y yo era Tyson jugando cinco horas”
“Miro a Alcaraz y me veo a mí en bueno”, afirma a AS el autor de la autobiografía ‘El tenis desde dentro’: “No puedo admirar a nadie más que a Nadal, sé lo que es convivir con el dolor”.


“En tenis necesitas ser un maratoniano, y yo era un Mike Tyson jugando cinco horas seguidas”, resume muy gráficamente Roberto Carretero (Madrid, 30-08-1975) sobre una carrera que comenzó con un título de Roland Garros Júnior, en la que hizo historia al convertirse en el primero en conquistar un Masters 1.000, el de Hamburgo en 1996, llegando desde una previa, pero que se truncó, si bien recondujo como comunicador, desde hace 18 años, en Movistar+.
Su sinfín de lesiones “consecuencia de todo lo demás”, la vida del tenista y nombres propios como Carlos Alcaraz, Rafa Nadal, Aryna Sabalenka y hasta Carlos Jesús fluyen durante la extensa conversación que mantuvo con AS en Barcelona, donde creció como tenista y donde conoció a otros grandes como Carlos Moyà, que le prologa el libro ‘El tenis desde dentro. Del vestuario a la cabina: un viaje al corazón del tenis’.
¿Por qué ahora?
Sencillamente, el secreto es que me llegó una propuesta seria, de la misma editorial que publicó el libro de Agassi, Open.
El libro de tenis, o de tenistas, por antonomasia.
Totalmente. Por supuesto que yo no soy Agassi, que escribió una auténtica Biblia porque no es una estrella del tenis, sino del rock and roll. A mí el libro me ha salido tal como soy, directo, escueto, entretenido, me gusta ir al grano. Cuando me lo propusieron, sentí vértigo pero pensé, cuidado, tengo unas cuantas cosas que contar, como resume el título (El tenis desde dentro. Del vestuario a la cabina: un viaje al corazón del tenis). Ha sido un viaje espectacular, luego unas charlas de hora y media con amigos (Rafa Nadal, Gustavo Kuerten, Marat Safin o Álex Corretja) y, en definitiva, explico lo que tanta gente me ha preguntado: ¿a ti qué te pasó?
¿Y qué le pasó? Además de las lesiones, digo, porque en un capítulo las enumera todas y da miedo…
(Ríe) Sí, sí, hasta yo al leérmelo después pensé ‘menudo desastre, si es que da hasta pena’. Lo que más influyó para retirarme tan pronto fueron las lesiones. En realidad, las lesiones son la consecuencia de todo lo demás. A mí me encantaba competir, pero solo cuando realmente me sentía bien. Y eso es un error, una carencia que se debe trabajar desde pequeño. Y en mi caso, con los tiempos que eran, al venirme solo con 14 años a Barcelona no lo trabajé. Mi cabeza no se adaptó, no tuve mayor capacidad para sufrir.
Con 90 kilos, en un deporte en que tienes que ser un maratoniano, yo era un Mike Tyson jugando cinco horas seguidas"
Físico
Luego está el físico. Con 90 kilos y una potencia sobrehumana, en este deporte tienes que ser más un maratoniano que un Mike Tyson. Y yo era un Mike Tyson jugando cinco horas seguidas, imagínese. Él o tumbaba al principio a su rival o perdía, pero el tenis no va así. Y no era por comer hamburguesas, es mi constitución. Así que ya empezábamos mal. Y encima, no existía ni la preparación ni la mentalidad que hay ahora, que todos los chavales se quieren cuidar como Cristiano Ronaldo. Nuestros ejemplos eran unos viva la Virgen. Igual también había un tres por ciento que se cuidaban, que eran como el Marcos Llorente de hoy…
Hablaba de cabeza. A pesar de que entonces no se cuidaba la salud mental, usted lo intentó todo.
¡Y porque en aquella época no conocía a Carlos Jesús! (Ríe) Si llega a estar a mi alcance, también voy a verle. Vuelve a aparecer el tema de las lesiones. Llegó un momento de desesperación en que yo ya no sabía ni a quién acudir.
En el libro, explica que visitó a un curandero de Benidorm que le rezaba a su hombro.
Sí, sí, son cosas que yo mismo decía ‘¿pero qué narices hago aquí?’. Pero la desesperación te lleva desde irte a ver al médico de Agassi hasta visitar al último que te dice que te va a curar si le das 100 euros. Y llega un momento en que tienes que hacértelo mirar.
Ya no sabía a quién acudir. Si llega a estar a mi alcance Carlos Jesús, también voy a verle"
Continuas lesiones
Quizá de joven pecó de solitario…
Mi soledad no fue la del juego, que me sigue encantando, sino de la vida. Yo me enamoré de este deporte, y sigo enamorado, pero luego está la forma de vida del tenista. Y en eso a mí el tenis me desengañó un poco. Seguramente, si me hubiera ido mejor, esa soledad sería diferente, porque con más éxito, más dinero, a lo mejor puedes viajar con más gente a tu lado. Pero cuando a uno no le va bien, no puede hacer según qué cosas, está triste, prefiere estar solo. Para mí, el tenis sería perfecto si el tenista tuviera la vida del futbolista, que de cada 15 días se va uno o dos fuera de casa.
¿Pero hasta qué punto ese séquito que acompaña al tenista ganador no es artificial, una burbuja que en cualquier momento explota?
Sí, por supuesto que eso también existe. Cuando todo va bien, no hay problema, todo el mundo es tu familia. Pero si se tuerce, muchos deben desaparecer para coger a otro al que le vayan mejor las cosas. Entonces también empiezas a verte solo. Ahora es un poco más llevable, con las videollamadas, el whastapp, pero tanto tiempo lejos de la familia igualmente cuesta.
El tenis sería perfecto si el tenista tuviera la vida del futbolista"
Media vida de viajes por el mundo
Su carrera deportiva, casi su vida, está marcada por aquel Masters 1.000 de Hamburgo de 1996, el primero que ganaba un tenista viniendo desde la fase previa. ¿Hasta qué punto le agrada o le fustiga que se lo recuerden a diario?
Me halaga, y fíjese que el triunfo de Valentin Vacherot en Shanghái, viniendo también de la previa, me ha vuelto a poner en todos los lados, se habla de mí. Y luego me preguntan por qué no gané más, pero lo afronto con naturalidad: porque no pude, no supe. En este proceso, me surgió una frase que está al principio del libro y que prácticamente lo define todo: “Cuando dejé el tenis, no solo se acabaron los sueños, también los problemas. Ahí volví a ser feliz”.

¿Se pueden acabar los problemas de un día para otro? No le quiero psicoanalizar, ¿pero al dar de lado a los problemas no se convierten en una mochila que acaba saliendo por otro lado?
Gracias a Dios, no me ha pasado. Creo que he gestionado bien las frustraciones que podría haber generado. Los problemas ya vienen solos, y en mi vida, siempre van a poder más que los sueños y los éxitos. Por eso no quiero problemas. La gente te dice que pases página, pero a veces eso no es suficiente, porque sigues en el mismo libro: hay que cambiar de libro.
Romper con todo.
Es que, igual que me culpo por ser como soy, también me halago por ser como soy, y la capacidad que he tenido de sobrevivir a lo que muchos otros no son capaces, y encontrar la felicidad en momentos, como estar aquí charlando. Eso es lo que me ha llevado a ser quien soy, y a sentirme orgulloso de ello. Cuando me preguntan si me arrepiento de algo de lo que hice, les contesto que no, porque no sería la persona que soy.
Me preguntan por qué no gané más: porque no pude, no supe"
Una carrera truncada
Es que tampoco estamos hablando de un juguete roto: jugó en la elite mundial, ganó un Masters 1.000 haciendo historia, su faceta empresarial fue productiva y lleva 18 años como comentarista en Movistar+.
Completamente de acuerdo. Mi carrera ha sido un 20 por ciento. Y podrías decir, ¡qué infeliz! Pero es que ese 20 por ciento me ha llenado lo suficiente y el otro 80 por ciento me ha enseñado lo suficiente. Así que estamos en un cien por cien que me ha hecho ser como soy e ir evolucionando. Y ser una persona completa, porque mi vida no es mi carrera como tenista.
Es llamativo, en el libro, cuando le cuenta que ha decidido retirarse a Carlos Moyà, y que quien se pone a llorar es él. ¿No minusvalora usted su propia carrera?
Carlos es más bien un tío hecho y derecho, frío, pero lógicamente también tiene su corazoncito y es muy buena persona. Y él vivió muy de cerca todo lo que me iba sucediendo, veía que yo me iba apagando, así que fue al primero al que se lo dije. Mi sorpresa es que, cuando levanté la cabeza porque me saca un palmo, vi que se estaba emocionando, aunque fuese una muerte anunciada, porque yo podía haber sido mucho más en el tenis. Al final tuve que abrazarle yo a él, y no al revés. (Ríe)

Es que su derecha, que decían que era la mejor del mundo, su explosividad, su fuerza evocan, y permítame que se lo diga sin que parezca una osadía, a Carlos Alcaraz.
Lo de la derecha no lo sé, aunque lo decían los demás, porque nunca jugué contra ella. (Ríe) Y lo otro… Yo miro a Alcaraz y me veo a mí en bueno. Por cómo empatiza con la gente, cómo sonríe, en que le gusta dar espectáculo, incluso diría que muchas veces el esfuerzo que hace para llegar a la bola, al estilo Rafa Nadal, ni le hace falta, lo exprime para que los espectadores digamos ¡la madre que me parió! Me encanta Carlos por cómo lo vive, por cómo se ha expuesto, porque es un tío auténtico y lo que es en la pista lo es en la vida.
Miro a Alcaraz y me veo a mí en bueno"
Carlos Alcaraz
Supongo que le entrará la risa cuando escucha decir que es un fiestero.
Claro, pero cómo no me va a dar la risa. Le gusta divertirse, como le gustaba a Rafa Nadal, a Carlos Moyà y como me gustaba a mí y a todo el mundo, lo que pasa es que algo que normalizábamos antes ahora no es viable. ¿Que se va de fiesta? ¡Pues que se vaya, y que se tome tres copas! Pero está claro que luego a eso no le da continuidad, porque su cuerpo lo pagaría, no ganaría tanto, sería imposible. Y yo lo sabría, sin necesidad de haberme ido de fiesta con él.
Aparte de sus paralelismos con Alcaraz, a mí usted me recuerda a Rafa Nadal en cuanto a la convivencia con el dolor.
Sí, es verdad. Lo suyo fue más exagerado, más visible, en los últimos años, pero estuvimos a punto de perder al mejor deportista español de todos los tiempos porque casi deja el tenis a los 18 años, después de aquella Copa Davis (el manacorí sufre el síndrome de Müller-Weiss desde 2004). Carlos (Moyà), que lo entrenó seis o siete años, me decía que era peor que yo: siempre había un problema, era desesperante. Por eso, yo no puedo admirar a nadie más que a Rafa Nadal, porque sé lo que es vivir en el dolor y la agonía constantes. Capacidad para aguantarlo yo también he tenido, pero él casi es como si lo necesitara, para no rendirse nunca, darse oportunidades, competir con los demás y ganar.
No puedo admirar a nadie más que a Nadal, porque sé lo que es vivir en el dolor y la agonía constantes"
Rafa Nadal
¿No cree que Nadal no es un buen ejemplo? Me explico: es un espejo inalcanzable para los demás deportistas, ya no digamos para los niños, que no deberían someterse a tanto dolor.
En ese sentido, sí, creo que es ciertamente erróneo y equívoco. No es un ejemplo para que tú hagas lo mismo porque, si lo intentas, vas a acabar frustrándote, vas a quedar siempre a la altura del betún. Otra cosa es tomarlo como referente para mejorar cosas. Hay ciertos deportistas que están para disfrutarlos, no para compararse con ellos.
¿Alguna vez ha pensado, por lo directo que usted es y los problemas que ya de por sí tuvo, qué hubiera sido de su carrera como tenista de haber existido entonces las redes sociales?
Uff… Si lo sabes llevar bien, igual te divierte. Mira a Aryna Sabalenka, que está ahí a tope. Pero cuando pierda cuatro partidos seguidos le van a dar por todas partes. A lo mejor le puedes sacar partido económico, si tienes dos millones de seguidores y te salen oportunidades comerciales. Pero, en general, y por mucho que los chavales hoy en día ya han crecido con las redes sociales, yo optaría por que me las llevara un familiar o una agencia, no querría saber nada. Suficiente energía gastas como para que al final del día eso te quite más.
En el fondo, usted sigue siendo tenista. ¿O después de 18 años en Movistar+ se siente ya más comentarista?
Tenista. Porque, además, lo único que hago en las retransmisiones es jugar a tenis, intentar entretener a la audiencia, como hacía cuando jugaba, me meto en el papel como si fuera a dar el golpe a la bola.

Soy tenista, lo único que hago en las retransmisiones es jugar a tenis"
Comentarista en Movistar+
¿Y escritor?
No, no (ríe). Soy autor. He redactado mi vida en un libro, y me ha sorprendido cómo ha salido, porque al principio se barajaba que yo se lo contara todo a alguien que lo escribiera, pero decidí tomar las riendas. Pero, en teoría, este será mi primer y mi último libro. Insisto: yo soy tenista. O, como me gusta decir en broma: soy antenista, para siempre.
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