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El precio de no ser Jannik Sinner

El positivo por Clostebol de Stefano Battaglino muestra el modus operandi de un sistema que también marcó a Sinner pero con consecuencias muy distintas.

Jannik Sinner.
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“¿De qué quieres hablar? No tengo nada que comentar. No doy entrevistas, aunque si quieres mándame las preguntas y lo pienso”. Al otro lado del teléfono -desde su estudio de fisioterapia ubicado en Casalecchio di Reno (Bolonia)- responde a Diario AS Giacomo Naldi, exfisioterapeuta de Jannik Sinner. El chivo expiatorio de un asunto que se sostiene en arenas movedizas mientras no deja de sacudir el firmamento tenis.

Juntos trabajaron durante tiempo hasta que estalló el caso Clostebol. De hecho, se cumple ahora un año de la sanción por tres meses del tenista altoatesino, positivo en un control antidopaje efectuado el 10 de marzo de 2024 en Indian Wells (mismo resultado en el contraanálisis días después). Una historia opaca y repleta de asteriscos. Con muchas más luces que sombras.

Un páramo agreste que, desgraciadamente, vuelve a ser noticia por dos motivos. Primero porque Sinner -ahora con Alejandro Resnicoff en sus filas- inicia la puesta a punto para el primer Máster 1000 del circuito ATP; segundo porque -paralelamente- quedan exactamente once meses para que otro tenista italiano -también positivo por el mismo anabolizante con la exposición de idéntica coartada (entró en su cuerpo a través de un masaje sin guantes)- descuente la pena de cuatro años fuera de las pistas: “En mi caso, no volveré a jugar más a tenis a nivel profesional”, confiesa Stefano Battaglino. El dibujo es complejo y está lleno de matices., y aunque lo pueda parecer, en realidad no es un doble rasero ni un agravio comparativo. Es mucho peor que eso.

“El 1 de febrero de 2027 termina mi sanción. Me encuentro bien. Trabajo en la empresa familiar, de mecánica. Aquí seguiré. No volveré al mundo anterior. Sí disputaré algún torneo amateur para divertirme. Nada más. Soy joven aún (nació en 1998), pero el gasto económico y el consumo de energías que supondría… Imposible. El tenis era mi sueño, pero ya no. Durante estos años ni siquiera me pude entrenar en pistas afiliadas a la Federación”, desgrana quien fuera número 760 de la ATP en 2022, cuando dio positivo por este esteroide durante un torneo en Casablanca. A diferencia de Sinner -y descartada la exención por uso terapéutico- la clave ha sido no poder demostrar la involuntariedad del uso aportando la route of ingestion de la crema. Las migas de pan hasta llegar a la matriz. Porque esto no es un maravilloso caso de Sliding doors. Lo ha cargado el diablo. Sin miramientos.

El precio de no ser Jannik Sinner
Mohammed Salem

“A mí no me han dejado ni siquiera jugar a pádel. Imposible competir en nada. Piensa que yo, hace años, jugué con Sinner un par de veces. Estábamos en la misma academia (Piatti Tennis Center) en Bordighera (Liguria). Aunque parezca que fue hace un mundo, en realidad solo ha pasado un lustro. Él, entonces, tenía incluso menos puntos ATP que yo. Otros momentos imborrables, cuando pude entrenarme con Dimitrov o Djokovic. También algún torneo interesante donde obtuve discretos resultados, sí”, evoca.

Su recuerdo está lleno de flores, que sin embargo lentamente se fueron marchitando a raíz del positivo por una cantidad irrisoria en la orina (0,2-0,4 nanogramos por mililitro aproximadamente), la negación del fisio -después- cuando sus abogados recurrieron al TAS y la falta de acuerdo a pactar con ITIA (Agencia Internacional de Integridad del Tenis), quien ofrecía tres años de inhabilitación. “En realidad, es algo que no funciona desde arriba. No tiene que ver con el tenis, sino con las reglas doping en general”, asevera desde la tranquilidad de alguien que ya no tiene nada que perder, mucho menos que ganar.

Veneno en la cúspide

Como dice Stefano Battaglino, “la realidad es oscura”. Además, parece que la situación podría implosionar si la WADA no flexibiliza las reglas para 2027. Todo es obtuso, de momento. “¿Viste lo que dijo hace días la novia de Vinicius? Cada cosa que ella toma, si tiene una pomada prescrita por el ginecólogo… Lo que sea… Bien, pues tiene que informar al fisio del jugador madridista. ¿No te parece surrealista? Es una locura. Deja mi caso a un lado. No soy un mártir. Hay cientos de miles de medicamentos con un pequeño índice dopante, y a su vez demostrable que en mínimo uso no producen beneficios en la actividad deportiva. Se puede entrar en contacto de manera fortuita, involuntaria, con muchos de ellos. Así no puede practicar deporte. Genera ansiedad, estrés… No es vida para nadie”. Parece una pandemia eterna. Una atmósfera apocalíptica.

Es la situación actual. Por eso, el precio de no llamarse Jannik Sinner no supone la negación de privilegios por parte de organismos internacionales. No. Es algo más fino y delicado. No es la gracia extraordinaria de un juez solo por ser quién eres. Lo explicaron perfectamente hace un año Antonio Borello y Guido Gallovich, quienes se ocuparon del caso Battaglino. “Nuestro químico dice que el Clostebol puede entrar en la orina en media hora, y allí permanecer muchos días. Con este medicamento concreto, es imposible doparse y tener efectos benéficos en una actividad deportiva. Además, cambiando de tema, en el circuito que se movía Stefano no había la atención de las mejores galas. No podía pagarse un staff propio. La mayor parte de los fisios trabajan sin guantes, y son los del torneo en sí“.

El precio de no ser Jannik Sinner
KARIM JAAFAR

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Desmenuzado el asunto, hay tantas certezas como interrogantes. El AMA impugnó la sentencia Sinner porque su exención de culpa total no valía. Si la positividad deriva del cuerpo técnico, suya es también la responsabilidad, aunque indirecta en este caso. No es solo una cuestión de abogados de élite, sino de reglas y control en manos de una WADA (Agencia Mundial Antidopaje) que lo monopoliza todo. Cada vez más. Es un intrincado y alambicado sistema de política y poder, donde los deportistas son héroes o villanos. También hay lugar para cabezas de turco, como Naldi. “Perdone, estoy todo el día trabajando. Sí, recibí sus preguntas, pero no insista. No tengo tiempo”. Quizás no sea el caso, pero -como sucede en las patologías graves- tener dinero no evita la muerte, pero podría llegar a ralentizarla. O no.

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