OPEN DE AUSTRALIA

Djokovic sobrevive, pero está tocado y le espera Zverev

Djokovic pudo con Raonic, con quien tiene ahora un balance favorable de 12-0, y logró su victoria 300 en Grand Slams. Zverev ganó a Lajovic y será su rival en cuartos.

Novak Djokovic contra Milos Raonic.
Darrian Traynor Getty Images

Por calidad y pundonor de gran estrella, Novak Djokovic se metió este domingo en cuartos del Open de Australia, pese a estar visiblemente mermado por esas molestias en la zona abdominal que a punto estuvieron de costarle su anterior partido ante Taylor Fritz, que solventó en cinco sufridos sets. También colaboró un Milos Raonic romo y sin alma, que no fue capaz de hacer daño ni con su potente servicio (26 aces) a un rival tocado y convirtió el partido, por su carencia total de sentido del ritmo, en un espectáculo soporífero. Entre quejidos por el dolor, que se reflejaba en su rostro al golpear la bola, Djokovic clavó una faena de aliño muy meritoria, con 40 golpes ganadores, que le llevó a ganar por 7-6 (4), 4-6, 6-1 y 6-4 en dos horas y 56 minutos para darse una nueva oportunidad de mejorar de su dolencia.

Pero al balcánico le espera el martes un miura, que además parece bastante centrado y ya sabe lo que es llegar a las semifinales en Melbourne (lo hizo el año pasado) y ganarle dos veces, Alexander Zverev. El alemán no se enredó, pese a un mal inicio ante el serbio Dusan Lajovic, al que superó por un claro 6-4, 7-6 (5) y 6-3 en 2h:21. Nole alcanza la quinta ronda en el torneo por 12ª ocasión y se convierte en el segundo jugador que llega a las 300 victorias en Grand Slams, después de Roger Federer (362). "No pudo preparar el partido, cada hora la tuve que dedicar a recuperarme con mi fisio y mi equipo para poder competir. Iré día a día, pero más que entrenarme, necesitó recuperación. En el calentamiento tenía que decidir si jugar o no, y fue bien", dijo al entrevistador de la Rod Laver. "Sascha y yo bromeamos el sábado sobre el hecho de que tenemos la misma lesión pero en lados opuestos", reveló antes de sentenciar que será "una gran batalla en la que ganará el mejor". 

El primer set lo sacó adelante Djokovic por oficio y precisión. Metió un 76% de primeros saques, con los que ganó un 79% de los puntos (78% con segundos). Unos números con los que no concedió ni una opción de break a Raonic. El gigante nacido en Podgorica tuvo que levantar dos en contra en sendos juegos y aguantó hasta un desempate en el que faltó ambición. No fue capaz de inquietar al balcánico, que se adelantó sin hacer nada del otro mundo más allá de no fallar mucho (7 errores no forzados).

El planteamiento de Nole se resquebrajó en el segundo parcial cuando en un mal turno de saque, su rival le sorprendió (no lo haría más) después de haber sido atendido para que le colocaran un vendaje en el tobillo derecho. El remiendo le funcionó y luego, a fuerza de cañonazos, con más agresividad y cuidando la bola en los intercambios, conservó la ventaja para igualar el encuentro con el cuarto set que le ganaba Raonic al de Belgrado en 12 enfrentamientos.

Otras opciones

Nole necesitaba un plan B, presionar al resto y evitar en lo posible la derecha de la pista, donde más le costaba golpear. El revés le dio vida para dirigir el choque y por fin rompió el servicio de su pertinaz oponente, que lanzó un drive bastante franco fuera de la pista. Después ya era cuestión de sacar adelante sus servicios y no hacer mucho gasto en los de Raonic, que por momentos rozó el ridículo ante un contrario claramente tocado. Por puro talento de restador Djokovic sumó otro break y aceleró el final de un set en el que cometió apenas cuatro fallos. Luego mantuvo la buena inercia, siguió con la amenaza muy viva y remató con una nueva rotura para el 5-4 en la cuarta manga. Ya no hubo vuelta atrás.

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