"No me siento especial, pero sí un poco diferente"
Feliciano López (Toledo, 30 años) ha vuelto a su mejor ránking de siempre (20º, que databa de 2005 aunque esta semana haya bajado al 21º). Fue fundamental en la Copa Davis en Austin. Hoy debuta en Valencia contra Alex Bogomolov.


Ha igualado su mejor ránking, al nivel de 2005. Eso dice mucho de su temporada...
Sí. No puedo decir más que estoy contento. Sigo sin lesionarme, que a la edad que tengo (30) es importante. Tal y como está el nivel ahora mismo, encontrarme donde estoy es para disfrutarlo; soy consciente.
¿Disfruta más ahora?
¡Mucho más! El tenista, cuando es joven, no se da cuenta de la suerte que tiene en la vida. Cuando te haces mayor aprendes a valorar más lo que has conseguido y a disfrutar. A veces los jugadores tenemos luchas internas absurdas durante nuestra carrera. Pensamos demasiado, miramos más allá y hay que vivir más el momento.
Su estilo, el ya poco habitual de saque y red, ayuda también a calar en el público. ¿No?
Sobreviven pocos jugadores con mi tenis clásico dentro de lo que es hoy en día, de fondo y fuerza. Los de talento, que suban a la red, no quedan tantos. No me siento especial, pero sí un poco diferente.
Lo que se nota es una conexión muy fuerte con su técnico, Alberto Berasategui. Se entienden con la mirada
Alberto es para mí como un padre, la persona que más me ayudó cuando salí de la Federación con 17 años. Él tiene cuatro hijos, negocios fuera y llevaba muchos años alejado del tenis. Cuando este año decidí que ya no iba a viajar más con Pato (Clavet) nunca pensé que aceptaría. Pero se le planteó un reto nuevo y suyo es parte del éxito.
En Valencia se apuntó al dobles con Verdasco (perdieron el lunes en primera ronda). ¿También lo harán en París de cara a la final de Copa Davis?
Sí. En Córdoba (6-1, 6-2, 6-0) nos vimos superados por la situación. Llodra y Tsonga estuvieron a un nivel increíble y nosotros no habíamos entrenado suficientemente el dobles para al menos plantar cara ese día. Con más torneos juntos quizá hubiéramos reaccionado de manera más positiva. Por eso hemos decidido jugarlo todo ahora, para ser más competitivos.
Hizo pupa
Te duele, porque a nadie le gusta perder así en Davis. Pero no queda otra que aprender.
En el 2004, en la anterior final en Sevilla, usted y Verdasco acudieron de 'sparrings'. ¿Qué recuerdo le queda?
¡Uffff! Ese año yo y Nadal, que debutaba, ganamos los puntos cuarto y quinto en primera ronda en la República Checa. Comenzó y acabó bonito. Además soy un enamorado de Sevilla, de la ciudad y de su gente. El Sur tiene mucho arte y cuando juega España se vuelcan. Me emocioné mucho por Carlos Moyá, cuando le vi llorar, porque era el día que siempre tuvo en su cabeza.
En Mar del Plata, España ganó como equipo y a Argentina le perdieron sus egos, sus individualidades. ¿Tiene la impresión de que están más unidos?
La Davis no la gana un jugador, ni dos. Es un deporte de equipo y son conscientes de que el buen rollo les hará mejores. Eso es clave en España. Ellos van a llegar unidos, porque Mar del Plata fue muy duro: caer en casa, sin Nadal enfrente
Y el año próximo va a ser complicado para la Copa Davis. Hay Juegos Olímpicos.
Difícil. Sinceramente, tal y como está el tenis ahora, hacemos un gran esfuerzo para disputarla. No le digo ya Nadal Los Juegos, en mi caso, son una oportunidad única con 31 años y sobre hierba. Quizá nunca más ocurra. Me haría mucha ilusión ir. La Davis no es que deje de ser una prioridad, pero este año hemos llegado a la final, hace dos años la ganamos
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¿Entonces?
Hay gente con un talento increíble para ir formando equipo en el futuro. Cuando acabemos en Sevilla se hablarán estas cosas con Costa o con el futuro capitán (acaba contrato) y se verá con quién se puede contar.