Tenis | US Open

El US Open se ahogó otro año por la lluvia

Por cuarto año seguido, la final fue en lunes y la Ashe no se techará

Jesús Mínguez
Nació en Guadalajara en 1973. Licenciado en Periodismo por la Complutense. En AS desde el año 2000, es redactor jefe de Más Deporte. Ha cubierto cinco Juegos Olímpicos y unos Paralímpicos, Grand Slams de tenis, Davis, Laureus, candidaturas olímpicas, política, dopaje o grandes combates de boxeo. Le gusta escribir de deporte y también practicarlo.
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John McEnroe, el chico malo del tenis estadounidense, ya advirtió en 1997 que era un sinsentido construir una pista nueva en el National Tennis Center sin cubierta. La Arthur Ashe, el coliseo más grande del tenis (casi 24.000 espectadores) que costó 200 millones de euros, acogió ayer, desde que fue levantada, su quinta final en lunes y cuarta consecutiva (1987, 2008, 2009, 2010 y 2011). Desde 1935, cuando comenzó el torneo con hombres y mujeres, son 16 las ocasiones en las que el torneo se adentró en una tercera semana.

"Se debe plantear ya la necesidad de techar la pista", advierte Djokovic, el número uno. Nadal, que fue llamado a salir a la pista en octavos cuando chispeaba y sólo pudo disputar 15 minutos con peligro de lesionarse, encabezó la rebelión y, por su presión, la final se trasladó al lunes para no tener que disputar cuatro partidos seguidos.

Las pistas, además, no se cubren porque las lonas dejan marcas sobre el cemento. Así que cada vez que caen gotas, se pierde media hora en secarlas. La Louis Armstrong, segunda en importancia, quedó inutilizada y Ferrer y Roddick disputaron los octavos en la Pista 13, sin Ojo de Halcón. Un caos.

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El National Tennis Center es propiedad de la USTA (Federación Estadounidense de Tenis), que del US Open saca 217 millones de dólares, el 80% de sus ingresos. De ahí, dos tercios vienen de la televisión (CBS, ESPN y Tennis Channel además de 180 cadenas en todo el mundo) y el resto de patrocinios (16 firmas), merchandising y entradas (más de 700.000 espectadores). Techar la Armstrong costaría unos 150 millones, y la USTA no está por la labor. Sólo contempla una remodelación de la Louis Armstrong, "pero eso crea un problema para recolocar a la gente de los palcos", explica su portavoz Chris Widmaier. La central dispone de 90 habitáculos VIP que se venden por 250.000 dólares las dos semanas: 22,5 millones.

Y el tenis USA no quiere detraer dinero de formación para levantar una cubierta. En sus 19 centros de alto rendimiento regionales no hay mucho brote verde: entre los 50 mejores jugadores de ATP y WTA hay sólo cuatro hombres y tres mujeres, ninguno menor de 25 años. Mientras el US Open se ahoga por la lluvia, Wimbledon y Australia tienen estadios cubiertos y Roland Garros lo inaugurará en el 2016. El Masters de Madrid dispone de tres. El futuro pasa por ahí y, en Queens, el coliseo de la Ashe es cada año una piscina.

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