Melbourne: calor y bolas que se abren
David Ferrer batió por 6-0, 6-1 y 7-5 al estadounidense Russell y entró en dieciseisavos, como García López, que ganó a Schwank por 6-4, 7-6 y 6-1. En el cuadro femenino se despidieron las últimas españolas: Carla Suárez (perdió con Clijsters, 6-1, 6-3), María José Martínez (7-5 y 6-1 ante Cornet) y Lourdes Domínguez.
Tras su hazaña ante Hewitt, Nalbandián no aguantó físicamente y se retiró ante Berankis. Nalbandián ya perdía por un tanteo desolador: 6-1, 6-0, 2-0.
Esta última madrugada han ido jugando Verdasco (ante Nishikori), Almagro (Ljubicic) y Robredo (Stakhovsky).
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Llegó el calor al Rod Laver Arena. Sin ser un horno (26 grados, 45% de humedad relativa), el escenario fue recombinándose con características que gustan más o menos a Nadal. Con el calor, su bola pesada y superliftada se alza y ataca mucho más. "Pero ya he sudado bastante más y, en el momento en que hace algo más de ese calor, las bolas se hinchan y se abren", observa Nadal, con un punto de preocupación cimentado en las cataratas de sudor que le chorreaban en Doha.
Allí, en Qatar, Nadal literalmente se derretía ("estaba frito, tendría que haberme retirado") y esos episodios aún están grabados en la mente del número uno. Con sudor, con bolas que giran antes de abrirse. Nadal tendrá que negociar con ese calor, con Tomic y con 15.000 gargantas en apoyo del joven australiano de Stuttgart.