Nadal se pone a cubierto
El servicio de Isner se estrella ante Rafa, que en cuartos ve a Monfils


Lo penúltimo que podría pensar Rafael Nadal Parera era que, en pleno mayo florido madrileño, iba a tener que enfrentarse a John Isner, terrorífico sacador americano... en una pista cubierta.
Pero en la Caja Mágica, barrio de San Fermín, el 13 de mayo de 2010 se desplegó entre ventisca, lluvia y granizo. Ocho o nueve grados centígrados. Era Madrid, como podía ser San Petersburgo: o Hamburgo. La Caja Mágica corrió el techo sobre las tres pistas centrales. Allí, Nadal se puso a cubierto. Venían a tierra las bombas de Isner (2,06) y tocaba cavar trincheras, como los moros de Yagüe en el Cerro Garabitas.
Cuando un sacador tan agresivo como Isner se enfrenta a un superviviente de élite como es Nadal, el problema no es el que la gente se pregunta: ¿cuánto puede aguantar el resistente bajo el cañoneo del gigante? Es a la inversa: Isner no puede equivocarse jamás con su servicio... porque raramente va a tener una opción ante el saque de Nadal, tenaz individuo que, por otra parte, sería capaz de devolver los balonazos de Isner hasta dentro de una tanqueta incendiada o un nevero ártico.
Noticias relacionadas
Ese fue el partido: la torreta de Isner, que vino de Belgrado tras viaje dantesco de 14 horas, rastreaba al tipo atrincherado en la Caja Mágica, más nevera glacial que tanqueta ardiente. Isner tiraba con todo; pero no tuvo bola de break: sólo restó el 16% de saques de Rafa. Pero cuando el superviviente Nadal emergió de la nevera... fue para cegar el cañón de Isner en la primera bola de break del primer set. Era 5-5. Fue 6-5. Sacó Nadal: 7-5, set.
En el tercer juego de la segunda manga, Nadal hizo estallar otra mina bajo los pies plantígrados de Isner, a quien se le puso cara de definitiva desesperación. No hubo mucho más. Hoy, en cuartos (15:30 horas), Rafa debería dejar la trinchera y atacar a Monfils. Misión: sobrevivir.