Un set para Verdasco y partido para Federer
El madrileño estuvo a sólo dos juegos de la victoria

Confianza, estabilidad y saber reconocer las debilidades de Federer (que las tiene): en esa receta del entrenador australiano Darren Cahill a su pupilo Fernando Verdasco iba incluido el plan de asalto contra el castillo del rey relojero, Roger Rolex Federer.
Y, durante 20 juegos exactos, 6-4 en el primer set y 5-5 en el segundo, Verdasco se atuvo al mapa de carretera diseñado por Cahill. Operaba con confianza, estabilidad y destreza para reconocer la suprema dejadez, la escasa movilidad y el pinturero revés de Federer, que cometió nueve errores no forzados en los cuatro primeros juegos del partido: en los inicios de torneos, Roger siempre da la impresión de llegar sin los deberes preparados.
Pero, con 5-5 en la segunda manga, Federer superó un 0-30 sobre su servicio y llegó al 6-5. Ahí acabó Verdasco, que no resistió la presión del siguiente juego, jugó dos bolas fuera de disciplina... y se puso en manos de Roger, que ya estaba enfadado. La primera bola de break de Federer en toda la noche valió el set y, de hecho, el partido. Verdasco empezó a mirar a la tercera manga como si se tratara de atacar un ochomil del Himayala... sin oxígeno. Verdasco es fuerte, explosivo y rompedor, pero subir al Himalaya, como que no es para él.
Equilibrio.
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Con el segundo set, Federer recuperó tranquilidad, registros y equilibrio. El eje del Rolex se había ajustado; su simétrico tic-tac contrastaba más y más con el creciente descontrol de Verdasco, que sólo iba a anotarse un juego en la manga definitiva.
Ese tercer set fue un paseo de Federer, que mezcló la velocidad de ejecución con esa suprema dejadez que le sube a sublimes cimas de finura... según qué rivales tenga enfrente. Sin más borrones, Roger cerró el partido con un ace. Mañana le aguarda Murray. Finura y facilidad ciclotímica. Se verá.
