Nadal, ante su bestia sueca de Roland Garros
Nadal debuta hoy (15:15 h., La2) en el Masters de Londres frente al sueco Soderling, el hombre que acabó con su racha triunfal en la tierra de Roland Garros. Federer derrotó ayer a Verdasco en tres sets, pero todavía no tiene amarrado el número uno.

Sobre la pista turquesa del O2 Arena habrá hoy mucha sangre roja, mala sangre de una rivalidad envenenada: Rafa Nadal debuta en el Masters mirándose cara a cara con Robin Soderling, el tremendo pegador sueco, el único ser humano capaz de expulsar a Nadal de su paraíso de Roland Garros.
Nadal y Soderling se enfrentan por primera vez desde aquel día de infamia para Nadal, el 31 de mayo pasado: la capitulación en cuatro sets del rey de Roland Garros. Pero la rivalidad Rafa-Robin no empezó ese día: "Probablemente, yo tendría que criticar muchas de las cosas que hace Nadal, pero no lo haré ante la prensa, me lo guardaré para mí", dijo Soderling el 4 de julio de 2007, en Wimbledon, al final de una batalla de cuatro días que se saldó con triunfo de Nadal, quien acusaba a Soderling: "Le dices hola y no responde, te da la mano como si no quisiera hacerlo, ni siquiera te pregunta cómo te sientes cuando caes y no se habla con casi nadie en el vestuario". Nadal no lo dijo, pero a Soderling le llaman Mad Dog: Perro Loco.
Pegada.
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Palabras y mala sangre a un lado, Robin Soderling ofrece cosas en su raqueta que le convierten en un plato duro de digerir, como erizo repleto de púas: una pegada brutal con derecha y revés (a dos manos) que nace en la buena movilidad de sus palancas, con 1,93 de altura. El largo swing o recorrido del golpe conforma una derecha durísima, que despide la bola como si fuera una coz de mula. O un mortero. El saque, por el estilo.
Por alguna razón, además, la curiosa persona de Nadal no es plato de agrado para la rarita persona que es Soderling. Robin se disgusta y motiva con Rafa. Pero Rafa está disgustadísimo (y motivadísimo) con Soderling. Lo que pasaba con Ali y con Frazier, con el mismo Ali y Sonny Liston. O con Carl Lewis y Ben Johnson: rivalidad deportiva y desagrado personal. Todo eso hará hoy de la delicada pista londinense del O2 Arena algo parecido a un ring, como los que se montaban en Wembley o en el Royal Albert Hall. Segundos fuera.
