La mente de Nadal chocó con la roca de Davydenko
Rafa desperdició una bola de set en la primera manga


A veces, la mente, llena de recovecos que registran cada gramo del dolor sufrido, puede más que la voluntad. Eso pareció ocurrirle ayer a Rafa Nadal, en la final del Masters 1.000 de Shanghai que perdió con Nikolay Davydenko en dos mangas, 7-6 (7/3) y 6-3.
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Dice su tío Toni, que espera ya a su sobrino en Mallorca presto a afinar la máquina, que "para competir al máximo nivel hay que tener la mente totalmente despejada". La traducción es que el número dos del mundo, que disputaba otra final tras cinco meses lastrado por una lesión de rodilla y otra abdominal, no ha recuperado ese punto intangible que le hacía indestructible a ojos de los demás. Esa confianza infernal que derretía a sus rivales. Ese poder mental que le hacía invencible. Por ejemplo, Rafa tuvo punto de set en el primer parcial, con 5-4 a favor y sirviendo el ruso, y lo derrochó con un globo blando que fue rápidamente neutralizado. Señal de falta de confianza para conectar el passing.
El ruso sin carisma, al que sólo anima su mujer Irina besando compulsivamente una medalla y que hoy aparecerá número 7 del mundo con el Masters de Londres más cerca, tiene a estas alturas del año esa cara afilada que lucen los ciclistas en punto de forma. Su tenis es machacón y profundo. Y frente a él chocó Rafa, que podía haberse anotado su cuarto Masters 1.000 del año. Desde que retornó tras Roland Garros, no ha ganado aún a un top-ten (dos veces le venció Del Potro, una Djokovic y ayer Davydenko). Ellos son su frontera mental.