Ferrero sale a hombros en su regreso a la Davis
Costa apostó por él y llevó a España a semifinales contra Israel


Juan Carlos Ferrero, con 29 años y desaparecido de la Copa Davis desde septiembre de 2005, cuando también dio a España el punto decisivo que le salvaba de bajar del Grupo Mundial, emergió ayer en Puerto Banús para poner a España en semifinales. "Benditos los malditos", dice un verso de Sabina. Benditos malditos como Ferrero, que ganó Roland Garros en 2003 y ascendió a los cielos del número uno gracias a una derecha explosiva envuelta en terciopelo que ayer rescató ante Andreas Beck. Con ella, desbrozó un empate a dos que había conseguido Philipp Kohlschreiber en un partido tremendo, decidido por 8-6 en el quinto set, frente a un corajudo pero cansado Verdasco. El líder de España ha pasado este fin de semana 7 horas y 23 minutos en pista. No hay nada que reprocharle.
Con 2-2 en la eliminatoria de cuartos, Albert Costa resolvió el entuerto con acierto. No puso a Tommy Robredo, sin nervio el viernes contra Kohlschreiber, y rescató a Ferrero para el punto decisivo. "Tenía confianza y da mucho nivel en estos partidos", explicó el capitán. Juanqui acabó saliendo a hombros de la Plaza de Toros de Andalucía La Nueva, en Puerto Banús. Premio justo.
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La posibilidad de llegar a la semifinal con Israel se había complicado sobremanera tras el golpe de efecto de Philipp Kohlschreiber, un jugador con ranking engañoso (29º del mundo) y con esa capacidad mental que tiene un tenista-Davis para crecerse ante gradas encendidas. Colocó reveses como trincherazos en los terrenos del noveno del ranking y se aupó al 2-0. "El primer set fue muy duro y me perjudicó", analizó Verdasco. Pero no se arrugó. Rebuscó en el fondo de su cuerpo de superatleta para empatar el choque (2-2) e irse a un quinto set que nunca había disputado en individuales de Copa Davis. Kohlschreiber le rompió en el octavo juego (3-5), el madrileño se lo devolvió (4-5) y luego todo se jugó en el filo, oscilando del lado del alemán, más fresco. "Di más del 100%, más de lo que daría en cualquier torneo. Psicológicamente no me pesó ser el líder, pero al final del quinto set mis piernas no tenían soltura", se sinceró Verdasco.
Entonces, llegó la hora de apostar por Ferrero, el héroe del Sant Jordi en 2000, ganador también en 2004. Un hombre que había caído hasta el 115 del ranking en abril y al que el título en Casablanca (casi seis años de sequía) y los cuartos en Wimbledon, por los que fue rescatado por Costa tras la lesión de Ferrer, han devuelto la alegría de jugar. No le tembló el pulso, no ofreció casi resquicios. Machacó en tres sets a un Beck que había obligado a Verdasco a jugar cinco mangas. Otro servicio de Ferrero, de lujo, a España.