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Nadal nunca se rinde

Tenis | MM Madrid Open

Nadal nunca se rinde

Nadal nunca se rinde

Levantó tres match-point a Djokovic en el choque más largo a 3 sets

El reloj marcaba cuatro horas y dos minutos de partido cuando la lucha terminó. Con un coloso tirado en el suelo. Señal de victoria grande, épica. Mientras, otro gigante rumiaba los tres puntos de partido que acababa de perder en un tie-break infartante. Tres oportunidades para acabar una racha de 32 victorias consecutivas sobre tierra. Para meter miedo al rey a las puertas de Roland Garros. Pero este rey nunca se rinde. Nunca da su brazo a torcer aunque las piernas le pidan parar.

Ese rey, que ayer fue elevado a los cielos por Madrid en un ambiente más propio de Copa Davis, es Rafa Nadal. El gigante, Novak Djokovic, que vio cómo le remontaban un set y perdía dos muertes súbitas: 3-6, 7-6 (7/5) y 7-6 (11/9) en el partido más largo de la historia a tres sets desde la era Open (1968). "¿Qué hice mal?", se preguntaba el serbio, con cara de boxeador noqueado, por los pasillos de la Caja Mágica, al borde del llanto. No hizo nada mal. Simplemente, pasó una cosa: que Nadal nunca se rinde. "Es frustrante cuando juegas tan bien y no puedes ganar el partido", claudicó. Uno más que se estrella en el muro del número uno, que ya lleva un 9-0 sobre Djokovic en tierra.

Y eso que la semifinal comenzó torcida. Con el doctor Cotorro, en el palco al lado de tío Toni. "Había tenido molestias en el calentamiento. Sufría una pequeña inflamación en el cuádriceps". No encontraba el ritmo. El serbio le arrebataba el servicio ya en el segundo juego, paciente, concentrado hasta el 6-3. Su tío no paraba. Siempre callado, ayer gritaba en algunos momentos: "Le decía que moviera las piernas, que no parara. Había comenzado parado por los problemas físicos y era cuestión de suerte, de aprovechar la oportunidad".

Todo pintó mal cuando Michal Novotny, el fisio, tenía que vendar a Nadal antes del cuarto juego de la tercera manga. Pero ahí comenzó la reconquista. Con 6-5, Rafa tuvo la primera bola de break a favor. Pudo ganarla, pero Djokovic, muy justa, la cantó mal. Se fue al tie-break y el número cuatro claudicó aplaudiendo al número uno, mas no entregándose. El tercer set se jugó de poder a poder, con rallies inmensos y con el serbio tocado en una pierna tras perseguir al límite una bola. Muerte súbita. Dos bolas de partido para Nole. Una para Rafa. Otra para Djokovic. Y la última, la definitiva, para ese rey que nunca se rinde.