Faena de aliño de Nadal en una Caja entregada
Melzer no fue rival y hoy le espera el alemán Kohlschreiber


El Todo Madrid se divide estos días entre la Plaza de Las Ventas y la Caja Mágica. Entre San Isidro y San Nadal. Algunos hacen doblete. Ayer tocaba primer paseíllo del número uno del orbe tenístico en el nuevo albero de la Caja Mágica. Y el guión se cumplió. Aparecieron las caras conocidas, la Pista Manolo Santana casi se llenó con más de 11.000 espectadores y todo se desarrolló según el plan: debut plácido en el Masters 1.000 del deseado, que defiende 450 puntos de semifinales. Hubo incluso un desmayo de una modelo-recogepelotas. ¿Será la energía de Nadal?
Jurgen Melzer sabía que quedarse en el fondo era suicidarse, como ya avisó. Y en los primeros escarceos, hasta la primera rotura que llegó en el séptimo juego (4-3), se aprovechó de los desajustes iniciales del español para intentar lo imposible. Subió a la red (35 veces por siete de Rafa en todo el partido), intentó cerrar huecos, meter presión. Inútil.
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Era cuestión de ir encontrando el golpe. El número uno, quisquilloso en cuanto a preparar los partidos, probó cordajes esta semana y decidió poner medio kilo más de tensión a los 25 habituales. La razón: lograr que la bola saliera menos despedida, ganar en control para contrarrestar esos 655 metros de Madrid que tan poco le gustan. El resultado fueron sólo tres errores no forzados en todo el partido, una efectividad absoluta en las oportunidades de break (4/4) y ni una sola opción para el austríaco. Todo, para deslizarse hasta el 6-3 y 6-1 final en poco más de una hora. Una faena de aliño con la afición entregada.
Hoy llega una ganadería más seria, la de Philipp Kohlschreiber (20:00, La2). El alemán, 35º del mundo, pasó la dura prueba del croata Marin Cilic por 6-1, 6-7 (5/7) y 7-6 (7/2), pero no ha superado segundas rondas en la campaña de tierra y Nadal le gana 4-0. "Tiene golpes muy secos, especialmente de revés", analiza el maestro, a quien nadie le tose en el mano a mano.