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Nadal-Federer, los jefes combaten en Australia

Regresa la gran rivalidad que ya hipnotiza al tenis mundial en la primera década del Siglo XXI: Nadal y Federer chocan por primera vez en la final del Open australiano, en Melbourne (09:30, Cuatro). Los dos mejores jugadores del mundo no se cruzaban desde la final de Wimbledon08.

Nadal luchará hoy contra Federer por hacerse con el torneo australiano
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

Ya es una rivalidad histórica. No ha habido pareja de jugadores que se crucen en siete finales de Grand Slam. Se magnifican los duelos Borg-McEnroe... y sólo fueron cuatro finales entre Wimbledon y US Open, en 1980 y 81. Sampras y Agassi necesitaron casi una generación, de 1990 a 2002, para verse en cinco finales de Slam. Nadal y Federer componen, mano a mano, el cartel de las seis últimas finales de Roland Garros y Wimbledon, desde 2006 hasta hoy.

Hoy, en el Laver Arena de Melbourne, los jefes del tenis mundial combaten en su primera final del Open australiano, séptima en Grand Slam. Balance hasta hoy, 4-2 para Nadal.

Número uno.

Estas rivalidades generan profunda amistad (Evert-Navratilova)... o un profundo odio (Frazier-Ali). Será curiosa la evolución de la relación entre Nadal y Federer, dos buenos tipos, si el Destino y las raquetas se empeñan en seguirles cruzando en la cima.

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Entre Nadal y Federer, no se sabe si los objetivos deportivos van antes o después de la motivación personal. La rivalidad es de acero. Por primera vez en estas finales, Nadal es el número uno, y no Federer. Si Rafa gana, aumentará en 800 puntos ATP su distancia sobre Federer. Distancia que se rebajará en la misma puntuación si vence Roger: el triunfo le valdría el empate con Sampras a 14 títulos de Slam. Oro puro.

Ojo al saque de Federer, con 74 aces en el Open, por 38 de Nadal: que puede estar cansado, claro, después de lo de Verdasco. Pero Rafa parece cada vez más un implacable guerrero sioux. Y, por días, Federer recuerda al civilizado General Custer. Quizá, Roger toque la gloria. Pero no será sin una terrible batalla: eso sí es seguro.

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