"No me cabe duda de que Rafa va a ganar en Australia"
Andrés Gimeno está en Melbourne, para el homenaje a Rod Laver, que hace 40 años ganó los cuatro grandes. El de Australia, frente al español.


Será el cuarto español, tras Manuel Alonso, Manolo Santana y Arantxa Sánchez Vicario, en el Salón de la Fama del tenis, en julio...
Es un gran honor para mí, como también haber sido nombrado por la FCT embajador del tenis catalán. En ambos casos agradezco ser el elegido. Ha sido una grata sorpresa.
¿Es un cargo honorífico ser embajador del tenis catalán?
No lo hubiese aceptado de haber sido meramente testimonial. Me ilusiona poder seguir de cerca a los futuros campeones.
¿Cómo se consigue encontrarlos?
Un técnico debe saber oler los futuros talentos. Mi padre, Esteve Gimeno, que lo era del RCT Barcelona, me enseñó a distinguir, después de sentir millones, entre un golpe ganador y uno perfecto. Nunca olvidaré que, en una ocasión, se paró de pronto y me dijo: "Escucha ese golpe; suena a talento, a instinto de campeón". Ese golpe lo estaba dando una niña que tenía once años... y que se llamaba Arantxa Sánchez Vicario.
¿En qué ha cambiado el tenis si comparamos el de su época al de la actual?
La técnica, no demasiado: sigue habiendo siete golpes. Tampoco la táctica. El cambio principal ha sido en lo físico. A todo un número uno como Rafa Nadal lo que le preocupa de verdad es lesionarse. Ahora está bien y, por eso, no me cabe la menor duda de que va a ganar aquí.
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Sigue siendo el vencedor más veterano de Roland Garros (en 1972, con 34 años y 10 meses).
Fue el partido de mi vida, ganar aquella final a Patrick Proisy. Pero la clave había sido batir en semis al ruso Metrevelli, en cinco sets. Otro título que no olvido es el de Campeón del Mundo 1966, en Barcelona. En semis vencí a Ken Rosewall y, luego, a Rod Laver. Será emotivo homenajearle, junto a John Newcombe y Toni Roche... ¡aunque, en 1969, Rod me impidió ser campeón aquí!