2008, el gran año del deporte español | El tenis triunfo en todos los frentes

Fue la tercera Copa Davis y fue un plato de sabor inolvidable

Feliciano y Verdasco, matadores.

Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

El diez de noviembre, en Barcelona, Rafa Nadal oficializaba su renuncia a la final de la Copa Davis por una peligrosa tendinitis traumática. A esas alturas, Argentina ya instalaba en el Pabellón Islas Malvinas de Mar del Plata una pista cubierta con la superficie que más daño podía hacerle a Nadal, la ultrarrápida de grado cinco Composport Cushion: de fabricante español. Encima...

Consumada la baja de Nadal, Argentina, que había elegido sede entre polémicas internas, intentó ralentizar la pista: demasiado tarde. A esa pista rapidísima iban a llegar los mejores sacadores españoles, Feliciano López y Fernando Verdasco. Y Del Potro ya tenía problemas en la Masters Cup con un pie en mal estado...

Emilio Sánchez Vicario empezó con Ferrer y Feliciano López. Quizá en el mejor partido de su vida, Feliciano impuso el 1-1 ante Del Potro, cuando Ferrer ya había caído ante Nalbandián. Casi mejor, Del Potro se rompió y avivó la hoguera interna del equipo argentino.

En dobles, los dos sacadores zurdos, Feliciano y Verdasco, apoyándose mutuamente, firmaron el vital 2-1 ante Nalbandián y Calleri, ocasional pareja argentina. Y en la última jornada, Verdasco sobrevivió en cinco sets a la durísima prueba de nervios que le plantearon Acasuso y un público que animaba a la desesperada. La tercera Copa Davis de España fue un plato de sabor inolvidable. Para todos.

Los héroes

Feliciano López. La hora de la verdad. Dos veces cuartofi nalista en Wimbledon, el Torpedo de Toledo supo crecerse en la hora de la verdad: cobró un punto decisivo donde reventó a del Potro (1-1), y aupó a Verdasco hacia otro punto vital, el dobles, que valió el 2-1.

Fernando Verdasco. Sentencia y felicidad. Vivió un inolvidable tramo fi nal de temporada. Navegó victoriosamente junto a Feliciano en el tormentoso punto de dobles y sentenció la Davis en el dramático cuarto punto ante Acasuso. Había más felicidad aún: Ana Ivanovic.

David Ferrer. Honestidad y coraje. Su corajudo triunfo ante Roddick en la semifi - nal de Las Ventas valió medio pasaporte para la fi nal. Llegó fuera de forma a Argentina, cayó ante Nalbandián y al fi n aceptó con honestidad el relevo por Verdasco en el cuarto punto.

Emilio S. Vicario. Equipo y estrategia. Sin una decisión errónea. Mantuvo cohesión y esperanzas en Argentina, cuando la baja de Nadal asomaba como una condena. Perfume de buen técnico y huella de gran capitán. Deja un soberbio equipo en manos de Albert Costa.

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